El séptimo arte, en su naturaleza, se mantiene siempre vivo y cambiante, como si poseyera una biología propia. No sólo en el desarrollo de su lenguaje —donde queda englobada la estética, la técnica y la tecnología— sino también como reflejo de los cambios que se producen en la sociedad, experimentados por los individuos que la conforman y que, en el pasado, hicieron posible la invención del cinematógrafo. Por ello, participar del cine de una época supone recibir el testimonio de la misma a través de múltiples relatos concebidos por distintas voces que, sumadas, conforman ese gran coro audiovisual.
Del día 15 al 21 de noviembre, tuvo lugar en Madrid la décima edición del Festival RIZOMA, decano en ofrecer propuestas cinematográficas innovadoras que sirven de termómetro de las sensibilidades actuales. Un análisis a vista de pájaro puede dar una idea muy aproximada de la situación actual del cine español más joven, menos complaciente y más crítico. Desde la organización del festival, se refiere a este convulso 2022 como un año en el que la ciudadanía todavía se encuentra “ajustándose a los nuevos tiempos”, mientras que “el séptimo arte lucha de nuevo por definir su esencia frente a tanto cambio”. En este “proceso de adaptación entre escalas, emociones, arte, comercio y algoritmos, el Festival RIZOMA como siempre también se adapta”. Y lo hace proponiendo una serie de encuentros, talleres y proyecciones en sedes como la Cineteca de Matadero, la Sala Equis en el antiguo diario El Imparcial, Fnac Callao, Casa de América o Cine Yelmo Ideal.
Para Pelayo Sánchez Ortiz —responsable de comunicación del Festival—, RIZOMA “sigue la misma trayectoria que tuvo en sus inicios: intentar dar voz a propuestas cinematográficas divergentes que se cocinan en los márgenes de la industria del cine español y que, de no ser por proyectos como como éste u otros que existen en España, quedarían fuera al no conseguir distribución o exhibición en salas”. Para Sánchez Ortiz ha sido su primer año en el Festival, encargándose de conseguir entrevistas a los equipos de las películas por parte de la prensa y movilizar al público madrileño a través de redes sociales o newsletters. “Estoy muy contento de haber podido participar en un proyecto de estas características que ayude a dar visibilidad a autores noveles y a óperas primas que lo merecen por su calidad. Creo que son propuestas en general muy interesantes porque no tienen nada que ver con el cine estamos habituados a consumir en la gran pantalla”.
Para poder comprender mejor el tratamiento dado desde la industria al gran volumen de producciones audiovisuales, RIZOMA propuso el pasado lunes 18 un acto dedicado a las nuevas figuras de la producción responsable. En él se explicaron los nuevos sistemas de producción con los que facilitar la adaptación y compromiso del sector a los nuevos tiempos. Las invitadas Asia Jarzyna y Maitane San Nicolás hablaron de ello como responsables de Eco-Manager y Intimacy Manager. También el lunes 21 se trató en otro encuentro la cuestión en torno a las nuevas audiencias y formas de consumición de lo audiovisual y la forma en que afectan al trabajo del curador/programador. Alejandro Lingenti, periodista de La Nación, se encargó de moderar un debate en el que participaron personalidades como Lydia Martínez —responsable de estrategia y análisis de contenidos, HBOMax—, Eva Rekettyei —directora de programación Cines Yelmo (Cinépolis)— o José Luis Cienfuegos —Director artístico Festival de Sevilla—. Así mismo, el día 17 se llevó a cabo una “radiografía” del cine español independiente mediante una conversación establecida entre productores —Aquí y Allí Films—, fundadores de plataformas —Filmin—, directores de festivales —Abycine, el propio RIZOMA— y cineastas. En ella se trataron los diferentes procesos que caracterizan el cine independiente dentro del contexto español desde perspectivas distintas, como la creación, producción, distribución y exhibición.
Entre las proyecciones que tuvieron lugar en el Festival, sobresalen las dedicadas al “surrealismo contemporáneo”, destacando el interesante film de Helena de Llanos Viaje a alguna parte, que obtuvo precisamente el premio en dicha sección. Su narrativa gira en torno a las figuras del abuelo de la cineasta, Fernando Fernán Gómez, y de Emma Cohen. Un recorrido por sus vidas a través del legado personal que ambos dejaron como pareja en el chalet donde vivieron varias décadas —“la casa de Emma y Fernando, ese otro personaje quizá tan central como ellos”, afirma Helena—. Un material compuesto por fotografías, guiones, manuscritos de novelas, cartas o dibujos. El origen del proyecto se remonta a 2015, como bien indica la creadora a este autor: “Emma todavía viva, ejerce de documentalista y lee las primeras versiones del guión. Siempre quise que la peli fuera sobre los dos pero ella dice que no, que es un encuentro abuelo-nieta y que ella es la documentalista. Cuando Emma muere y yo me instalo en la casa, Emma se convierte en un personaje tan central como Fernando. Todo parte de la sensación muy palpable de que FFG sigue estando en la casa aunque ya no esté. A partir de esa idea el material a disposición es enorme. A Emma siempre le encantó esa idea de traerlo a la casa a través de sus películas y otros materiales como entrevistas, series, etcétera”.
Helena conversa con Emma y Fernando a través de una original puesta en escena en la que intercala las voces de ambos —como si la interpelaran desde el presente—, recreando distintas escenas performativas —como las de Tristán Ulloa encarnando al personaje de Juan Soldado, creado por Fernán Gómez en su mediometraje homónimo (una película para Helena “fundamental y bastante desconocida que se convierte en una capa más de la imaginación que la casa posibilita”)— o citándose con algunos de los intérpretes que trabajaron con ellos: “La investigación que he llevado a cabo podría haber terminado en un documental convencional, donde desplegara una serie de datos interesantes sobre sus obras, pero esto es accesible de otras maneras y nunca me sentí cómoda con ese formato a la hora de abordar dos personas tan especiales que además conocía. Siempre pensé que la película expresaría su universo creativo y su forma, por encima de lo propiamente documental. Además me interesaba hablar de una serie de asuntos a partir de ellos pero que no les son exclusivos: el duelo, la ausencia, cómo nos relacionamos con la muerte y con los muertos, la memoria, el pasado, el amor, la libertad. Creo que esta película tiene más que ver con sentir que con comprender”.
Respecto a la manera en que este film puede contribuir a difundir el legado de estas dos figuras tan relevantes en el panorama cultural español reciente, Helena supone que lo hará “en la medida en que habla de ellos, con ellos”. Subraya la importancia que ha tenido especialmente en el descubrimiento de la figura de Cohen, menos conocida que la de Fernando: “puede (espero que así sea) generar interés en su obra. Es algo que me han dicho en algunos coloquios, sobre todo con Emma, de la que se conoce muy poco. Algunas personas salieron con ganas de investigar, leer sus novelas, escucharla más”.
La labor de Cohen, como ha quedado explicado previamente, fue fundamental para materializar el documental debido a su involucración. Basta visionar los fragmentos en que Helena la filma en la casa. Así lo explica la cineasta: “Formalmente la película tiene mucho de Emma, de su forma de estar y de crear. Los sueños, la rotura de cualquier cronología, o como ella dice en un momento del film, se trata de 'entrar en otra lógica, la antilógica'. No obstante, de su pareja también es reseñable la presencia de su sentido del humor —aunque (especifica Helena) “también está el humor de Emma desplegado por ella misma en las tomas documentales que mencionas”— y cierto 'rarismo', que si nos adentramos en la filmografía de Fernando abunda: Bruja más que bruja, por ejemplo”.
Sin duda, la influencia de Fernando y de Emma fueron fundamentales en la conformación personal y artística de Helena, palpándose en su estilo como directora, en la estética de la película: “También aprendo de ellos algo más general para mi trabajo que tiene que ver con el riesgo, con hacer lo que quieras sin guiarte por modas, porque a fin de cuentas nunca se sabe, así que mejor ser fiel a una misma. Ellos lo fueron”.
El film muestra como documental una parte fundamental de la labor de Helena en los últimos años: el análisis del material inédito que Emma y Fernando dejaron en la casa. Esto ha servido para sacar a la luz nuevas publicaciones y testimonios de ambos. Al preguntarle sobre qué destacaría de su trabajo como estudiosa de este trabajo, Helena reconoce la dificultad de “elegir unas pocas de sus creaciones”: “Destacaría dos novelas de Emma que ojalá fueran reeditadas, Negras tierras negras y Muerte dulce. De Fernando la novela La puerta del sol y el texto teatral La coartada. De mi trabajo con sus trabajos destaco haber tenido la oportunidad de editar algunos de sus textos (de Fernando El libro de Fernán Gómez, en Blackie Books, su Teatro en Galaxia Gutenberg, y de Emma, la novela póstuma Asuntos interiores, en La Oveja roja). He inventariado todo su archivo personal con el deseo de que pronto sea de acceso público para investigaciones futuras. Quizás otras personas descubran en su archivo nuevas sorpresas”.
En la sección de estrenos especiales de RIZOMA, destaca Mantícora, del veterano cineasta Carlos Vermut quien, a pesar de su juventud, ha producido una serie de títulos que pronto se han convertido en míticos, siempre construidos desde una personalidad única y un lenguaje inconfundible. Al igual que en sus tres largometrajes anteriores —Diamond flash (2011), Magical girl (2014) o Quién te cantará (2018)— este nuevo film contiene un componente inquietante que alude a la naturaleza oscura del ser humano. En declaraciones a este autor, Vermut afirma que, al plantear “películas o historias en las que los personajes son moralmente ambiguos y no son ejemplos de conducta”, siempre busca “provocar una reflexión en el espectador”, y añade esta interesante reflexión: “Sobre todo si no hay un juicio muy evidente sobre el personaje, sino que le acompañas. Eso es lo que puede hacer reflexionar al público. Si tú juzgas al personaje de una manera muy evidente, el espectador no tiene posibilidad de reflexión, pero si tienes un acercamiento humano a un personaje que es inhumano siempre vas a provocar una reflexión en él”. Mantícora plantea un tema tabú que afecta a quien lo padece. En este sentido, el cineasta justifica su proyecto de la siguiente manera: “Me interesaba sobre todo el acercamiento de una persona que padece esta condición, cómo se enfrentaría al mundo. La posibilidad de conocer a una persona que representa ese deseo sin cometer ningún tipo de delito me pareció interesante. Luego aparecieron elementos como el modelado en 3D, la realidad virtual, que se fueron integrando en la historia”. Para concebir esta historia, así como otros guiones anteriores, el creador reconoce tener siempre “varias ideas escritas y reflexiones”, aunque en ocasiones en el proceso de escritura se vayan “incorporando otras cosas”: “en general el proceso de trabajo nace de una idea y se van incorporando otras. Es bastante natural, bastante fluido, tiene que ver con el sentarse a escribir y dejar que las historias vayan cobrando sentido desde ese proceso”. En dicho film, destacan los protagonistas que, a diferencia de las anteriores películas, son encarnados por intérpretes no conocidos por el público. En este sentido, Vermut declara no tener interés en que los actores y actrices de sus películas sean reconocibles para el público: “Cuando conocí a Nacho Sánchez y a Zoe Stein vi que encajaban perfectamente en esta historia”. Las películas de Vermut se encuentran espaciadas en el tiempo, lo que sugiere que cada proyecto conlleva un tiempo meditado de elaboración y otro de ejecución, un cierto perfeccionismo: “Es verdad que me gusta dedicar tiempo a la escritura de los guiones, la planificación de la puesta en escena, la búsqueda del casting, el trabajo con los actores, los ensayos, etcétera. Considero que invierto mucho tiempo en las películas que hago, me gusta cuidarlas y estar seguro de lo que estoy rodando. En ese sentido se trata de un proceso bastante artesanal y tradicional. Un pulso constante entre lo que quieres controlar y lo que va apareciendo, intentando integrar lo que va surgiendo de manera que beneficie a la película. Por eso debe haber un equilibrio entre la improvisación e incorporación de elementos, el control de los mismos y la planificación”.
Junto al film de Vermut, llamó especialmente la atención La Piedad. Su director, Eduardo Casanova, es actualmente uno de los creadores más innovadores y originales del panorama cinematográfico español. Sus propuestas, bien distintas unas de otras, son a cada cual más sorprendentes. El cineasta afirma que, si bien “en España hay mucha creatividad, muchísimo talento”, existen dificultades a las que se enfrenta el ámbito de la creación para sacar los proyectos adelante: “me considero un privilegiado, tengo mucha suerte, pero hay propuestas interesantísimas más allá de la mía”.
Después de su primer largometraje, Pieles, Casanova afronta un nuevo reto con esta nueva película, que narra la historia entre un hijo y una madre, cuya relación tóxica acaba degenerando en un clima propio del género de terror. Los films de Casanova poseen un potente componente plástico o estético, así como una clara intención de generar imágenes simbólicas que, por su fuerte componente visual y contenido, impacten al espectador. Respecto a estas cuestiones, Casanova afirma: “Mis obras tienen un punto de vista muy particular y muy propio, siento que evoluciono y que cada vez cuento cosas distintas y de diferente forma. Pero, a la vez, siento que todas son bastante parecidas y no creo que para mal. Por poner un ejemplo, uno de mis grupos favoritos es Camela. Todas sus canciones se parecen mucho y creo que eso, más que hacerles repetitivos, les da una autoría. Y eso es algo muy importante en un artista”.
Respecto a cómo describiría este largometraje respecto al anterior, explica: “La Piedad es una película mucho más profunda y madura. Adoro Pieles, es mi ópera prima, pero te daba ganas de vivir. No sé si está te da “ganas de morir”, pero sí te hace reflexionar sobre cosas más oscuras. Creo que hay una evolución y aunque sigue la misma “línea editorial” también hay un progreso estético, entran en juego otros colores como el negro y para mí es una película mucho más personal”.
Sobre su propia implicación personal en el film a la hora de tejer su historia, Eduardo reconoce que ésta nace de sus experiencias, de sus propias relaciones y de las cosas que “son complicadas” para él: “por eso ha sido una película tan catártica y tan sanadora”. A su juicio, “muchas veces vivimos conflictos en nuestras relaciones de los que a veces nos cuesta mucho salir porque no los terminamos de entender, en nuestras relaciones maternofiliales, de familia o de pareja, y son un tormento, casi como una película de terror. Por eso creo que el género más adecuado para definir este film (si se puede meter en algún género) es el terror. La toxicidad que presenta me parece muy terrorífica. También el cine de terror es una pasión mía desde pequeñito y quería que la narrativa fuese así. A la vez es una película sobre la infancia y representa un tipo de personalidad, de cómo yo he crecido o he tenido que concebir las relaciones”.
La protagonista de la madre está interpretada por Ángela Molina. Casanova explica que el personaje está inspirado en la forma de hablar que tiene su propia madre: “lo que más me impresiona en Ángela Molina es que recibió un guión con expresiones muy coloquiales de una persona real. Y poder poner ese texto en boca de Ángela Molina sin que suene a Ángela Molina (que suene a otra persona) me parece un trabajo de Ángela increíble. Sin embargo el personaje de su hijo, aunque tiene una personalidad muy sumisa que luego se transforma en otra cosa, algo de lo que más orgulloso estoy de él es que prácticamente no habla en toda la película. Todo lo dicen sus ojos, sus expresiones y eso es una de las cosas más complicadas en un guión: contar algo cuando el personaje no habla. Dirigir a Ángela Molina es un regalo que a veces te da esta profesión, es dirigir a la voz de la experiencia que te enseña más cosas a ti. En ocasiones te intenta dirigir ella más a ti que tú a ella. Nos hemos entendido muy bien desde el principio, ha habido muchísima sintonía y ha sido muy bonito trabajar con una estrella del tamaño de Ángela Molina. Ella tiene muchísima personalidad y siento que a veces le cuesta no verse reflejada en sus personajes. Sobre todo, interpretar un personaje tan oscuro cuando ella es algo alejadísimo a la oscuridad. Le costaba entrar en ella, pero me sorprendía ver cómo hasta los actos más oscuros que comete el personaje ella los intentaba entender y rebatir. Creo que eso le ha aportado una humanidad al personaje que era muy importante para mí, porque yo no quería que el personaje fuese la “mala” de la película, sino una persona humana que comete muchos errores que hacen daño”.
En La Piedad, Casanova realiza una comparativa metafórica entre la dictadura de Corea del Norte y la relación entre el hijo y la madre del film. Sobre cómo llegó a esta idea, el cineasta apunta: “Lo que me interesaba era buscar una relación de máximo sometimiento y necesidad hacia un líder para hacer un paralelismo con esta historia. Me parecía que una dictadura como la de Corea del Norte era perfecta, sobre todo porque no hemos asistido a ninguna revolución del pueblo hacia sus dictadores. Lo único que conocemos (no sabemos si es propaganda o no) es un “amor” al líder. Luego también Corea del Norte tiene una estética que me fascina, la propaganda que tiene. El arte juche, más allá de lo ético y lo moral, es precioso estéticamente. Siempre he sentido fascinación por los personajes complejos y no hay personaje que me parezca más complejo que un dictador. También me interesaba establecer el paralelismo entre un dictador y una dictadora, porque no creo que existan mujeres dictadoras. Me parecía interesante poner a una mujer en este lugar. He estudiado mucho sobre Corea (comencé a escribir este guión en la frontera con Corea del Norte) y leí un artículo que explicaba que hay un alto porcentaje de gente que, al huir de Corea del Norte y llegar un país capitalista, tiene la necesidad de volver porque no son capaces de vivir si no están sometidos. Esto me parecía que tenía mucho que ver con la relación que tiene el pueblo con su dictador y la relación que tiene un hijo con su madre. Hablar de la idea de la libertad como distopía o algo que da pánico”.
En el cine de Eduardo Casanova parece existir una clara intención de generar imágenes simbólicas que, por su fuerte componente visual y por su contenido, impacten al espectador. Respecto a su posible interés por trascender más allá de su propio tiempo, generando obras universales que puedan visionarse en cualquier época, el autor nos contesta: “Me hace mucha ilusión y a la vez me da un poco de vergüenza contestar a esta pregunta. Creo que a mí y a cualquier artista le viene muy bien para su ego generar una imagen que se convierta en icónica y que trascienda el tiempo como las obras de arte y las películas. Creo que esa intencionalidad está en todos los artistas, la idea de “quedarse”. Creo que el hecho de hacer arte en sí ya es un intento de ser eterno, de que cuando mueras algo tuyo siga estando aquí. Tiene mucho que ver con la maternidad, que tu ADN permanezca. La Piedad básicamente nace de una imagen icónica de un artista como Miguel Ángel, que reinterpreto. Hay otras imágenes pictóricas en la película, como la silueta de Lili. Al igual que es fácil poder dibujar con pocos trazos a una persona famosa —Hitler puede representarse únicamente con un bigote—, busqué que ese personaje fuese tan icónico que pudiera reconocerse sólo mediante su silueta. Hay otras imágenes que me parecen bastante icónicas en la película —el momento en que Mateo bebe la leche del pecho, el parto —que también es una reinterpretación de La Piedad—. Aunque sí siento que mis imágenes son potentes porque se me da bien generar esta clase de estética —otras cosas no y en la película seguramente habrá fallos—, no sé si aguantarán tanto tiempo. Ojalá que sí, y si no aquí, en esta entrevista, me comprometo a seguir pensando en imágenes que puedan trascender. Espero conseguirlo algún día”.
Por último, y no menos importante, de nuestra selección destacamos en la sección oficial el Premio RIZOMA de cine Ultrainocencia, dirigido por Manuel Arija. Una propuesta de ciencia ficción que surge de adaptar la obra de teatro homónima de loscorderos.sc y que podría catalogarse de “comedia dramática”. En ella, se tratan cuestiones como la constante búsqueda del sentido de la existencia por parte del ser humano, así como su afán por obtener una respuesta a través de la tecnología, los poderes psíquicos y la fe. Su director explica a este medio que su intención era buscar “un material” que le “removiera por dentro”, sin importarle que fuese “poco comercial”: “Quería que fuera diferente y poco convencional. Seguía desde hace varios años la trayectoria de la compañía de teatro loscorderos.sc y compartíamos algunos amigos comunes. Podría decirse que era un fanático de su trabajo y Ultranocencia era uno de los montajes que más me habían cautivado. Les propuse escribir juntos una adaptación cinematográfica y en una reunión les presenté un breve esquema de cómo veía esa adaptación”. Respecto al proceso de elaboración conjunta del guión, el cineasta lo describe así: “Allí volcamos nuestras obsesiones, nuestro sentido del humor y un nuevo arco dramático. Tuvimos muy buena sintonía, encajamos muy bien y en muy poco tiempo ya teníamos una primera versión”. Para la construcción de los personajes protagonistas, Orión y Adán, Arija cuenta que se basaron “en la vida de los santos y mártires que pueblan casi todas las religiones. Personas puras, sin malicia y sobre todo muy inocentes. Esa era la clave para interpretarlos y que resultaran cómicos al público. En su ingenuidad residen muchos de los gags de la película y en el absoluto convencimiento de que lo que están haciendo, por absurdo y ridículo que parezca, es una misión trascendental. Con sus magníficas interpretaciones, David Climent y Pablo Molinero nos hacen creer a pies juntillas en esa ultrainocencia”. Al tratar “temas tan profundos y espinosos”, para el cineasta el humor se presentaba como la mejor forma para hacerlo: “La idea era que comenzara de forma cómica para ir convirtiéndose en drama y finalizar casi en tragedia pura”. Para Arija, resulta “tremendamente complicado mantener un equilibrio entre la comedia y el drama”. La comedia “acaba emergiendo incluso en los momentos más tristes de la película”. Llama la atención además el uso de colores en el film, en concreto cuatro: “blanco y negro que se identifican con la religión y la ciencia y rojo y azul para Orión y Adán. En sus influencias estéticas, destaca al cineasta Santiago Lorenzo y su película Mamá es boba, donde se mezclan de forma magistral “la risa con la pena”.
Además de los actores protagonistas sobresale Sergi López, al que Arija califica de “excelente, muy carismático y con mucho sentido del humor”: “David Ciment había trabajado con él y enseguida lo propuso para el papel”. Su personaje, Stephen Works, lidera el proyecto F.I.F.1. Su afán científico y progresista le lleva a ser capaz de sacrificar dos vidas humanas con el fin de encontrar una respuesta trascendental y universal. Originalmente, se encontraba basado en el histriónico personaje interpretado por Peter Sellers en la película de Kubrick Dr. Strangelove. Al confirmar que lo interpretaría López, decidieron ponérselo “más difícil” reescribiendo casi todos sus diálogos e incluyendo que hablase diferentes lenguas a la vez: “Era un científico muy inteligente y para demostrar esa superioridad hablaba varios idiomas. Unos días antes de empezar el rodaje le enviamos sus líneas de diálogos. No protestó ni puso el grito en el cielo. Se memorizó todas esas parrafadas en italiano, catalán, portugués, inglés y francés y lo interpretó de manera magistral”.
Durante la entrevista para El Imparcial, el propio actor afirmaba tener “tendencia a quitarle peso y trascendencia” a lo que hacía. “Me siento más cómodo. El personaje de Ultrainocencia es un bombón, un científico psicópata que habla un montón de idiomas a la vez como una especie de esperanto que le da ese punto surrealista. Tiene aire de malo y en el fondo no deja de serlo porque es el que representa el poder y el que mueve los hilos sin ningún reparo en sacrificar a estos inocentes para demostrar sus teorías. No lo preparé en exceso, me dediqué a jugar con los elementos que me dieron para crear este personaje y lo disfruté muchísimo”. El actor también explicó su experiencia con el cineasta de Ultrainocencia: “Es un apasionado del cine, capaz de meterse más horas que un reloj en el rodaje. Tiene mucha pasión en lo que hace y talento. Con una producción tan independiente y un presupuesto ridículo ha logrado una película muy conseguida. La gente que se dedica al cine si sabe cuál es el presupuesto con que se contaba y lo compara con el resultado lo encontrarán brutal. Brillante. Lo que más aprecio es trabajar con talento y, si es posible, con buena gente y Manuel es un amor. Muy trabajador, siempre el primero que llegaba al set y el último en marcharse cada día”. Respecto a la forma en que cree que esta película puede enriquecer este género fílmico, López cree que aporta “una cosa que incluso en ciencia ficción es difícil de encontrar hoy en día: la libertad absoluta sin prejuicios para desarrollar una historia. Y es como debemos acercarnos a ella.” Añade: “Es una película muy atrevida. Ya de entrada viene de una obra de teatro contemporáneo de un grupo como loscorderos, con un planteamiento muy surrealista, extravagante y arriesgado. En la ciencia ficción actualmente cuesta mucho atreverse a romper formatos establecidos, escogiéndose códigos que se repiten hasta llegar a ser predecibles. En este sentido Ultrainocencia es un soplo de aire fresco . Ese aire surrealista y teatral la convierten en una joya”.
RIZOMA se clausuró el 20 de noviembre con una “comida lúdica de domingo”. En ela se entregaron los premios del público, que galardonaron a las películas Inmotep (Julián Génisson), La amiga de mi amiga (Zaida Carmona) y Yo y las bestias (Paco Manzano). Atrás quedaron seis días intensos donde se pusieron en común proyectos, coloquios, proyecciones, conocimientos y deseos compartidos que demuestran que el cine español e internacional más joven e innovador continúa gozando de buena salud, así como las ilusiones de los que lo siguen haciendo posible.