El PP y Vox coinciden en buena parte de sus tesis políticas, en especial en la esencial: ambos defienden la Constitución del 78 y son partidarios de la Monarquía Parlamentaria. Sus posibles pactos, no deberían escandalizar a nadie; pero la entera izquierda española arremete contra esa “deriva reaccionaria” que se produciría. Sin pudor alguno, sin embargo, aplauden a rabiar que Pedro Sánchez haya gobernado con el apoyo de los comunistas, los proetarras y los secesionistas aficionados a los golpes de Estado. Peor aún: que se haya mantenido en el poder al hocicar y cumplir sin pestañear las exigencias de los que quieren destruir España y construir una República comunista. La lista es interminable; va desde los indultos a los condenados por el 1-O hasta los traslados a las prisiones vascas de los asesinos etarras, que a continuación son excarcelados con terceros grados y zarandajas de todo tipo. Pero la izquierda, desde el PSOE hasta Bildu, la que considera democráticos esos siniestros pactos, luego tiene la desfachatez de acusar de “fascista” un posible gobierno del PP apoyado por Voz. Y ése será el principal argumento de la campaña de la jauría de partiditos de izquierda y extrema izquierda que se extiende por medio país.
En efecto, para Feijóo resultaría más plácido gobernar en solitario, sin tener que pactar con Vox. Pero, según todas las encuestas, ese escenario se antoja improbable. Y Abascal no parece estar dispuesto a permitirlo, si es que está en su mano. Representantes de los dos partidos ya se reúnen para alcanzar algún tipo de acuerdo. Y como era previsible, han comenzado las tensiones entre el PP y Vox al abordar los pactos. Génova ha vetado a Carlos Flores, el candidato en Valencia del partido de Abascal que aspiraba a convertirse en vicepresidente. Pero el dirigente político fue condenado por maltrato y vejaciones a su ex mujer hace 20 años. Y, con toda la razón, el PP no lo admitía. El líder de Vox ha sido consecuente y ha cedido, retirando a Flores. Ya hay un principio de acuerdo, y, si nada se tuerce, el PP podrá gobernar la Comunidad de Valencia; se desconocen todavía los términos del pacto.
El PP, y lo ha repetido Feijóo en múltiples ocasiones, aspira a gobernar en solitario, lo que le beneficiaría política y electoralmente ante el 23-J, pues concentraría el voto útil de la derecha ante el riesgo de que la izquierda se haga con el poder. Pero en la mayoría de los casos, necesitará el apoyo o, al menos, la abstención de Vox, que tampoco puede poner demasiadas trabas en los acuerdos, pues podría ser el responsable de que la izquierda se hiciera con el poder.
Santiago Abascal sabe que su partido saldría muy perjudicado electoralmente si permite que la izquierda gobierne por su egoísmo, por su empeño en no apoyar al PP. Parece insistir en colocar a sus consejeros o concejales en puestos de gobierno para aparentar que ya forma parte del poder institucional. Amenaza, incluso, con provocar una repetición de las elecciones antes de “apoyar gratis” al PP. Aunque eso sería suicida para su partido. Pero quiere, con razón, que el voto a su formación no sea considerado inútil de cara a las elecciones generales. De ahí, el tira y afloja entre los dos líderes. La realidad, sin embargo, es que, unidos, PP y Voz, de momento, ganan el poder en más de 150 ciudades si suman sus votos. Pero Feijóo pondría contra las cuerdas a Abascal si se cierra en banda y no acepta gobiernos de coalición y, como consecuencia, la izquierda toma el poder. En ese caso, Vox perdería un puñado de votos en las generales. Y, en ese caso, el PP ahora se quedaría sin dirigir muchos Ayuntamientos, pero robustecería el voto de cara al 23-J.
Los dos líderes, en fin, están obligados a llegar a acuerdos para “derogar el sanchismo”, como desean sus votantes. Sería un error que el partidismo de unos y otros hiciera saltar por los aires algún tipo de pactos, aunque sea salomónico. Pero también hubiera sido una catástrofe política que un maltratador llegara a vicepresidente de una Generalidad valenciana gobernada por el PP. Como lo fue y lo es que el bocachanclas de Juan García Gallardo sea el vicepresidente de Castilla y León. En realidad, la espada de Damocles pende sobre las cabezas de Feijóo y Abascal. Parecen coincidir en que sus acuerdos servirán para aplastar el siniestro Gobierno de coalición. No será fácil. Y no pueden olvidar que la izquierda está al acecho y les atacará con sus muchas armas.