www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Refinar la amistad

José María Méndez
x
axiologiatelefonicanet/9/9/20
lunes 24 de julio de 2023, 18:56h

En nuestra ciudad se oye a veces este comentario: “son íntimos amigos, a pesar de que uno es hincha del Madrid y el otro forofo del Atlético”. La expresión adversativa “a pesar de “ indica aquí sorpresa o asombro. Como si tener gustos deportivos contrarios fuese de suyo un obstáculo insalvable para la verdadera amistad.

Pero, si reflexionamos un momento, es justo al revés. La tolerancia y el respeto a los opuestos gustos deportivos del otro están indicando precisamente que esa amistad es en efecto genuina.

En efecto, consideramos como amiga a una persona cuando encontramos en ella valores que nosotros estimamos tales. En su conducta apreciamos los mismos valores que son tan queridos para nosotros. Y precisamente porque se trata de valores, respetamos al mismo tiempo su libertad positiva, su capacidad de realizarlos. Pues los valores se coimplican con la libertad en sentido positivo. Sólo un ser libre es capaz de cumplir o violar valores.

Admitir que nuestro íntimo amigo tenga gustos deportivos opuestos a los nuestros es sólo un ejemplo de la tolerancia de que hablamos. Sin que disminuya por eso la amistad, también aceptaremos que tenga ideas políticas opuestas a las nuestras, o que piense distinto de nosotros en cualquier asunto. Lo estimamos por su valía personal, por los valores que apreciamos en su conducta, no porque comparta nuestros criterios o puntos de vista. En la verdadera amistad lo que se comparte son valores. Y no hay más que dos personas amigas entre sí.

Cuando de hecho la amistad se basa en los valores, el descubrimiento de que nuestro amigo opina o actúa distinto que nosotros en algún tema en nada disminuirá la nuestro afecto hacia él. Y cuando ese descubrimiento enfría nuestros sentimientos hacia el amigo, eso está indicando que nuestra amistad no era genuina, sino contaminada por un sutil egoísmo

En efecto, le considerábamos nuestro amigo porque parecía pensar igual que nosotros. Y ésa no es la amistad genuina entre personas que comparten valores. En la medida en que nuestro afecto depende de tener idénticas opiniones, gustos, inclinaciones o preferencias, lo que en realidad es objeto de nuestro afecto somos nosotros mismos. Nos amamos a nosotros mismos. Se trata de egoísmo más o menos enmascarado. No de amistad genuina, y por tanto respetuosa de la libertad positiva del que estimamos como amigo.

Por eso mismo, si los dos amigos del ejemplo fuesen además personas sensatas o con un mínimo de sentido común, evitarán en lo posible hablar de fútbol. Aunque a veces no tendrán más remedio que aludir elegantemente al espinoso tema. Cuando hay un partido entre los eternos rivales, el perdedor tiene que felicitar al ganador. Pero procurarán ser breves y no darle demasiadas vueltas al asunto. Tienen la experiencia de que se separan sentimentalmente en la medida en que se han puesto alguna vez a discutir sobre fútbol. Eso les lleva inevitablemente al distanciamiento y

a la larga a la extinción de la primitiva amistad. La insistencia en lo que nos separa acaba destruyendo lo que antes era genuina amistad. Llamemos a esta elemental precaución “refinar la amistad”.

Este cuidado de la amistad es particularmente importante cuando se trata de personas intelectuales. Suelen caer justo en el error de discutir sobre lo que les separa.

Si un intelectual tiene el talante liberal que corresponde a una amistad depurada, nunca tomará a mal que su íntimo amigo haya publicado un trabajo en que critique sus propias ideas. En frío y a distancia lo leerá. Y será entonces lo más imparcial posible al juzgar si las críticas están justificadas o no lo están. En cambio, esa objetividad nunca se consigue, si discuten directamente, da igual si oralmente o por escrito. Surgen instantáneamente el acaloramiento y hasta la ceguera al defender el propio pensamiento de manera ponderada.

Igualmente, si el autor del artículo crítico no se atreve a decirle a su amigo “he publicado un trabajo censurando tus teorías en tal revista y fecha”, le está atribuyendo falta del talante liberal esperable en la genuina amistad. Y por eso le oculta la noticia. Tiene miedo de que se moleste. Está dando por supuesto que la amistad del criticado se basa en comunidad de ideas, en vez de comunión de valores. La expresión “comunión de valores” subraya lo personal en la amistad. En cambio, “comunidad de ideas” enfatiza lo social, lo que une a los miembros de un colectivo cualquiera. Es un vínculo, laudable desde luego, pero de inferior calidad que la amistad entre dos personas que comparten valores.

Un buen ejemplo de lo anterior es lo que sucedió con los famosos matemáticos del siglo XVII Jacobo y Juan Bernoulli. Eran hermanos. Se les supone la sincera amistad fraternal que surge en el ámbito de la familia, la niñez y la adolescencia. Luego ambos resolvieron más de una vez un mismo problema matemático y empezaron a polemizar sobre quién tenía la prioridad. Acabaron odiándose y descalificándose mutuamente de la manera más plebeya y soez.

La exageración en los sentimientos basados en la comunidad de ideas no sólo puede echar a perder la verdadera amistad. Lleva de suyo a esas aberraciones, que en ámbitos pequeños solemos calificar de “exclusivismo”, y en dimensiones mayores desembocan en los odiosos “nacionalismos”, que tan bien conocemos en España. Desaparece la percepción de lo personal y sólo hay ojos para lo colectivo o lo social.

El exclusivismo de pequeñas dimensiones aparece a veces en el campo de lo religioso. Basta recordar a las famosas monjas de Port Royal, “puras como ángeles y soberbias como demonios”. También lo encontramos en algunas profesiones, que estiman la pertenencia al grupo como superioridad sobre el resto. Se suele pensar que el bien no es bueno, si no lo hacemos nosotros.

El exclusivismo de grandes proporciones lo encontramos sobre todo en la política. Hasta el crimen deja de ser tal, si lo hacemos nosotros. Bien conocemos en España el caso de ETA reconvertida en Bildu. Por eso mismo nos estremecemos cuando vemos alguna fotografía de los nazis aplaudiendo en masa a Hitler, o los comunistas a Stalin. No estaban unidos por una comunión de valores personales, sino por aberrantes ideas de lo comunitario.

Con todo, en sí misma la comunidad en ideas, gustos, aficiones, etc. es algo

valioso en sí mismo. Es la razón por la que aparecen los diversos colectivos humanos. Nos enriquecemos perteneciendo a alguna sociedad deportiva, cultural o religiosa. Practicamos el valor de la lealtad en la medida en que cumplimos con los compromisos contraídos con tal o cual colectivo. También la pertenencia a un partido político puede ser valiosa, si se desarrolla en un ambiente tolerante, que es el sentido más elemental que solemos dar a la palabra “democracia”. Lo que antes censurábamos es la exageración, la corrupción de algo en sí mismo valioso.

Los valores siempre tienen una componente personal y otra social. La axiología propone como Segunda Ley Básica el hecho de que, a medida que se asciende en la escala valiosa, lo social cede en importancia a lo personal. La sociedad es para la persona y no al revés. En el fondo, se trata de la tesis que sostuvo Bergson en su famoso libro “Las dos fuentes de la moral y la religión”.

Volvamos a nuestro tema. Se usa la voz “compañerismo” para designar un sentimiento valioso, pero de calidad inferior a la amistad genuina. Somos amigos de A, porque compartimos valores. Somos compañeros de A, porque compartimos ideas, gustos, tareas o posición social. En la amistad refinada de que hablamos, la que se apoya en la comunión de valores, lo personal es máximo y lo social mínimo. En cambio, en el compañerismo o camaradería, basado en la comunidad de ideas u otras coincidencias, se invierte la situación. Lo valioso-social es lo más decisivo. Por eso, a medida que se sube en la escala valiosa, la persona emerge como un fin y la sociedad como un medio para el engrandecimiento de la persona. La persona tiene un destino eterno. En cambio, todo tipo de vínculo social queda en este mundo.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(0)

+
0 comentarios