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TRIBUNA

Espías

Juan José Vijuesca
jueves 09 de febrero de 2023, 20:11h

Siendo fino, es decir, sin recurrir a la fonética vulgar, lo de amancebarse en fornicio de mutuo acuerdo es algo que viene de antiguo; de manera que todo lo demás son ganas de buscar en el Decamerón la letra pequeña que utilizan las entidades bancarias para aplicar tarifas según conveniencia. Inútil empeño cuando los entendimientos traen causa natural de lo que significa copular, fornicar, cubrir, aparear, ayuntar e incluso practicar el acto sexual, sin necesidad de utilizar otras definiciones más grotescas para decir lo mismo y además carentes de swing.

Las tentaciones de la carne son siempre llevaderas cuando éstas provienen de la eclosión hormonal y sin estar bajo tutela de opiáceos y demás especias, trucos o elementos que distraigan la voluntad de la carnalidad propiamente dicha. Llegados a este punto y por consentimiento explícito entre adultos, se produce lo inevitable: el soneto del placer.

A partir de aquí, mezclar sexo y espionaje ha sido algo de gusto y regusto para todo ese entramado de los secretos entre países rivales. Un tostón de tomo y lomo si no fuera por la erótica del espía o la espía protagonistas de la acción. Una vez consumido o consumado el gozo, que no todo el monte es orégano, cada cual a lo suyo y gracias por los servicios prestados.

Hace unos días se ha destapado en Cataluña la intervención de un policía infiltrado, o sea, espía en ejercicio, pero que previa a esa secreta labor una serie de mujeres han calentado cama con él de manera tan consentida como dichosa. En su día a día, él continuaba con su reservado cometido asignado, mientras ellas, parece ser que en número de ocho, mantenían su actividad laboral como joviales oropéndolas en flor volando sobre campos de independentismos, activismos y ejercicios de antisistema diversos.

Confieso desconocer que este tipo de actividades pudieran estar sujetas a demandar a los espías por no haber anunciado previamente su naturaleza. Según parece, las mancebas en cuestión, una vez favorecidas muto proprio al regocijo carnal, han denunciado al policía nacional, que a decir de su letrada: “Se acostó con ocho mujeres activistas antisistema que no sabían que era un agente” La querella presentada se sustenta sobre un infiltrado en movimientos anticapitalistas por sexo a cambio de información. “Relaciones Sexoafectivas” lo definen las abogadas en la querella. Caso curioso porque tengo entendido que el yacer en consentimiento no conlleva obligación de poseer bula papal ni tampoco tener a un notario delante; por no citar la exigencia de enseñar la última declaración de la renta o un certificado de estar al corriente de pago del IBI.

Si un hombre o una mujer, además de ser espías son apuestos, tipo cañón, tienen muchas posibilidades de conseguir lo que buscan. Hace tiempo alguien, amigo de otro alguien, me contó la historia de uno de esos tipos entregados a averiguar informaciones secretas. “Aquél hombre tenía buena planta, según ella estaba como un queso, y ella calzaba el clásico 90-60-90 (aunque parece que el nuevo canon curvy está en 99-63-91) y claro, la cama se los comió a los dos. Él se dejó hacer de manera gozosa y como suele ser en esto del espionaje, consiguió su objetivo, que no era otro que encontrar el mayor de los misterios de la humanidad conocido como punto G”.

Hay que reconocer que los secretos de cama (antes se decía de alcoba, pero queda anticuado) ha sido y sigue siendo uno de los principales métodos para conseguir revelaciones increíbles, ya saben, expedientes clasificados de alto secreto, entre los cuales estaba el susodicho punto G. Lo que sucede es que en el jergón de lo carnal, tanto ellos como ellas no reparan en minucias cuando el gusto al cuerpo desabrocha el éxtasis de lo más recóndito y el confesionario se abre de par en par.

Comprendo que ese grupo de mujeres hayan menospreciado al sexo como arma de seducción haciéndolo a toro pasado, claro está, pero es que el cuerpo de policía, ya sea el masculino como el femenino, suelen dar ese canon que tanto gusta a los mortales. Es una simple cuestión de saber valorar la belleza en su más noble y respetuoso concepto. Ahora bien, enrollarse de común acuerdo no es un tema baladí cuando lo carnal supera a las debilidades ideológicas de grueso aburrimiento como resulta ser eso del independentismo y otras fanfarrias asociadas.

En fin, que por buscar donde no hay para la demanda interpuesta, o la ofensa viene por un gatillazo, cosa que según la oficina de recuento de orgasmos no fingidos lo ha descartado, o es que en la desnudez del acto hay cierto desorden anatómico y de ahí la flaqueza de memoria lasciva y el rencor de las ofendiditas; y esto, según parece, tampoco fue la causa, puesto que alguna de estas mujeres repitió en gusto y desahogo con el policía-espía. De manera que hubo chispa y pasión a porta gayola, lo cual dice mucho en favor de las excelencias físicas de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que no solo pusieron pica en Ramblas, sino que izaron la bandera de España para honra del cuerpo.

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