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TOROS

Feria de San Isidro: la puerta grande de Emilio de Justo entre truenos y relámpagos

Feria de San Isidro: la puerta grande de Emilio de Justo entre truenos y relámpagos
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(Foto: Efe)
jueves 11 de mayo de 2023, 22:27h
Actualizado el: 12 de mayo de 2023, 07:55h

No fue por las condiciones climáticas, sino porque la plaza se lleno de cargas eléctricas. Los seis de Garcigrande de parejas hechuras, pero dispares edades brindaron un juego desigual. Emilio de Justo fue ovacionado y aquí comenzó un espectáculo.

A José Antonio Morante de la Puebla le bastaron 3,5 minutos y tres pinchazos para firmar el acta de defunción de Patrón (1º 10/18). Este, se resistía a caer. Morante y su cuadrilla daban la vuelta al ruedo encabezada por el toro que sobrevivió más de una docena de golpes de verduguillo. En realidad , las desgracias de este ejemplar de Garcigrande empezaron al asomarse por los chiqueros: recibió 5 varas que provocaron toda una rebelión en el 7. Hasta se pidió la dimisión de la Plaza 1.

Tramposo (4º 11/17) no fue fácil, rehuía el capote más que Morante le rehuía a él. El diestro batió el record de la faena anterior: 2 minutos. ¡Qué decir de la suerte suprema! Un escándalo abrasó los tendidos.

Emilio de Justo logró abrir la Puerta Grande. Zambullido (2º 4/18), galopaba alegre e iba por libre. Aprovechó que el peón estaba distraído, mordiendo el capote, y recorrió el redondel para tomar la vara del que guardaba la puerta. Otras tres varas por acudir voluntarioso a la montura. La faena, imponiéndose sobre el vendaval, en los terrenos del 5. Emilio de Justo la compuso de series solidas, muletazos firmes y templados. La estocada a la tercera. Con Valentón (5º 3/18) llegó la gloria: una faena fue celebrada por su ligazón, variedad y, sobre todo, pases por ambos pitones que quitaban el aliento por su valor estético. Todo esto aderezado por el peligro del bicho que se ceñía y los tiempos esmeradamente calculados. La espada entera con cierta tendencia hacia el cuello. Dos trofeos. Una vuelta al ruedo al toro.

Tomás Rufo se enfrentó con mucho ánimo a Cuarenta y tres (3º 2/19). El toro más joven de la corrida recibió unas varas muy barrenadas. Al brindar al público la montera quedó de canto. Hubo suerte: logró un trofeo. El animoso comienzo de rodillas no logró ocultar la pérdida de pasos y un desarme que le dio el astado por arrimarse Rufo a él más que a su novia. El público se quedó a gusto con unas series ajustadas, ceñidas. Y con su disposición valiente. El estoque desprendido. Ovación y protestas en los tendidos por la oreja. Lo que sucedió a Centenero (6º 1/18) es harina de otro costal: Rufo no se sobrepuso ni al bicho, ni al público. Una obra descompuesta.

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