Con cientos de miles de bajas militares, el conflicto ha provocado el éxodo de 14 millones de ucranianos, el mayor en Europa desde la II Guerra Mundial.
Este viernes se cumple un año desde que la Rusia de Putin comenzara lo que iba a ser una “guerra relámpago” contra
Ucrania para anexarse territorios en una operación fulminante que exhibiera el poderío ruso capaz de anexionarse territorios que consideraba “suyos”.
Doce meses después, los planes rusos se demostraron insolventes frente a una Ucrania que no sólo resistió los primeros embates sino que a estas alturas ya ha recuperado parte de los territorios que perdió en las primeras semanas. Con el apoyo de Occidente a Ucrania, el conflicto no sólo no ha terminado todavía sino que tiene visos de enquistarse y convertirse, si no lo es ya, en una guerra de desgaste sin una negociación para la paz en el horizonte.
Unos 1.500 kilómetros forman el frente de guerra que cruza de norte a sur el este de Ucrania. En estos 365 días, se cuentan por cientos de miles las cifras de muertos y por millones la de los afectados. Las estimaciones de bajas militares bailan entre las 100.000 ucranianas y 180.000 rusas que se barajan desde Noruega y otras que hablan de 150.000 en cada bando.
La población civil ucraniana, por su parte, suma unos 8.000 fallecidos, según la Comisión de la ONU para los Derechos Humanos. No sólo como resultado de bombardeos sino también en acciones ya declaradas como crímenes de guerra. El mismo organismo, que aclara que la mayoría de fallecimientos se produjo en marzo de 2022, calcula por cientos las víctimas a sumar cada mes (200 en enero). Estimaciones que calculan por lo bajo, ya que además del oscurantismo en las cifras militares, faltan datos más precisos de las ciudades en el frente de batalla.
El mayor éxodo en Europa desde la II Guerra Mundial
Otro duro precio a pagar por Ucrania en 12 meses de guerra ha sido demográfico: unos 14 millones de personas, aproximadamente un tercio de su población antes de la guerra, dejaron sus hogares, seis millones como desplazados internos y ocho millones como refugiados en el resto de Europa.
Polonia fue desde el inicio de la guerra el gran lugar de asilo para este éxodo ucraniano, y se mantiene como tal, con 1,5 millones de refugiados. Otros países vecinos a Ucrania como Rumanía, Moldavia o Eslovaquia también acogen importantes comunidades (de unos 100.000 cada uno), pero a lo largo de 2022 buena parte de los refugiados ucranianos se asentaron más al oeste: Alemania acoge 889.000, República Checa 489.000, e Italia, España y Reino Unido 160.000 cada uno.
Europa más unida, Putin aislado
La reacción de la comunidad internacional ha marcado el cambio en el tablero geopolítico mundial. El bloque europeo y la OTAN, con EEUU al frente, han estrechado aún más sus lazos pare reforzar la respuesta de Ucrania a Rusia. Si una de las razones que esgrimía Putin para la invasión fue la posible influencia de la OTAN en Ucrania, tiene ahora a Suecia y Finlandia a la espera de su membresía y a los países bálticos mirando a Europa para tratar de protegerse frente a las amenazas de Moscú.
Putin, desde su torre de marfil en el Kremlin, manda su represente de Exteriores, Sergei Lavrov, a estrechar lazos con los aliados clásicos: Bielorrusia, Irán, Siria… y China.
El papel de China
El gigante asiático se mantiene aún en un territorio indefinido pese a los intentos rusos de que se declare de su parte. En su búsqueda de un aparente papel “neutral”, China no ha condenado con firmeza los ataques rusos y sólo ha mostrado “profunda preocupación”. En estas fechas cercanas al primer aniversario su postura afronta unos días clave. El jefe de la diplomacia china, Wang Yi, visitó esta semana Rusia y se espera que este viernes dé detalles sobre un posible plan para negociar el fin de la guerra.
Ucrania, por su parte, aún no se ha reunido de manera oficial con China y se muestra cauta ante estos movimientos. “El hecho de que China haya comenzado a hablar de Ucrania es muy bueno. Son los primeros pasos y no es algo negativo", dijo Zelenski este mismo jueves.
Además, señaló que sería deseable que se produjera una reunión entre los Gobiernos en Kiev y en Pekín y añadió que dicho mensaje ya ha sido enviado a través de las vías diplomáticas.
Las amenazas nucleares de Putin
Atrapado por la falta de éxitos bélicos y ahogado por las sanciones impuestas desde Occidente, Vladimir Putin amenaza al mundo con sacar a relucir el armamento nuclear ruso. Este mismo martes, en su discurso sobre el estado de la Nación, Putin avanzó que Rusia salía del tratado sobre armas nucleares bilateral con EEUU New Start. Un colofón a su repetidas amenazas de “no tener miedo” a usarlas. Hasta ahora, el Fondo de Bienestar Nacional, con unos 150.000 millones de dólares en la hucha, ha permitido a Rusia hacer frente a las sanciones occidentales.
Tras el comienzo de la acciones bélicas, los pronósticos auguraban que la economía rusa se contraería este año hasta el 12 por ciento, pero la disminución de PIB fue del 2,5 por ciento, según datos preliminares del Ministerio de Finanzas y del BCR.
El sistema financiero ruso se adaptó rápidamente a restricciones como la desconexión de los bancos del sistema de transacciones bancarias SWIFT y de los sistemas de pago como VISA o Mastercard.
Pero la marcha en estampida de numerosas grandes empresas y marcas occidentales del mercado ruso, que se manifiesta en tiendas cerradas en los centros comerciales, ha sido para el común de los ciudadanos una demostración del rechazo causado por la campaña militar en Ucrania allende las fronteras de Rusia. "Muchas de ellas salen de nuestro mercado por presión de sus gobiernos. Que les vaya bien. Pero por dejar nuestro mercado sufren enormes pérdidas", sostuvo el año pasado Putin.
Sin embargo, la economía rusa solo este año comenzará el sentir el impacto del golpe más duro para sus finanzas: el veto de los países del G7, la Unión Europea y Australia a las importaciones de petróleo ruso Urals y la imposición de un precio tope de 60 dólares por barril para su venta por vía marítima, que entró en vigor en diciembre.
Las autoridades rusas esperan que este año los sectores del gas y el petróleo aporten al presupuesto federal 8 billones de rublos o unos 117.000 millones de dólares, que constituyen el 30 % de la partida de ingresos, todo esto calculado a un precio promedio anual de 70 dólares por barril de crudo.
El pasado día 10 el BCR modificó a la baja, hasta los 55 dólares, su previsión del precio promedio anual del barril de Urals, que se negocia en los mercados mundiales por debajo del tope occidental. Para "restablecer las relaciones de mercado", el viceprimer ministro ruso, Alexandr Novak, anunció que en marzo el país reducirá las extracciones de crudo en 500.000 barriles diarios, un 5-7 % de su producción.
El futuro del conflicto
Hace nueve años Putin devolvió el orgullo a los rusos con la anexión ilegal de la península ucraniana de Crimea, un acontecimiento que desató un júbilo sin precedentes desde la caída de la URSS. No obstante, hace un año declaró la guerra a Occidente.
Algunos expertos consideran que los delirios de grandeza del presidente ruso le han cegado el juicio. El control del mar Negro ha sido vital para el Kremlin desde el advenimiento del Imperio Ruso en el siglo XVIII. La incorporación de Crimea (2014) garantizaba la hegemonía rusa en la región, pero Putin quería más.
Putin ha comparado la "operación militar especial" con la Gran Guerra Patria contra la Alemania nazi. No obstante, ha fracasado a la hora de convencer a los rusos de que ésta es una guerra de liberación nacional.
Como en el caso de Stalin, el fin justifica los medios. Según diversas fuentes, decenas de miles de rusos han muerto en Ucrania, pero Putin aún se ha atrevido a utilizar todo el potencial militar de su país en aras de una aventura que él considera "noble".
El riesgo limitado de una victoria sobre Kiev en cuestión de días era asumible, pero una campaña que se prolonga ya durante doce meses obliga a Putin a adoptar medidas de mucho mayor calado para el futuro de su país. Al fin y al cabo, se juega su legado de salvador de la patria. Aunque la élite política y económica rusa no cree rentable pagar un precio tal alto, la derrota no entra en los planes de Putin.
A Zelenski le costó que lo tomaran en serio en Occidente, pero lo ha logrado. Se ha convertido en la vanguardia de la resistencia contra la tiranía al llevar su lucha a todos los rincones del mundo.
Putin nunca lo vio como un interlocutor, ya que lo consideraba un dirigente débil. Apostó por que capitularía en los primeros compases, pero ha tenido que tragarse sus palabras. Zelenski es dirigente de un país agredido, pero se dirige todos los días a sus ciudadanos y no deja de recibir visitas internacionales. Putin es el que parece vivir aislado en su búnker.
En el último año el líder ucraniano ha roto muchos tabús. Tras seis meses de guerra, EEUU aceptó suministrarle armamento pesado, lo que permitió a Kiev recuperar terreno en el este. Ahora, Zelenski ha arrancado de Occidente el envío de tanques, cruciales para frenar la próxima ofensiva rusa, y ha acercado a su país a Unión Europea y la OTAN.
Ambos buscan ahora el triunfo completo de los suyos sobre los otros, sin atisbo de apertura a la mínima negociación. El papel de China para apaciguar los ánimos de un Putin que mira de soslayo el botón nuclear ante la falta de victorias se aventura clave para la resolución de un conflicto cuya resolución se aventura aún lejana.