El presidente chino, Xi Jinping, ha pedido al canciller alemán, Olaf Scholz, "trabajar juntos" en un contexto de crecientes "turbulencias" y realizar “más contribuciones para la paz y el desarrollo mundial”.
"China y Alemania, dos potencias con influencia, deben trabajar juntas bajo un contexto de cambios a nivel global y turbulencias. Debemos contribuir a una mayor paz y un mayor desarrollo en el mundo", dijo Xi al recibir este viernes al dirigente alemán en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín.
El canciller alemán, por su parte, apeló a China a ejercer "su influencia" sobre Rusia para poder poner fin a "la brutal agresión" lanzada por Moscú contra Ucrania. En una comparecencia ante los medios, sin turno de preguntas y junto al primer ministro, Li Keqiang, el líder alemán advirtió asimismo de que todo "cambio de statu quo" para Taiwan solo puede ocurrir "por la vía pacífica y el diálogo".
Además, criticó el desigual acceso al mercado entre China y la Unión Europea, al tiempo que expresó su preocupación por las aspiraciones autárquicas de ese país. "Esto se refiere al acceso al mercado, muy abierto por parte europea, mientras China excluye muchos sectores. Esto se refiere a la protección de la propiedad intelectual y también a la interrupción de relaciones político-económicas", afirmó.
Scholz permanecerá en Pekín china unas once horas. Se trata del primer líder europeo en más de dos años que se ve en persona con Xi. El canciller alemán protagonizaun encuentro de alto riesgo político e incluso económico, y que ha despertado recelos tanto entre sus socios de Gobierno como a escala internacional.
Desde el Ejecutivo de Berlín se ha insistido en marcar las diferencias entre este viaje y los que prácticamente cada año realizó al gigante asiático la anterior canciller, Angela Merkel, habitualmente acompañada de una gran delegación de empresarios e inversores. No son tiempos para un "business as usual", insistieron las fuentes gubernamentales, en un encuentro previo con los medios. La "brutal agresión de Rusia a Ucrania" rompió los principios fundamentales de la ONU, mientras crece en la comunidad internacional el temor a una escalada en Taiwan.
Los dos socios del gobierno socialdemócrata de Scholz, verdes y liberales, habían criticado la operación, que se produce además cuando la guerra en Ucrania ha puesto de relieve la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas. Berlín ha tenido que reducir de forma acelerada la dependencia energética de Rusia heredada por Scholz y sus socios de los gobiernos anteriores -tanto el socialdemócrata Gerhard Schröder como la conservadora Merkel-.
A los recelos dentro del tripartito de Gobierno se suman los de los grandes aliados internacionales, Francia y Estados Unidos, puntales de la política exterior alemana desde tiempos del canciller fundacional, Konrad Adenauer. "Nadie nos ha dicho: no vayáis", rebatió la fuente gubernamental, bajo condición de anonimato, en relación a esos recelos franceses o estadounidenses, para afirmar que "por supuesto" dichos socios serán informados convenientemente de los resultados del viaje.
En lo que compete a Pekín, la ministra alemana de Asuntos Exteriores, la verde Annalena Baerbock, parece estar más en sintonía con París o Washington que el propio canciller. En su reciente viaje de trabajo a Uzbekistán, la jefa de la diplomacia marcó las distancias respecto a éste y se ratificó en su defensa de una línea "más crítica" hacia China y atendiendo a la situación de los derechos humanos.