Algunos desaprensivos le llaman eufemísticamente ecovandalismo. Es vandalismo a secas eso de arrojar líquidos a pinturas del arte universal. Es deplorable y punto.
La argucia de estos delincuentes es que actúan de manera tan descerebrada, porque con ello buscan, dicen, llamar la atención acerca de la urgencia de detener el cambio climático, mas la libertad de expresión siempre tiene límites y lo suyo es, en el mejor de los casos, libertinaje e irresponsabilidad. Su acción es estéril.
En su extraviado proceder de condenables maneras, los perpetradores de semejantes crímenes contra el arte tienen coartada para todo, tal parece. Torpes, pero la tienen. No dejan reproche alguno sin responder. Mas solo para incautos puede ser permisivo su actuar y quedarse boquiabiertos con las peroratas que profieren en cada atentado, y sume a quienes ante ellos, prefieren obviar para no mojarse, para no entrar en ese falso debate, en este absurdo berenjenal, pese a ser un tema que amerita atenderse. No estamos obligados a secundar su comportamiento ni a solidarizarnos con su vandalismo. Así, no cabe el silencio ni la anuencia a tanta bribonería de semejantes “activistas”.
A quienes no nos dejó jamás boquiabierto la mentada Greta, por ejemplo, y no por ello evadimos tratar el asunto ni pasamos del cambio climático ni lo negamos, sencillamente es que no nos hemos visto en la imperiosa necesidad de avalar aspavientos y el malmodear de la supuesta activista. Algo había en su rictus que a mí no me convenció. Y no deja de preocuparme, y ocuparme, si cabe, el cambio climático, que es palpable, evidente, demostrado, que está presente y cada vez más nos afecta. Sus datos son alarmantes y su requerida atención, urgente. Y sí, desestimo la utilidad de arrojar líquidos a cuadros famosos, pues es una burrada.
¿Ve? se puede ser todo lo conscientes que quepa y no por ello aprestarse a ir a arrojar líquidos a cuadros que son, también, como el planeta mismo, patrimonio de todos, muestra del quehacer humano, su herencia evidenciadora de nuestra cultura universal. Así que no, no suscribo ni apoyo delincuenciales procederes ni de los orquestadores de la alteración climática ni de ir en plan chulito a mancillar el arte sin ningún derecho a hacerlo, porque si no hay derecho a destruir el planeta, tampoco cuentan con esa prerrogativa quienes ejercen el vandalismo a secas sobre obras de arte. ¿Qué no me veo progre? no me importa.
¿Ecovandalismo? ¡qué estupidez! Es avalar a hurtadillas acciones deleznables. Los museos del mundo no tienen necesidad de estar en vilo, de acotar accesos, de privar al resto de mortales que no buscan sus 5 minutos de fama ni balbucean tonterías, optando por restringir a todos los demás por su culpa, privándoles de apreciar y disfrutar de sus acervos por mor de gente que no sabe comportarse. Porque, en efecto, el calentamiento global es ya innegable y a saber si sea aún irreversible, más dudosamente el camino es atenderlo arrojando líquidos por doquier; esa puede acabar siendo, en cambio, una de las causas a las consecuencias más inmediatas: que los museos eleven las restricciones afectando a todos –pagando justos por pecadores– y no incidir, después de todo, en mejorar al clima. Por culpa de estos facinerosos yendo en detrimento de los derechos de todos los demás visitantes a quienes se restrinjan el acceso, la visibilidad, hacer una fotografía, etcétera. Privar de esos y otros derechos al resto, no le asiste como prerrogativa a esos vándalos. Aunque haya quien los apoye y aunque griten más fuerte, porque sus alharacas no nos amedrentan ni nos impresionan.
Y no nos conmueven porque no hay relación ni lógica entre manchar pinturas y propiciar un cambio climático en reversa del desastre que estamos viendo. Eso es tan fácil de entender como reprobable e improcedente sus reproches de sostener que ¡les (nos) importa más la pintura (vandalizada) que el clima! Respuesta: tamaña tontería dicen, que revuelve churras con merinas, amañadamente, ya que sostener eso es rayar en la idiotez acrecentando su estupidez comportándose de esa manera. Son condenables sus palabras. Pontifican porque pueden, no porque sean acertados. Aseveran lo que no les consta. Ultimadamente, sí es nuestro derecho si solo nos importaran más esos cuadros, que no vamos a pedirles permiso acerca de nuestras prioridades. Y eso sin que ellos prueben su dicho de lo que nos importa más, que nuestros gustos y preferencias artísticas no van jodiendo a nadie, situación que no es la de ellos, bola de delincuentes.
Su proceder no pinta para ser medido como mascullan. Hoy arrojan líquidos a cuadros cubiertos. Mañana se irán contra el resto. Descerebrados, abundan, y el mal ejemplo suele cundir y con vociferar creen que asumen, pero evaden sus culpas. Y tan inopinadamente justicieros. No, a quienes no nos dejan boquiabiertos ni nos impresiona sus gesticulaciones, nos facilitan señalarlos como delincuentes. Y es más fácil que lo sean a que consigan revertir con sus deplorables acciones, el cambio climático. No merece edulcorarse el adjetivo calificativo ni nos arredran sus gritos. Despiertan mi solidaridad las ujieres de la Sala Goya del Museo del Prado atajando activistas y visitantes que intentasen hacer del circo que se montaron con las Majas de Goya, un espectáculo planetario. Los agresores carecen de derecho a mancillar las obras de arte. Punto. Al carecer de tal no cabe el “todo vale” que enarbolan tan orates.
Mi postura es clara. Los autores de tales destacadas obras agredidas no tienen la culpa del cambio climático ni tienen por qué recibir afrenta alguna en el nombre de nada ni de nadie. Los activistas pueden proceder a manifestarse de múltiples maneras y ninguna pasa por su inexistente “derecho” a perjudicar obras de arte. Algunos balbucean en su descerebrado andar que no lo habrían hecho si el afamado objeto careciera de cristal. Qué idiotas. ¿Dañan nada más tantito? Tan medidos, tan conscientes…de nuevo evadiendo, sustrayéndose de su irresponsabilidad.
¿Qué ningún cambio se produjo de manera pacífica? Eso también es una falacia y nadie está pidiendo que bajen el volumen de su decir. Solo estrenen el cerebro y déjense de mamarrachadas. En todo caso ¿qué culpan tiene Goya o Van Gogh? Esos vándalos no buscan quién se las hizo, sino quién se las paga. Eso es venganza, no justicia y, por lo tanto, es reprobable. Que no se confundan.
A mí sí me importa el arte universal. No me conduelo del actuar de esos vándalos y seguiré reprobando las agresiones perpetradas por delincuentes que pintarrajean monumentos so pretexto del pseudofeminismo o agreden pinturas famosas, so pretexto de que buscan concienciar. Como procuro no agredir mujeres y apoyo atajar el calentamiento global, no tengo que secundarlos ni aplaudirlos ni avalo ni admito sus procederes y no son adecuados, a juzgar por los resultados que obtienen. Ya lo expresé: por mi parte que estrenen el cerebro y las autoridades sancionen sus reprobables procederes. Carecen de tales derechos y el mío sí es denunciarlos.
Por último, valga apuntar que la COP27 pintando para ser una reunión más, merece ser atendida y efectuar acciones concretas. El planeta está agotado, resentido por los resultados de una evidente perturbación climática que nos perjudicará a todos, colocándonos en una posición de crisis que resulta ya inocultable. De nuevo, salta a la vista los señalamientos a los países ricos, a esos que en su desarrollo se han cargado el clima y lo saben y, lo peor, es que no han cedido ni quieren ceder un ápice en su bienestar a costa de las afectaciones colectivas emprendidas. De esa inacción e indolencia irresponsable sí que son culpables. Y el mundo va de por medio como botín de sus apetencias.