La ausencia del balear en Madrid dispara las alarmas relativas a su posible retirada del tenis.
El pasado 18 de enero amaneció España con una noticia inesperada: Rafa Nadal caía eliminado en la segunda ronda del Abierto de Australia. No sufría un derrota el zurdo legendario en esa altura de un Grand Slam desde Wimbledon 2015. Sin embargo, lo peor de la información llegada desde Nueva York no se refería al resultado de su partido frente a Mackenzie McDonald. El meollo del problema estaba en el físico del mejor deportista español de la historia. En el segundo set, con 4-3 en favor del estadounidense, llevó su cuerpo al límite para defender una bola complicada y se hizo daño. El mal gesto le ocasionó un dolor intenso en su cadera izquierda. No quiso retirarse y aguantó hasta el final, con su gallardía acostumbrada.
En la rueda de prensa posterior explicó lo sucedido con más sinceridad que garra. "No sé qué es exactamente lo que tengo. Tengo problemas desde hace algún tiempo en la cadera. Los he tenido en el pasado, aunque esto no me había impedido jugar. No sé lo que voy a tener que hacer para lidiar con esto. Voy a hacerme pruebas. Tengo un histórico en la cadera, es evidente, pero nada como lo de hoy. Pero, como no sé lo que es, tampoco vamos a aventurarnos ni yo ni nadie a poder especular, porque al final habrá unas pruebas que nos lo van a decir. A partir de ahí, veremos lo que ocurre", declaró. Las pruebas llegaron y confirmaron una dolencia en el psoas ilíaco.
"Toca aceptar la situación. Al mal tiempo, buena cara. Pero, sí, estoy cansado de todo lo que ha ocurrido estos últimos meses", añadió, todavía en las instalaciones del Arthur Ashe Stadium neoyorquino. Ahí reza la clave de la preocupación que ronda a la figura actual de Nadal. Su cansancio mental puede estar acercando de forma definitiva la posibilidad de una jubilación que ya estuvo cerca antes de su enésimo renacer, en 2022, cuando resucitó a su cuerpo para ganar el Grand Slam de Melbourne y conquistar su 14º Roland Garros. En aquella travesía por el desierto con final feliz ya le rondó la idea de la retirada. Ahora está inmerso en un marasmo más profundo, pues se ha convertido en padre y el reparto de las prioridades, como es normal, ha cambiado.
La situación real
Su mujer, Xisca Perelló, rompió a llorar en cuanto vio a su marido lesionarse frente a McDonald. Ella y el entrenador Carlos Moyá sabían que se acababa de detonar la lesión que llevaba tantos meses esquivando Rafa. La cadera dijo basta y le abrió un periodo de baja que se ha estirado mucho más de lo que la mentalidad de un deportista de 36 años puede conjugar a estas alturas. Inmerso en su labor como cabeza visible de su fundación, que no ha parado de generar iniciativas solidarias, Nadal se ha llegado a ver forzado a aclarar que no puede volver a las pistas todavía. A finales de marzo David Massey, director del Masters de Montecarlo, se aventuró a proclamar que el genio balear iba a reaparecer en su torneo.
"No sé cuándo volveré a jugar, esa es la verdad. No sé de donde sale esa información, pero, evidentemente, si fuera cierto lo confirmaría. Desgraciadamente no lo puedo hacer (...) Sigo mi rumbo y no sé cuándo volveré a jugar, esa es la verdad. Estoy en una fase de incrementar el trabajo. Si supiera cuando voy a volver lo diría, pero no lo sé", explicó el protagonista. Y añadió lo siguiente: "Tenemos que ir a día a día y no adelantaré algo que después no podré cumplir. Diré las cosas cuando las sepa realmente".
La incertidumbre se ha ido alimentando de manera irremediable. La afición mundial y sus propios colegas, en los circuitos masculino y femenino, temen que haya llegado el final de la carrera de un tenista sin par. Antes de lesionarse en Nueva York, Nadal concatenó derrotas y malas sensaciones en París-Bercy y las ATP Finals. Estaba fuera de forma tras asistir al nacimiento de su pequeño. E hizo una excepción en su cierre de 2022 para despedir a su amigo Roger Federer. Sólo compareció en la Laver Cup para jugar con el suizo un partido de dobles. Fue el emotivo último encuentro profesional de la leyenda de Basilea.
Cambio de rumbo
En esta temporada debutó en la United Cup, un torneo de preparación para el Abierto de Australia. Perdió los dos duelos que jugó, ante Cameron Norrie y Álex de Miñaur. Ese es el rendimiento previo a la lesión de grado dos en el psoas ilíaco de su pierna izquierda, la dolencia que le ha negado la participación en los Masters de Indian Wells y Miami, el Conde de Godó y, tal y como se ha sabido este jueves, el Masters de Madrid. Él mismo ha querido exponer la realidad de su situación, con la honestidad que le es propia.
"Han sido unas semanas y unos meses difíciles. Como sabéis me hice una una lesión importante en Australia, en el psoas. En principio tenían que ser de seis a ocho semanas de período de recuperación y ya vamos por la catorce. La realidad es que la situación no es la que hubiéramos esperado. Se han seguido todas indicaciones médicas, pero la evolución no ha sido la que en principio nos dijeron", ha avanzado en una declaración en la que ha aclarado que "nos encontramos en una situación difícil". "Están pasando las semanas y tenía la ilusión de poder jugar en torneos que son los más importantes en mi carrera como Monte Carlo, Barcelona, Madrid, Roma, Roland Garros y de momento me he perdido Monte Carlo y Barcelona", ha lamentado.
Nadal ha indicado que "la lesión sigue sin curarse y no puedo trabajar lo que necesito para competir". "Estaba entrenando, pero ahora hace unos días hemos decidido cambiar un poquito de rumbo, hacer otro tratamiento y ver si las cosas mejoran para intentar llegar a lo que venga". "No puedo dar plazos porque si los supiera os lo diría pero no lo sé. Esta es la situación actual", ha afirmado. Y ha cerrado su reflexión de este modo: "No me queda más que intentar estar con la actitud adecuada durante todo este tiempo, intentar darme la oportunidad de competir en alguno de los torneos que queda de la temporada de tierra y no me queda más remedio que trabajar y estar con la mentalidad adecuada". La actitud y mentalidad adecuadas, reitera. En ese terreno, el mental, está jugando Rafa el partido más complicado para seguir jugando al tenis. Su objetivo primordial, además de poder competir sin dolor, es Roland Garros. Y quedan sólo 39 días para que el planeta tenístico dirija su mirada hacia París.