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TRIBUNA

Amas de casa

Juan José Vijuesca
miércoles 26 de octubre de 2022, 19:48h

Yolanda Díaz, persona que no necesita mayores presentaciones, acostumbra a disparar con pólvora del Rey. Hace poco anunció con mucha satisfacción que por fin las trabajadoras del hogar marroquíes que vienen a nuestro país a ganarse la vida van a tener derecho de desempleo. Yolanda está contenta porque tiene esperanza de cambiar la vida de la gente, y créanme, yo también me alegro por esas mujeres que cada día cruzan a Ceuta y Melilla para trabajar diariamente y luego regresan a Marruecos una vez que terminan la jornada.

Son trabajadoras domésticas a las que se les niega dicha prestación por no residir en España; y así forman parte de un colectivo transfronterizo que es una de esas zonas reconocidas pero vacías de contenido para ciertas cosas. Este tipo de prestación no existe en Marruecos ni tampoco hay convenios de reciprocidad entre ambos Estados; de manera que aplaudo que esta dosis de esperanza se haga realidad en beneficio de quien lo trabaja de manera honrada.

Cuando referí que doña Yolanda Díaz dispara con pólvora ajena me allano a la esperanza para que el beneficio de ayudas también se haga extensible a un colectivo tan desfavorecido en nuestro país como lo es el de las amas de casa. Guste más o guste menos la definición, la realidad es que las mujeres que se postulan las 24 horas del día para defender su fortín doméstico nadie, digo bien, ningún gobierno de este país, se ha doblegado ante una de las mayores injusticias que arrastra esta sociedad. Desprotegido gremio el de esas madres de familia, abnegadas y sustitutorias de los deberes del Estado cuando realizan infinitos trabajos ya sean corpóreos como incorpóreos para sacar adelante lo que en el ejercicio de responsabilidad la sociedad les ha demandado a lo largo de nuestra historia.

Huyamos del machismo y de todas esas filigranas del maniqueísmo existencial que tanto repudiamos cuando se nos muestra a la mujer no como una dama de respeto por la simple condición de ser ama de casa, sino por tradición pagana que a día de hoy ni encaja ni malditas las ganas que existan esclavas. Canallas sean los que en ellas ven a una mujer al servicio de una organización social en el que la autoridad la ejerce el varón jefe de familia, dueño del patrimonio. Sí, no se ruboricen quienes aún pretendan dirigir este tipo de jerarquías, pero conste que en pleno siglo XXI uno siente vergüenza ajena allá donde el feudalismo doméstico se siga practicando. Más que otra cosa porque la esclavitud tiene la repugnante costumbre de convivir entre nosotros y no solo eso, sino que festejamos el “Black Friday” ignorando su propio origen. Y ya que estoy especialmente esperanzado en que las amas de casa de este país sean reconocidas en dineraria gracia por el Estado como trabajadoras por cuenta ajena, sin límite de horarios, gratis a fondo perdido, como digo, sin ningún reconocimiento económico, sin un solo guiño de doña Yolanda Díaz, la más grande después de Lola Flores, pues uno se asoma al pozo de los deseos y deja caer la moneda que nos hace creer en el optimismo. Vaya pues un retazo poético para despertar conciencias, que no en vano doña Yolanda es a día de hoy una de nuestras vicepresidentas:

Yolanda, Yolanda/grande entre las grandes/anda mona/consigue una paga mensual/para las amas de casa/trabajadoras silentes/dolientes y abnegadas/sin horarios, ni convenios/sin sindicatos, ni premios/Yolanda, Yolanda/que grande eres, repartiendo/. Tu que cobras 7.000 al mes/que tienes casa gratis/y no pasas frío en invierno/ una paguita al gremio/para nivelar los desagravios/ ¡Qué madres tan valientes, en España aún tenemos! /Mujeres que cosen/que bordan/que cocinan/que planchan/que lavan/que si es preciso/ni duermen/Así son las amas de casa/saben de todo y además son ministras en economía/ pero nadie les paga/porque trabajan en casa/de noche y de día/Cuidan de hijos, de esposo,/de nietos, incluso nueras o yernos/aportan en estadía/y aún, antes de acabar la mano de obra,/si menester fuere/abuelas o abuelos atienden/porque no solo tienen cabida/sino que es así la vida/Los mayores son los nuestros, dicen/y hay que hacerlo en vida y no después de muertos/Yolanda, Yolanda/ un país como el nuestro/que da hospedaje y paga/a todo el que viene o anda en camino/mete la mano en la caja/y sácale brillo a nuestras amas de casa/.

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