Hace 8 días, a ustedes amables lectores en ambas orillas del Atlántico…y del Pacífico, indiqué una verdad como un templo: que el año pintaba ya maneras para erigirse como uno movidito, por decir lo menos. Y ni ganamos para sustos ni obtenemos el sosiego, pues cual ráfaga a dos fuegos, como batallón de ejecución a dos bandas, una avalancha irrefrenable de acontecimientos turban nuestra serenidad y nos colocan, estupefactos y en posición de alerta en medio de la zarabanda, por ser la mar de perturbadores, los más.
Así, dígase sin tapujos qué manera tan traicionera de Putin de decretar una tregua que no pensaba cumplir. Que hipocresía, qué bajeza. Qué desfachatez y qué miserable atacando durante ella en medio de las festividades navideñas ortodoxas. No es para que se midiera o limitara si no quería, pero acaso que tampoco fuera tan infeliz de decretarla si no pensaba cumplirla. ¡Qué pifia! justo cuando 2023 ha sido declarado como el “Año Internacional del diálogo como garantía de paz”. Y tiene cara cuando le ha dicho a Ucrania que si acepta las anexiones ya efectuadas, podrán dialogar la paz.
Se cumplen 40 años de la exitosa película ET, El extraterrestre. Aquella escena del muchachito pedaleando a gran velocidad su bicicleta, en cuya canastilla iba oculto el popular alienígena, surcando el cielo, proyectados sobre el sol del ocaso sobrevolando aquel típico suburbio estadounidense donde se desarrolla su trama, apenas nos deja el bonito recuerdo que abre paso a otras atropelladas escenas, tales como el desbarajuste acaecido en Brasilia. En efecto, cierto es que en Iberoamérica toda no se registra un atropellamiento a las instituciones democráticas como el observado el 8 de enero. Ya luego, esa forzada comparación con la toma del Capitolio de Washington es sobrada y una verdadera desmesura que raya en el amarillismo barato. Se evade, pues, centrarse en el debate y los actores brasileños extrapolando inútilmente valores y circunstancias, desencaminando el análisis y equivocando el diagnóstico, en una realidad tan particular, pero tan parecida al unísono con la región. Polarización causada, ya se lo he expresado antes, por dos modelos de país, por no resignarse a perder el poder, más que el gobierno, y saber un sector que el nuevo grupo empoderado frenará sus reformas y planes de “desarrollo”. Para Bolsonaro consistía tal en ceder en energía a intereses extranjeros y privatizar Petrobras, casi nada. La intentona golpista fracasó de momento y eso es plausible. ¿No le gusta su gobernante? aguarde entonces a los tiempos electorales y vote lo que quiera. No hay más cera que la arde en las reglas democráticas.
Si Croacia nos demuestra que hizo los deberes y adopta el euro y se incorpora a la zona Schegen, Suecia se apresta a celebrar en este año el jubileo de oro del rey Carlos XVI Gustavo. Un sujeto que sabe estar cuando se debe, muy independientemente de sus devaneos que hace a veces cuestionable su vida privada. Y cuando ha soltado el proyectil de que fue terrible arrebatarle a su segundo hijo, el varón, el acceso al trono. Vamos, inusitadas e innecesarias reivindicaciones que desatan tempestades. Pues ahí lo tiene, a punto de celebrar su cincuentenario en el trono ostentado por la dinastía Bernadotte hace poco más de dos siglos, desde los tiempos napoleónicos y con un origen interesantísimo. Victoria de Suecia ha de lidiar con el desafecto de su padre, si es que eso implica su reciente declaración, pero al menos no está amenazada por el crimen organizado, como Amalia de los Países Bajos. La muerte de Constantino II de Grecia mueve a reflexionar: es curioso que su padre, Pablo I, no viera venir el golpe asestado a su dinastía y tuvo un hijo con el trono asegurado en apariencia y una hija que, casada con el Príncipe de España –quien tuviera por mediación de Franco, un trono inseguro– al final resultara en que Constantino perdió el trono y Sofía lo ganó. Ironías de la vida. Ella supo estar, él no. Un sujeto titubeante que no estuvo a la altura, perdió la corona y selló su destino. Será sepultado sin honores.
Lo de menos termina siendo la X Cumbre de los líderes de América del Norte. Liderazgos aparte –quitando los ininteligibles balbuceos del yanqui, los cuestionamientos y nula presencia mundial del mexicano y el siempre tambaleante canadiense– resultó ella por enésima vez y ahora en Ciudad de México, en declararse nuevamente su amor eterno, amistad y cariño en grado o nivel tal, que empalagan, si no fuera complicada la relación entre los tres países norteamericanos frente a tanta aquiescencia. ¿Qué nos queremos mucho y nos necesitamos mucho? ¡caray! dígannos algo que no sepamos. Por caridad de Dios. Una palabra suya bastará para sanarnos. Días atrás, el mandatario mexicano ha corregido al yanqui señalándole que “América” no es únicamente EE.UU. sino un continente al completo. Sirva para saber que México seguirá siendo su portero migratorio, que EE.UU. perdió un panel de controversias en materia automovilística que amparaba su reprobable proteccionismo y violó el T-Mec y que Canadá se lleva de tarea poner orden en sus saqueadoras mineras operando en México. Biden clama responsabilidad y cumplimiento de los acuerdos energéticos que les cedieron desde el PRI para quedarse el mercado mexicano y que por letras chiquitas permiten a México resistirse y lo hace, disgustando a Washington y a los opositores a López Obrador, que peripatéticos han clamado por un golpe de Estado. En la Cumbre sin pena ni gloria, no oímos nada nuevo. Su exitosa anfitrionía solo servirá a los tres asistentes contra sus adversarios respectivos. Los roces persisten, por la resistencia mexicana a recibir de EE.UU. el siempre peligroso maíz transgénico y el presidente mexicano se anotó un tanto llevando a sus colegas a aterrizar a su polémico nuevo aeropuerto. ¡Tómala! sus opositores están rabiosos ante ello.
Mientras aguardemos a ver si a Benedicto XVI lo elevan a calidad de doctor de la Iglesia, lo que me parece un tanto desproporcionado, valórese su labor como prefecto de la Santa Congregación para la Doctrina de la Fe (la Inquisición, pues) y pondérese si para serlo, como pontífice dejó reflexivos pensamientos engrandeciendo a la Iglesia, pese a que más parecían abstrusos y no sé si iban más cual clave masotérica antes que entendible; y él mostrábase más gustoso de menear el turíbulo que en ser turífero per se; y solo entonces, sabremos si está al mismo nivel que Santa Teresa, San Jerónimo o San Juan de la Cruz. Medido así, me parece que el papa alemán se queda muy corto. Le faltó misticismo.
Iniciamos el año con cifras igual de encontradas y contrapuestas como cerraron el año próximo pasado. ¿Creceremos tan poquito como nos han adelantado los organismos financieros mundiales y en cifras tan pingües nos desbarrancaremos en una, aletargada a veces, profunda crisis pospandemia por demás memorable tipo marca “llorarás”? no sabemos. La inflación sigue galopante (cerró México al 22 en 7,82 %, menos a la pronosticada) y no conozco opositor que tenga o proponga mejores opciones de las planteadas por los gobiernos para hacerle frente, porque ser oposición siempre es fácil, no se arriesga tanto y las oposiciones en todas partes parecen no dispuestas a asegurar nada, aunque atacan lo que hay. Qué listas son. Así que no queda sino seguir dirigiendo la mirada a los números y a comprender el curso que prosiga la economía mundial. La lluvia de cifras sobre cuánto creció México en 2022 impide decir una concluyente. Al crecimiento anual de 2,9 % o 3,1% o hasta 4,3 %, le interponen pegas: que si es una lectura interanual, que si creció el desempleo, pulverizando todo logro; que si no es real. The Chicago Tribune se queda corto rabiando al centrarse con simpatizantes de López Obrador que exaltan este logro y solo repite estimaciones ya superadas del FMI, porque parece mucho molestarle que sectores pro López Obrador celebren las cifras mucho más favorables que en los desastrosos 2020 y 21. Pobre medio, eso pasa cuando la cortedad de miras lo ciega, por muy prestigiado que sea. Así que a 2022 léase sin ninguneos ni mendacidades, lo que no quita un ápice de desmotivación a cómo pinta el 23.
Por aflicciones no paramos, así que no imploremos calma y aceptemos nuestra renunciación a la apacibilidad, pues las contrariedades y topetazos que horadan nuestra quietud, recuerdan que por más que uno quisiera apartarse de la crónica rosa, resulta imposible. El príncipe Enrique hace ya rato que se hace fuera de la bacinica. Uno comprende que culpe a la prensa sensacionalista de la muerte de su bien recordada madre y no le falta razón. Se pasaron con ella. Punto. De eso, a despotricar contra la Casa Real, lo menos que se ha granjeado es el abucheo in situ de ciudadanos agraviados que así el espetan que lo que ha sido hasta hoy, ha sido pagado por los contribuyentes. Quien no pueda entenderlo está perdido en el espacio. Y el muchacho va de tropiezo en tropiezo, mientras, cierto, engrosa su bolsillo a costillas de hacer cera y pabilo del maltrecho nombre de la dinastía a la que, quiera que no, pertenece. Si Isabel II levantara cabeza…No me solidarizo ni me simpatiza la parejita de marras, mas ya con el mentado libro en mis manos, pues ya cruzó el Atlántico en tiempo y forma y en español, conforma algunas declaraciones filtradas, escalofriantes y desliza, sí, señalamientos, afirmaciones, acusaciones, lamentaciones.
Me quedo con la que apunta a que infiere que Camila, astuta, contribuye a nutrir a los tabloides con notas de escándalo para que no hablen de ella y sí lo hagan de Harry y la Megan, para conseguir así que la opinión pública se distraiga y no la zamarree. Cuando murió la monarca se decía que ya no se metían con ella. Pues mira por dónde la razón de tal. Tanta necesidad de lavarse la cara tiene y qué lista la consorte a quien la casa real danesa solo llama “reina” para apuntalarla, aunque Margarita II tiene sus propios problemas retirando títulos y dietas a sus príncipes segundones para que no parezcan zánganos a los ojos de los daneses. Ahora, Camila no impedirá pasar a la Historia como la amante que se hizo reina a costa de destruir el matrimonio del heredero al trono. Y con la coronación en puerta… En todo caso, lo de Harry son las tribulaciones de quien gimotea en la cima. Pelillos a la mar comparados con las tragedias del mundo que nos agobia, son nimiedades que sirven para alimentar el chismorreo picosito, pero poco más. Empero, recomiendo su lectura en plan saciamorbos, que tampoco es poco. Total, sus cuitas le engrosan los bolsillos. No quiere los reflectores de la prensa, pero no amaina sus quejumbres que le relucen sus dividendos. Ergo, ¿lágrimas de cocodrilo? Ahora, eso de que te llamen hijo de "recambio" (de repuesto), cala, dicho sea.