Pedro Sánchez ha emprendido una indignante campaña para ganar las elecciones con el dinero de todos los españoles, que ha invertido a manos llenas en la llamada publicidad institucional. No hay Ministerio que, ahora que están forrados, se olvide de colocar un buen puñado de millones en anunciar sus medidas; o mejor, los muchos beneficios que sus medidas tendrán en el bienestar de los ciudadanos. La campaña propagandística es feroz e insoportable. Los medios de comunicación más afines, con TVE a la cabeza, ya no tienen hueco para insertar más “anuncios” de los muchos ministros desesperados ante su incierto y triste futuro.
Cada día resulta más evidente que, en efecto, la abundancia presupuestaria con que cuenta el Gobierno va a ser invertida en intentar frenar la caída del PSOE y de Podemos que reflejan todas las encuestas independientes. Solo el CIS del fiel Tezanos se empeña, como acaba de hacer, en dar la victoria electoral a Sánchez; incluso tiene la desfachatez de ampliar en 4 puntos una más que sospechosa ventaja del líder socialista. Pero el dinero institucional, aunque Sánchez insiste en jurar y perjurar que va a beneficiar a “la clase media-trabajadora”, en realidad beneficia a los partidos de la coalición en una sucia maniobra para influir en el resultado de las urnas.
Hay que reconocer que el grito de “a por todas”, que Pedro Sánchez estrenó en el debate del estado de la nación lo está cumpliendo a rajatabla. Después de asaltar todas las Instituciones del Estado (solo le falta el Banco de España) el Gobierno ahora emprende una potente campaña electoral financiada con el dinero de todos los españoles. Una campaña que intenta manipular a los españoles con las mentiras de que su Gobierno ha beneficiado y seguirá beneficiando a las clases “medias-trabajadoras”. Pues son, precisamente esas clases las más perjudicadas por las propias medidas, por los impuestos, por la inflación y por una economía lastrada por el despilfarro del Gobierno.