Un nuevo no hay billetes en el centro lúdico-taurino de Las Ventas. Mas se veía el cemento: la reventa se quedó en números rojos. El cartel con un aliciente del regreso de Sebastián Castella resultó soso. Los toros, de embestida suave, sin fuerza, unas malvas: los cinco de Jandilla y uno de Vegahermosa.
De la primera lidia lo más original ha sido el color de los garapullos un morado clarito. Los críticos ya le bautizarán con algún renombre poético como "nazareno desteñido". Histérico (1 10/18) fue recibido con los flexionados de tango, es decir, echando la pierna p'atrás sin cargar la suerte. Sebastián Castella estuvo hábil en mantenerlo en pie y hacerle unas tandas. La estocada caída y trasera. José Chacón se destacó tanto con los rehiletes como en la brega de Rociero (4 11/18). Rafael Viotti ovacionado. Castella arrancó con unos estatuarios, las primeras tandas iba muy despegado, pero como Rociero con su buen son animó al diestro, éste se acercaba poquito a poco. Cuando comenzaron las tandas buenas, alguien del tendido pidió más distancia para el bicho y Castella se alejó para acercarse enseguida. ¿Qué ha sido esto? ¿Una innovación que viene a cambiar la faena moderna? No lo sé, lo que sí sé es que anda más que torea. De milagro, surgió una tanda de cuatro naturales ligados, ceñidos, lentos que levantaron al público del asiento. ¡Qué poco nos basta para la felicidad! Castella creció al calor de los aplausos se ciñó, hubo un par de temeridades y una estocada entera. La Puerta Grande.
Manzanares con el ánimo que le caracteriza hizo unos capotazos que recordaban el anuncio de Adolfo Dominguez: la arruga es bella. Lodazal (2 11/18) se mantenía en pie y con esto estaba satisfecho, pero Manzanares porfiaba por torear: abanicó al toro parado llevando la muleta cogida por el extremo del palillo. Tumba al toro con un bajonazo y sale a saludar. Sin comentarios. Relojero (5 11/18) tuvo más suerte: Manzanares lo veroniqueó con estilo y abrochó con una revolera. La lidia desastrosa al toro escurridizo. Aguado hizo un símil de quite. La faena a trapazos. La suerte suprema tuvo su interés: Costillares nunca sospechó que el volapié se puede hacer a 5 metros de la cara del toro. Muerto a pinchazos.
Secretario (3 2/19) reventó las tablas atacando al carpintero quien tuvo la ocurrencia de hacerle cucamonas. Pablo Aguado le hizo dos medias veronicas y ahí se quedo. La faena fue larga y bochornosa: el toro sin moverse y el torero haciendo aspavientos.
El protagonista del último desastre de la tarde fue el varilarguero Mario Benitez: descabalgado por Iralimpio (6 9/18), le abrió el morillo a lanzadas de tal manera que Pablo Aguado solo quedaba colearlo para sacarle pases con la muleta. Aguado lo despachó a pinchazos.