Delicadas horas que se cubren de oscuro. Los telediarios informan de las últimas acciones y preparativos. Hay nevadas en las zonas de montaña y otros lugares que no precisan de los copos como herramientas de subsistencia o reclamos turísticos, donde pueden ser ellos mismos: su luz opalina a través de los cristales de una casa o de un coche que atraviese los campos. El contraste de los árboles y roqueños con el manto lechoso.
Son los últimos días del año. Como este ha sido raro, no podía terminarse sin ciertas anomalías, con zonas de costa bañadas en sol y terribles deseos de calentamiento global. Es el escenario que nos toca en adelante. Pero no prestaré más atención y me centraré en la cadencia de estos días finales que antojan pensar en atmósferas y paisajes fuera del tiempo, donde mejor puede refugiarse uno, en las casi fantasías. Mucho pueden tener de tal, pero es sencillo acceder a ellas. La nieve, comenzaba evocando, que según Gaya es medieval, y en cientos de poemas orientales broche y enseñanza de nuestra finitud. La que pintó Brueghel. El presentimiento que trae su frío y nos dispone. En especial, los versos de Jiménez Lozano, corteses con su misterio: ‘En Adviento,/ huellas en la nieve de alguien,/ que no encontró albergue,/ y pasó de largo./ Quizás murió ya fuera de la aldea,/ mas no se supo, con el deshielo luego.’
Ha sido un año incierto. Has reído y llorado, los motivos no precisan explicaciones. Has leído y también escrito, nunca sabes si bastante. Lo insatisfactorio que se agolpa puedes barrerlo al mínimo soplido. Mirar atrás es acumular nieve de ayer; hermoso título, por cierto. No vas a hacer recuentos, que es una costumbre más que extendida. Crees en la continuidad, en un seguir lento, porque observar esa mansedumbre de la tarde en la que acaban resumiéndose las fechas vividas ofrece un respiro frente al temblor de esos intentos de todo que llenan la vida. La vida, como escribió Stevenson, que se ha pasado ‘demasiado tiempo muriendo.’
Del que viene, no esperemos nada. Es aconsejable sorprenderse sin argumentos previos. Se sufre siempre una decepción si no están a la altura de los sentimientos que los hicieron nacer, pero es que estos siempre son tan altos y nobles… Quiera el nuevo desarrollarse con esperas cortas, generosidad de pasos y días que nos muestren las posibilidades a conseguir. Así los sentimientos podrán ser duraderos como al recordar otro año que pasa, que es otro viaje.