La revolución burguesa del sindicalismo
martes 07 de octubre de 2008, 21:01h
La bandera roja, emblema distintivo de los movimientos sociales y de izquierdas, nada sabe de naciones, sólo conoce hombres iguales, hermanados con el resto de hombres de la Tierra, patria de la humanidad, el genero humano es la Internacional. No hay deberes sin derechos, ni derechos sin deberes. Nada ni nadie está por encima de ningún individuo. El proletariado, como grupo, debe alzarse ante la violación de sus derechos por parte de una burguesía que ha establecido una estructura económica que le oprime. Esta es la base de la revolución socialista o proletaria.
Mientras deberían ser comunes las banderas rojas sobreimpresas con los nombres o emblemas de partidos, movimientos, organizaciones de izquierdas o sindicatos que son vistas en mítines, protestas, manifestaciones y marchas, sigo quedándome estupefacto ante la utilización de banderas nacionalistas por este tipo de asociaciones en determinadas partes de España. Parece como, si el antiguo sueño de la Internacional, se hubiera visto doblegado ante la pujante y más rentable identidad nacional de los compañeros. Hoy el proletariado, término de dudosa acepción, que trata a la masa como a una única persona, vive cómodamente, quizás como clase asalariada, y ve como parte de sus ahorros se volatilizan estos días en la bolsa por culpa de la crisis financiera, paga una hipoteca, educa a sus hijos e intenta disfrutar del tiempo libre. Este es el proletariado al que debe adaptarse el sindicalismo que quiere más réditos y beneficios en sus territorios y poco le importa las clases menos favorecidas del resto de España, como parte de un mundo al que no pertenecen.
El sindicalismo y el socialismo en estos territorios han traicionado sus principios y abraza el tribalismo, la etnia, el grupo o clan, como parte de una estrategia de supervivencia que se apoya en la agradable sensación de pertenencia. De esta manera se acerca voluntariamente hacia un nacionalismo étnico, antesala del fascismo o hacia el apoyo de la revolución burguesa y el libre desarrollo de la fuerza productiva de su capital territorial, y del ascenso social y político de sus representantes disfrazados de izquierdas, allí donde ya sólo existen ansias de dinero y poder.
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Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
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