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Novela

Alejandro Zambra: Bonsái

domingo 25 de septiembre de 2022, 19:15h
Alejandro Zambra: Bonsái

Epílogo de Leila Guerriero. Anagrama. Barcelona, 2022. 95 páginas. 12,90 €. Libro electrónico: 7,99 €.

Por Aránzazu Miró

Tengo en las manos una nueva edición de la primera novela del chileno Alejandro Zambra (Santiago, 1975), a quien no dudo en calificar de consagrado. Anuncia la página de créditos que se trata de la decimocuarta edición; ambages editoriales para numerar como ediciones lo que en realidad son reimpresiones, en las que ciertamente se han producido algunas variaciones, mas no las necesarias para esta consideración. Todo ello sin desdeñar -por supuesto- la cantidad de veces (trece hasta esta) en que ha salido a distribución un nuevo cargamento de libros que se ha vendido -y leído- como para requerir leña nueva. Significativos han sido –incluso- los cambios de ilustración de portada, desde aquel lejano (2006) primer dibujo de un bonsái de mano del propio escritor que forma parte del recorrido novelístico para explicar cómo quiere conformar el bonsái que emprende, hasta esta reproducción fotográfica de una espectacular escultura arbórea de Jorge Mayet (inciso, síganlo, merece la pena ver sus piezas en directo, son impactantes); sin embargo, en esta sí auténtica nueva edición la novedad radica en el epílogo de Leila Guerriero que le acompaña. Yo creo que las frases más memorables que le dedica las reproduce la faja que acompaña este ejemplar: «Un mecanismo de capas, un relato con subsuelo... una compleja novela acerca de procedimientos literarios». Aunque aporta muchas más cosas, como que «Bonsái es simple y brutal: pasó la vida».

Lo mejor de este libro es el impacto inmejorable que produce volver la lectura atrás. Tras su bastante reciente quinta novela, Poeta chileno (2020), también publicada por Anagrama, en que alarga su característica concisión y brevedad de escritura para mantener una estructura identitaria compleja que puede resultar muy atractiva, enfrentarse de nuevo a su primera incursión novelística (recordemos que inició su recorrido literario con la publicación de dos poemarios antes de proponer este bonsái a la manera de poema narrativo) es entender su manera de escribir; cito al autor leído por Guerriero: «Escribir es como cuidar un bonsái, pensé entonces, pienso ahora: escribir es podar el ramaje hasta hacer visible una forma que ya estaba allí, agazapada.»

El impacto de volver la vista atrás a esta primera novela pocas veces sale tan bien parado como con Zambra. Si Poeta chileno es una novela magnífica en la estructura compleja de una cotidianeidad en la que se adentra hasta desmigajarla, Facsímil es un experimento del que sale victorioso, y en ese ejercicio de marcha atrás, la trilogía que conforman Formas de volver a casa (2011), La vida privada de los árboles (2007) y este Bonsái (2006, 2022) resulta especialmente gratificante releída en sentido inverso. Si Formas de volver a casa augura esa escritura ampliada que es Poeta chileno, La vida privada de los árboles que surge de la reflexión sobre la escritura de Bonsái mientras la vida se entrecruza en su existencia, quizá es la que más ha gustado; pero es que releer ahora Bonsái me ha permitido un sorprendente disfrute de esa concisión redonda, en una novela cíclica que es un texto sobre cómo escribir narrativa, en que el planteamiento de un poema le lleva a proponer una novela. ¿Lo es o no? Su brevedad quizá pueda desconcertar. ¿Ya está? Sí, ya está. Tampoco te quedas con ganas de más. Todo está narrado y el círculo perfectamente cerrado. O abierto, que es a lo que juega Zambra. Porque como recompensa, después de Bonsái, nos quedan todas las otras novelas que ya tiene publicadas Zambra, esas que escribió después, y -espero- las que están por venir.

¿He –quizás- explicado poco el contenido de la novela? Vamos, pues, con el primer párrafo: «Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia. Pongamos que ella se llama o se llamaba Emilia y que él se llama, se llamaba y se sigue llamando Julio. Julio y Emilia. Al final Emilia muere y Julio no muere. El resto es literatura:».

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