Entre la premura y la palpitante actualidad, el año ya alcanza al día de San Patricio, 17 de marzo, cundiendo esa moda de los últimos lustros alumbrando de verde ciertos edificios emblemáticos en todo el mundo, uniéndose a la festividad irlandesa que lo exalta con tales y tréboles, duendes, gaitas –si se puede– y las estampas más características de la verde Erín, como portar una prenda verde o aclamando al Batallón de San Patricio en su heroíca deserción, uniéndose a las tropas mexicanas contra los invasores yanquis de 1846-1848, acercando más a Irlanda con México, mirándose similares como dos países de tradición católica contiguos a dos potencias avasalladoras no católicas. Símiles propicias a evocar al santo patrono situado en la decimonónica Capilla Británica en la Ciudad de México, portando un trébol. Deseo que le sea un día benigno teñido de verdor.
Por otro lado, nos entusiasmó el oscar alcanzado por la mejor película animada, Pinocho, del director mexicano Guillermo del Toro –que ya suma 3– y si bien se presentía desde hacía meses, no cantó victoria hasta que se alzó con la estatuilla. Es un trabajo loable, un esfuerzo notabilísimo y engalana al cine mexicano, que la considero parte de tal acervo, pues como sea, es creación del director mexicano. Mi reclamo es a la voz en español del personaje central. Fea. Me exaspera.
Más polémica y descorazonadora resulta la reciente encuesta publicada por Oxfam, cuyos mapas mostraban la actividad a la que más aspiran los jóvenes iberoamericanos en cada país, de forma abrumadora, resultando un tanto decepcionante: quieren ser influencers. Influentes, sugiere decir la RAE. Eso piden y eso anhelan. ¡Recórcholis! Y en todos los países que conforman esa región. Mírese con cuidado: hay tela. Cala. Ser líder de opinión, no está mal. Ser seguido y marcar tendencia, va. Si bien es cierto que al influencer se lo mira y describe navegando en cierta frivolidad de intenciones, con todos los matices que supone eso de serlo yreconozcamos que puede ser positivo que inspire y se quiera ser como tal, aunque no suena muy académico desearlo ni ejercer de al parecer que se trata de una actividad no reclamante de preparación previa, profunda, no obstante que es importantísima, ya que suena más a algo que se sube a tontas y locas a Youtube o a TikTok y otras plataformas; y a que improvisar es lo de hoy o que el rebuzno, paga y mucho, porque los influencers lucen forrados.
Se presume –comiéndonos el coco soñando con ganar carretadas de dinero como influencers por decir bobadas – que bastaría con ser jóvenes desaliñados más que desenfadados, viajeros todo pagado por el mundo patrocinados, diciendo tonterías o, al menos, sin responsabilidad de todo cuánto afirman o hacen. Sin escrutinios bajo una vida regalona. Suena atrayente.¿Qué alguien sí los cuestiona? será por jodón. Todo indica que hay una masa absorta, dispuesta a pagar por ello y a celebrarles todas sus ocurrencias embolsándose millones. No me extraña que atraigan tanto. ¿Qué eso de ser influencer es otra cosa a lo descrito? pues…no es el mensaje que envían. Deje usted que si son muy seguidos y queridos. Ese no es el punto. Los millones embolsados es lo que importa, porque ahí radica el entusiasmo por seguirlos, admirarlos y aspirar a ser como uno de ellos. En defensa de la opción –¿debemos llamarla espejismo?– diré que está el caso del mexicano Javier Ibarreche, que de ser profesor de secundaria mutó a influencer experto en temas de cine y se coló a la entrega reciente de los premios Oscar.
A mis alumnos de Comunicación, cuyo talento es innegable, les tengo dicho que deben de estudiar. Tema que cojan, tema que estudien. No hay opción si quieren el reconocimiento y una proyección a toda prueba. Parece que voy a contrapelo de los párrafos precedentes, ¿no es cierto? Hoy, más que pelear la libertad de expresión, hay que dar la batalla por la inteligencia en la libertad de expresión ganada. Sí, habrá quien se enoje por decirlo, pero resulta que es la inocultable verdad que impera, pese a todo y después de todo. Me ataca un influencer mexicano como Luisito Comunica que se pasa por Sevilla "descubriéndola" y sin nada interesante qué decir de tal, por notarse que no se ha leído ni la Wiki, siquiera. Qué pena, porque Sevilla es el no va más. En la acera de enfrente, un chaval español no tan chaval, se jactaba de transmitir los premios Goya por Twitter y los iba a "comentar". Pues eso. Cuando inició la entrañable sección In Memoriam espetó "esta sección no sé cómo se llama". Así. Y mientras repetía estar transmitiendo él solito, quizá, los Goya (guiándonos, supongo), de plano se notaba a leguas que desconocía los rostros que pasaban frente a sí, sin decir ni una palabra para Gina Lollobrigida o los reconocidos españoles Jorge Fons, Carlos Gil, Francisco Merino, Juan Antonio Quintana... Así, resultaba demoledor que estuviera "guiando" a los espectadores. Qué penoso resultó. Es que de verdad, parece que mientras más ignorantes, más se les admira. Patético. Y ¡claro! ellos se escudan en que lo rélax y tal, es lo que impone. ¡Qué bueno que los jóvenes quieran ser influencers! Yo eso no lo condeno. Si cuestiono la ignorancia lucidora de quien coge el micrófono o se pone frente a una pantalla. ¿Será que eso es ahora el talento? pues, de ser así, no me agrada, por menguar.
Como sí me agrada que el presidente mexicano mandara al Diablo a un par de legisladores yanquis –ilustres desconocidos– y su perorata, de esas que da igual de quiénes sean por nimia y majadera de revulsivos motivos. No como el priista Luis Videgaray que, además de afirmar al llegar a Exteriores un estólido "vengo a aprender", se quedaba tan orondo, vergonzosamente callado ante las tonterías que se suelen decir en Estados Unidos. Con desparpajo propio de taberneros del Viejo Oeste, piden declarar a los cárteles de la droga mexicanos como terroristas, como antesala para enviar tropas a México para combatirlos, exigiendo que México ceda, porque se conduelen culpándolo del fentalino que entra a su país y de 70 mil muertos que deja al año. No les parece nada mal que las empresas armamentistas vendan tantas armas a esos carteles, robusteciéndolos. Callan la corrupción estadounidense que campea allá, tolerante de la droga, tibia en su combate y prevención, de esfuerzos paupérrimos y mientras los gobiernos estadounidense y mexicano se culpan de esfuerzos insuficientes cada día y cada día los timoratos metomentodo embajadores yanquis, uno tras otro, cacarean que se incrementen. Esta vez se respondió. Así digan Pompeo y Trump que sometían a López y a su secre Ebrard. Pueden decir misa. Pompeo es un impresentable y Trump, ya se sabe. Y desde luego, exigir y amagar con ingresar tropas yanquis a México, cuando en su país no han hecho lo propio desatendiendo los deberes, es insolente y estúpido. Tienen bastante qué hacer en sus calles antes que mandar tropas a ninguna otra parte. Su mercado llama a la droga y eso es lo importante.
Después de todo, López Obrador ha defendido a su país y ha respondido adecuadamente, como en su día lo hizo Madeleine Albright. En 2000, luego del fraude electoral en Florida, Hugo Chávez se mofó del cochinero floridano diciendo que, acaso, era tiempo ya de enviar tropas a Estados Unidos para que prevaleciera la democracia y poner orden en ese sitio. La mofa perfectamente bien hilvanada, calcando las atrocidades y atropellos yanquis en el vecindario, caló y no pasó desapercibida en Washington. Al día siguiente, con cara de vinagrillo, la conspicua secre de Estado refunfuñó que a EE.UU. no entraban tropas de nadie. Mírala. ¿Verdad que no es lo mismo amar que ser amado? pues eso, así se le respondió esta vez. ¿Qué Biden firmó decreto para restringir la venta de armas? Qué bueno. Ya era hora de que empiece a hacer algo serio. Y dígase: ¿crece el número de drogadictos en EE.UU. por culpa de los cárteles mexicanos? ¿en serio? ¿nada qué decir de sus patologías sociales? deberían de hacerlo, listillos.
Hay cosas más importantes dónde centrar la atención, como el décimo aniversario del papa Francisco en el solio pontificio. Ya fallecido BXVI, queda con el escenario entero para sí. Entre rumores de renuncia, salud menguada, Iberoamérica pasándose por Roma como Pedro por su casa, con puestos claves en manos de cercanos argentinos (como Ratzinger se allegaba de alemanes) y con entrevistas en español, el muy criticado pontífice nos es cercano, reconózcase. Y no tendrá un secretario como el de BXVI que ha sido acallado por imprudente. Después de todo, Francisco no es del ala liberal de los jesuitas. Así que algo de conservador sí que tiene. Hoy se menciona que está entre dos fuegos (¿cuándo no lo está el Papa de turno?) pero ha llevado la Iglesia con mano firme y eso ha sido esta década. ¿Qué permite ritos a la Pachamama? va. Yo tampoco me siento cómodo. Igual reclama no encubrir la pederastia. Eso no ha de ser malo a los ojos de Dios.