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TRIBUNA

Vestir al muerto

Juan José Vijuesca
miércoles 28 de septiembre de 2022, 19:49h

Estamos en ese punto de no retorno y todo ello gracias a la falta de orden cromático de este gobierno. La obsesión que tienen por controlarnos es peor que un dolor de muelas. La última es que la persona difunta sea vestida con ropa de fibra textil natural y el cadáver se deposite en ataúd de cartón.

La cosa se desprende de un documento elaborado por el PSOE para que los muertos no contaminen tanto como lo hacen. Comprendo que doña Teresa Ribera, ministra responsable de la Transición Ecológica, haya sido elegida como experta en alta costura post mortem, ahora bien, lo de vestir es una cosa muy personal y me parece de muy mal gusto que sea una ministra la encargada de elegir el fondo de armario del ciudadano.

Disculpen si parezco desagradable, es más, advierto que los siguientes párrafos pueden herir la sensibilidad del lector, pero me veo obligado a señalar que esta medida de vestir a los muertos con fibra textil natural, me resulta enojosa. Como ustedes saben, doña Teresa está hecha un lío con lo del precio de la luz. No da con la tecla para que dos más dos sean cuatro en lugar de siete y con ello conseguir que la factura aprecie la bajada que tanto nos promete y que nunca llega. Por eso dudo que la ministra esté lo suficiente capacitada para amortajar cadáveres y certificar que los difuntos vistan de manera ecosostenible y además carentes de contaminantes orgánicos persistentes.

Con estas medidas nos están nacionalizando hasta la última voluntad con lo bonito que resulta que ésta sea cumplida, más que otra cosa porque hay gustos y deseos que dignifican. Por ejemplo, y sin ir más lejos, el marqués de Ajonjolí, persona elegante y con amplio vestidor, dejó escrito, además de ensayado, que para su enterramiento fuera vestido con sus calzoncillos largos de felpa y la camiseta Victoriana de punto cromé tupido con ajustes en cuello y cintura. Calcetines de ganchillo en perlé, hechos por su difunta madre, camisa de algodón renacentista, pantalones de tafetán medieval y su abrigo largo con el cuello, solapas y puños ribeteados con piel. Por supuesto el correspondiente pañuelo de seda a modo de corbata, sombrero de copa y su inseparable bastón; incluso una muda por aquello de los destemples y desarreglos.

Como comprobarán, tratar de administrar gustos personales en materia de últimas voluntades es tan personal como cuando a un condenado a muerte le ofrecen su último deseo y este elige un bis a bis con Sharon Stone. Por eso digo que una cosa es el cambio climático y otra muy distinta es cambiarnos el metabolismo de pies a cabeza. De vivos nos invitan a ducharnos en grupo, otra cosa a tener en cuenta, pues los que tenemos pareja gozamos de un bonus, pero aquellas personas que viven en solitario es fácil suponer que les asignen candidatos o candidatas por sorteo. Quizás para tal menester se vean obligados a tirar de los funcionarios públicos por aquello de estar al servicio del contribuyente.

Volviendo a la necedad ambiente de este gobierno, tan persistente como nociva, cuando el ciudadano es sometido a control de su propia intimidad, es decir, cuando el Estado es el encargado de supervisar si los calzoncillos de la mortaja reúnen los requisitos medioambientales, me parece de un erotismo fuera de lo común. Estamos a muy poco de ir vestidos a la moda Corea del Norte y nada de extraño tiene que dediquemos reverencia mañanera a don Pedro como ser de luz y guía espiritual de todos nuestros anhelos y salvación. Bien sea que entre los consejos que el departamento de Teresa Ribera propone a los hogares, se nos obligue a compartir la ducha como queda dicho. Bien sea el aprovechar las horas de sol para secar la colada o bajar al río más próximo a lavarla. Bien sea a minimizar la utilización de papel higiénico de doble capa y suave textura, o a imprimir lo mínimo y siempre hacerlo a doble cara y en blanco y negro; pero que los muertos no contaminen tanto como lo vienen haciendo debido a la clase de indumentaria para viajar al más allá, me parece de una descomunal y totalitaria estupidez.

Lo cierto es que este gobierno no solo prepara nuevos requisitos y costes para los hornos crematorios con la intención de que se apliquen en todos los aspectos de la incineración las mejores técnicas disponibles de descontaminación, especialmente en instalaciones antiguas, que a decir de los sesudos expertos producen emisiones contaminantes peligrosas para la salud. Supongo que no lo dirán por el fallecido, que bastante tiene con irse vestido con arreglo al gusto de doña Teresa Ribera.

En fin, lo cierto es que, con esta vuelta de tuerca, una más, el gobierno socialista nos cuida y nos mima de tal manera que incluso a los difuntos incinerados hace lo posible para que viajen en clase business y con mejores humos. Todo un detalle.

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