Terminó la primavera en el hemisferio norte de forma atropellada, candente –en lo climático y en lo político– anticipando un veranillo más ardiente, rusiente, si cabe.
Antes de repasar la vorágine informativa, refiero dos puntos impostergables: los 50 años de Informe Semanal que merecen destacarse. Un programa que, a mi juicio, apuesta por la neutralidad y la objetividad, contando con dos grandes méritos: pulsar el devenir del mundo y, en consecuencia, no encasillarse solo en asuntos españoles. Y todos los temas son abordados de una manera tal, que contribuyen a comprender los procesos. De ahí su valía y poderío. La segunda referencia es al magnífico trabajo de la reconocida periodista española Almudena Ariza. Con su profesionalismo y su don de gentes encabeza esta nueva aventura que es “Españoles en conflicto”. No idealiza a lo españoles por el mundo y editorializa lo justo. Enhorabuena por su extraordinaria trayectoria.
En contraste, han muerto recién dos periodistas mexicanos destacados: Ricardo Rocha y Nino Canún. Cada cual a su estilo, dieron voz a las masas.
La resonancia de los ecos de las elecciones del 28 de mayo en España, conducen mi mirada a Barcelona, donde el independentista Trias no gobernará. Su nuevo alcalde, Collboni, tiene la inconmensurable oportunidad de devolverle ese brillo a la Ciudad Condal que no ha tenido desde Maragall. No se trata de conseguirle otra sede olímpica, pero sí de hacer de la urbe aquella ese solaz de tolerancia e inclusión que me cuentan, algo ha perdido. Ojalá. A Pedro Sánchez lo miramos en ultramar como acorralado, requiriendo echar mano de todo cuánto le sea favorable de su gobierno hacia el 23-J. No la tiene fácil, pues el PP ha conseguido articular un discursillo puntual que va de vocablos como “sanchismo” a reclamar su salida. Lo que son las cosas: Ayuso se ha hecho a un lado para que el malmodiento Núñez Feijóo compita por la presidencia del gobierno. Nadie sabe para quién trabaja, no cabe duda. Dirán que no era su tiempo o es disciplina partidaria. En realidad, la han hecho a un lado en esta ocasión. Años atrás se la veía puestísima para el cargo.
Y en efecto, cada cosa recibe su debido tratamiento, El 23-J no eclipsa la boda gafada o no de la Falcó, la anunciada de Piqué -quien jamás casó con la Shakis– o el trepidante regreso de Ana Obregón a España y el sarao alrededor de esa ¿tataranieta o retataranieta? de Alfonso XIII, que está para comérsela. Todo trasciende. Como sería preferible que se evitasen incidentes como el de Vinícius. No es cosa nueva, ya Hugo Sánchez hace 40 años se quejaba de ser insultado desde el graderío. Famoso aquello de “indio lárgate a tu país”, mientras iba por el pentapichichi. Luego Eto’o. Ahora Vinícius. El fútbol español tiene un renombre mundial qué cuidar, una reputación no solo deportiva, como para dejarla en manos de los malos aficionados Las muestras de racismo comprometen su reputación. Ancelotti tuvo que fajarse ante negacionistas del racismo. La imagen no se queda en España, trasciende, llegándose a hablar en ultramar más de eso que de lo deportivo. Ahí el problema y ahí el riesgo de que se lo cuelgue cual sambenito. Ya no digamos que FIFA sea tan permisiva o tan silenciosa al caso.
Si las elecciones españolas del 23-J prometen en plena presidencia española pro tempore de la Unión Europea, las mexicanas del año próximo adelantan ser un máscara contra cabellera. El lopezobradorismo se juega su continuidad, lanza cuatro aspirantes a la candidatura oficialista y la oposición sigue abatida con cartuchos quemados, un discurso de odio sin propuesta y sin ser opción, a menos que la economía no mejore. Si ganara a Morena, sería una tragedia porque regresarían los mismos a quienes se echó en 2018 por ineptos y corruptos. Morena no las tiene todas consigo, como es natural, ya que ha llegado el momento de valorar la gestión. Han renunciado a sus cargos los 4 aspirantes, cosa positiva, y según cuáles contrincantes lance la extraviada oposición, veremos la idoneidad morenista. Eso, mientras el derrotado PRI en Edomex tendrá las trituradoras de papel al máximo, eliminando evidencias de sus corruptelas. Será escrutado por la nueva gobernadora morenista Delfina Gómez. Tapar 94 años de corrupción se antoja complicado. Algo harán.
Tal competencia por la nominación morenista ha llevado a placearse al secretario de Exteriores, Marcelo Ebrard, dejando vacante su cargo, ocupado atinadamente por la diplomática reconocida Alicia Bárcena. Afable, de una capacidad notable, 14 años al frente de la CEPAL, augura ser interesante su gestión, por breve que sea. Enhorabuena por ella. La recuerdo un día encontrándonos en la calle. Su afabilidad y bonhomía muy gratas.
Menos grata ha sido la destrucción de la presa de Kajovka, en Ucrania. Se estima en diez años su reconstrucción, aunada a los millones que la UE dice que aportará a Ucrania, de la que uno oye que recibe y recibe tales, preguntándonos cómo y cuándo liquidará semejante deuda abultada. Chomsky ha calificado esta guerra como una entre Rusia y EE.UU. con cadáveres ucranianos. No lo descartaría. Tampoco grata ha sido esa noticia de los viajeros que en turismo extremo se han extraviado con el submarino de Oceangate. Condenable que estén en peligro pagando su gusto por el turismo extremo. Y como si el Titánic requiriera añadir más tragedias a su alrededor y a su triste historia.
Menos trágica, pero sí agónica ha sido la muerte de Berlusconi. El de la Forza Italia, ese pionero de empresario metido a político denunciando la corrupción de un régimen y ofreciéndose distinto, para terminar siendo igual o peor. Demostró que el no ser político no mataba la corrupción. Fue un parteaguas, alguien a quien sin apartarse del tufo de corrupción y sin saber que podrías esperar de él, supo granjearse no sé si gracias a una suerte de dolce far niente, a electores conformes, y en todo caso ni sus funerales apoteósicos ni las alabanzas de Meloni borran su imagen de frívolo, capo y mujeriego. Quede para la Historia este sui generis.
En tanto, el ajedrez se mueve. En la más reciente reunión para repartirse el mundo China y Estados Unidos, Pekín clama respeto, Washington alardea de buscar estabilizar la relación bilateral. Presumen avances, se olfatea estancamiento en su “diálogo”. Mucho encuentro y ninguno cede. EE.UU. usa a Taiwán, China penetra en América Latina, mientras respingaba un yanqui como si tal perteneciera a EE.UU. en exclusiva. Fatal. La revista Time clama que EE.UU. con China sea pragmático, como aconsejó el centenario Kissinger hace 50 años. Que no comparen, no es lo mismo y China ya no es la misma. Será que a mí, Kissinger no me subyuga y no lo recomendó por golpista.
La visita del presidente cubano al Vaticano, Díaz-Canel, ha ido un pelín a la chita callando, me parece. Tan de bajo perfil como la salida por la puerta trasera del prefecto Georg Gäswein, antes secretario de Benedicto XVI, que comprometió su nombre en un libro a inicios de año, cuando su exjefe era tan cuidadoso aparentemente en su roce con Francisco, quien “ha ordenado” regrese a Friburgo. Se termina la era teutona en la Santa Sede. Me resultó un sujeto decepcionante con un cierre muy torpe, retando al Papa.
Por último, en su gira por la región pasó por México Ursula Von der Layen. El comunicado de prensa no alude a los roces de México con el Parlamento europeo, el injerensismo del euroembajador en México y más. Amistad y cooperación y un tratado en renegociación paralizado hace ya rato destacaron en el comunicado de prensa. Bostezos despertó la visitante. El entorno ucraniano no es propicio para prodigarle confianza, visto desde acá.