Espectacular final de Tour de Francia el vivido este sábado. La última etapa montañosa de la edición, y preludio del epílogo parisino de este domingo, ofreció al aficionado una muestra de lo que Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard pueden hacer si las fuerzas están igualadas. Con el maillot amarillo ya decidido, a ambos les apeteció ganar en Le Markstein y bregaron por ese triunfo parcial con todas sus fuerzas. Y ahí, en el tú a tú, venció el desloveno. Herido en su orgullo tras la debacle sufrida en la crono y en Courchevel, el genio esloveno necesitaba salir de la 'Grande Boucle' con buen sabor de boca y lo consiguió. Y le brindó la alegría a sus compañeros del UAE Emirates Team, que le han apoyado en la primera gran crisis de su ilustre carrera deportiva.
Planteó la organización un recorrido de 133 kilómetros en la región de los Vosgos, con seis puertos de montaña distribuidos en una senda muy exigente. Era el colofón a uno de los Tours más montañosos que se recuerdan. Los ciclistas hubieron de superar el Ballon de Alsacia (segunda categoría, con 11,5 kilómetros y una pendiente media del 5,3%) para empezar. Esta ascensión, la primera de entidad en la historia de esta prueba -se inauguró en 1905-, exprimió al pelotón con sus rampas en la subida y dejó un par de víctimas en su descenso. Ahí se cayeron Carlos Rodríguez y Sepp Kuss. El talentoso español quedó magullado en el codo y en la cara, pero quiso seguir para intentar defender su puesto en el 'Top-5'. Y logró dicha meta con una gallardía impresionante.
Pinot se da un gustazo
La fuga definitiva se conformó con 10 corredores. En ese grupeto viajaba Giulio Ciccone, un escalador que certificó en esta fecha su victoria en la clasificación de la montaña. Desde 2009 (Franco Pellizotti) no vestía un ciclista italiano el jersey de puntos rojos que anteriormente le había correspondido a Claudio Chiapucci (1992). Ciccone se lo aseguró cruzando el primero las cimas del Ballon de Alsacia, la Croix des Moinats (segunda categoría) y el Col de la Schlucht (tercera categoría). El líder del Lidl-Trek y sus compañeros de escapada fueron haciendo camino, pero el pelotón no les dejó margen para ilusionarse. El Jumbo Visma y el UAE trabajaron con solidez para que Vingegaard y Pogacar pudieran saciar su sed en la ascensión final.
El compromiso de los miembros de la fuga se rompió en la subida al Petit Ballon (primera categoría, con 9,3 kilómetros y un 8,1% de desnivel promedio). Ahí prendió Thibaut Pinot la mecha de su homenaje particular. El escalador francés se retirará cuando acabe esta temporada y vive en la región de los Vosgos, así que buscó la oportunidad de despedirse descorchando el champán. Atacó en las rampas más duras y se marchó, azuzado por la masiva afición desplazada. Le seguían perseguidores como Thomas Pidcock, Warren Barguil y Harper a pocos segundos, mientras que los favoritos rodaban con 1:20 minutos de desventaja. Había que seguir remando para atisbar la orilla.
Entonces llegaron al último puerto del Tour 2023, el Col de Platzerwasel (primera categoría, con 7,1 kilómetros al 8,4% de pendiente media). Sus rampas filtraron al pelotón y el UAE aceleró el ritmo. Pogacar sentía que sus piernas le responderían y lo probó desde muy lejos. Atacó con dureza y sólo Vingegaard se le soldó a la rueda. El danés volvió a lucir este sábado una preocupación exagerada ante los posibles cambios de ritmo del esloveno. Su actitud defensiva le costó el triunfo en la meta. Con todo, llegaría hasta esta dupla maravillosa el austriaco Felix Gall, la gran sensación de lo que va de temporada. Con 25 años, se ha confirmado como un escalador consistente e insistente. Otro peón más que añadir a la mesiánica lista de nombres que trabajan por el disfrute del aficionado. Sin ahorro de energías.
Pogacar revive
Gall tiró de los favoritos mientras que Adam y Simon Yates dejaban en la estacada a un Carlos Rodríguez que entendió con rapidez que su sudor iba a ir destinado a acabar quinto, y no a pelear por el podio. El granadino se quedó en tierra de nadie, incapaz de seguir el ritmo de los británicos, pero supo gestionarse y no se derrumbó. A sus 22 años, en su presentación en la élite mundial, ha terminado quinto en las clasificación general del Tour. Casi nada. En meta recibió las felicitaciones de su compatriota Pello Bilbao, que a su vez finalizó en la sexta plaza. Ambos han liderado una representación española pujante, que llama a la esperanza en nuestro país.
Quedó entonces por resolver quién iba a ser el ganador del día. Los favoritos atraparon y dejaron atrás a los fugados, pero ante la ausencia de ataques de los líderes de la carrera llegaron los Yates. En consecuencia, se formó un quinteto que se jugó el triunfo al esprint. Y ahí se impuso el todoterreno Pogacar. Emitió un grito liberador que retrata lo padecido en esta última semana. Nadie se esperaba, ni él, el bajón sufrido. Pero se marcha con una sonrisa y festejando el segundo puesto en la general. Su undécima victoria de etapa en el Tour puso fin a una edición a la que sólo le queda pasar por París para condecorar a Vingegaard como campeón, en su segundo entorchado francés consecutivo. Adam Yates, también del UAE, acompañará a los extraterrestres en el podio. Todos (aparentemente) contentos.