Los seis astados que pisaron la plaza de Manzanares han sido de preciosa estampa. Agalgados, cornibrochos, de cara fina y embadanados, lo que les daba un toque más de seriedad. Muy despiertos durante toda la lidia. Tomaban los engaños con nobleza y codicia, a veces excesiva para los de a pie. Pocas veces se ve una corrida tan franca y bien hecha. La terna fue formada por Antonio Ferrera, Juan Leal, convaleciente de una herida por un miura de ayer, y Carlos Aranda. Las tres cuadrillas se destacaron por su labor y la banda de música, si no me equivoco de más de cincuenta músicos, estuvo espléndida. Una tarde de toros memorable.
Colombino (1º) se entregó tanto en el capote de Antonio Ferrera que hundió las astas en el albero, sufriendo una fuerte voltereta. A pesar de esto, se recompuso enseguida. Desgraciadamente, al salir de la vara, se dio otra voltereta. Joao Ferreira y Alberto Carrero se desmonteraron por los pares de rehiletes. Los pases iniciales resultaron desmesurados para el burel mermado de fuerza, pero poco a poco el diestro consigue un acople, el toro se anima también para las tantas ligadas por ambos pitones. La estocada entera impecable. El gran toro fue Aldeanito (4º). Si no fuera por el reglamento, habría sido un ejemplar para indultar. Ángel Otero se destacó con la banderillas. El toro dejó desplegar a Antonio Ferrera su concepto de la tauromaquia, rica en adornos y pases sin que le haga una sola arruga la muleta. Pocas veces se ven las tandas al natural ejecutadas con ambas manos. Una estocada entera tras un pinchazo. Dos orejas.
Juan Leal y Sembrador (2º) armaron un buen lío. El toro se humillaba tanto que tendía a clavar pitones en la arena. Marco Leal lució con los palos rizados. La faena de entrega: el comienzo de rodillas, pasándoselo por la espalda, dio lugar a prodigiosas series por el pitón derecho. Al natural, el embroque quedaba algo corto, pero el diestro lo resolvió con un muletazo cambiado y una series de pases solemnes por su lentitud y profundidad. Aguantó un par de tarascadas serias, remató desafiando al astado aniquilando las distancias, mostrando su pleno dominio. La espada entera volcándose sobre el morillo. Dos orejas. Miliciano (5º) tuvo muchos pies y brío. Leal hace un bello quite por cordobinas. Juan Leal le citó en el centro de la plaza y el toro acudió desde las tablas. Abría con la muñeca el abanico de la muleta y llevaba al toro maravillado, sin desperdiciar ni una embestida del astado. El final de pases cambiados y de luquecinas sin enmienda ni raspadura. La espada entró a la tercera y dejó todo en una vuelta al ruedo.
Cuplé (3º), el primero de Carlos Aranda, recibió una vara muy mal enhebrada y fuerte, el toro la aguantó con fijeza, escuchando las protestas del público. El torero mostró su temple y capacidad de abordar al toro, ajustando las alturas y logrando un conjunto que fue desvirtuado por alargarlo demasiado cuando el toro ya había claudicado. Una ovación. Curiosón (6º) se encampanó para observar la plaza, salía algo suelto, desordenanto la lidia, pero fue recogido por un fino y eficaz capotazo de Antonio Ferrera quien le puso en suerte por delantales. El único ejemplar que no quiso ni ver al varilarguero. Curro Javier saludó al poner las banderillas. El toro exigía por su veloz y celosa embestida. Con la muleta, Carlos Aranda consiguió una faena completa, con pases de firme trazo y ligazón, pero con el afán de alargarla demasiado. La obra se emborronó con el estoque. Dos avisos.