«Sucede así», podríamos decir, porque así comienza una historia en dos tiempos y un encuentro que en realidad no sucede, o sucede solo si queremos imaginarlo así. Porque la vida anterior a la que hace referencia el título no aparece en el relato. Estamos ante una muy sugerente novela breve, que a mí me ha enganchado desde el principio, por el lenguaje, la expresión, la manera de entrometerme en el personaje.
Ella, la protagonista de la primera parte, en esta novela que se divide en dos de manera muy desigual, nos hace percibir lo que siente, que es más que lo que le pasa. Lo que siente cuando un fantasma la enfrenta a la angustia y al −quizá− sinsentido de cuanto vivimos porque así toca hacerlo. La segunda parte, una breve aparición, provoca el encuentro entre ambos personajes, aunque se puede entender como un desencaje, ya que resulta difícil resituar el nuevo personaje, la nueva visión en que nos adentramos: la del otro, ese niño que hemos visto como un fantasma.
Estoy siendo críptica, me temo, y por lo mismo creo que esta novela no enganchará a quienes buscan historias lineales, de las que la literatura nos propone algunas lecturas magníficas; esta, sin embargo, es una novela que nos adentra en el sentimiento. Desestabilizándonos, como le ocurre a la protagonista. Y al niño, ese otro personaje con similar importancia. La angustia y la culpa. O cómo la vida les ha impregnado a ellos de ese sentimiento.
En realidad, no. Ella es una joven empleada de una inmobiliaria que tiene una vida ordenada, en la que es estricta, pulcra, cumplidora. Como tantos de nosotros, como aquellos a quienes consideraríamos personas con una vida normal, asentada, tranquila. Ella, también como tantos, vive una vida en la que una cosa lleva a la otra. Como tantos que no por eso somos infelices.
Hasta que se acaba. Hasta que algo hace clic en su cerebro y decide que esa no es la vida que quiere vivir, y empieza a verse a sí misma y a los demás con ojos de quien lo ve todo desde fuera. A la vez que se introduce, y nos introduce, en «la banalidad y la contundencia de un sentimiento, una intimidad ajena». Porque de eso trata la novela. De sentir nosotros mismos cómo se le trastoca la vida a un ser al que no parece haberle ocurrido nada que lo provoque, y cómo se enfrenta a la vida que ha estado viviendo y que, de repente, se acaba.
Va de fantasmas, o de realidades mágicas, porque los dos personajes podrían no haberse encontrado, y quizá no lo han hecho, pero se han enfrentado: una casa vacía que la inmobiliaria tiene encargado vender, y los sentimientos que arraigaron en esa vida que la casa tuvo antes de quedarse vacía y estar disponible para la venta, y cómo un vacío la enfrenta a Ella a una vida que significa, en realidad, ver el sentimiento que nos rodea, y comprometerse con él.
Lo mejor de esta novela es cómo la cuenta Andrés Barba, un autor imprevisible, ganador del XXXV Premio Herralde de Novela con República luminosa. Cada una de sus ya numerosas novelas tiene algo de nostalgia, mucho de sinsabores y otro tanto de intromisión en el sentimiento. Esta, para mí, es una de las más logradas.