El veranillo mexicano trae tres temas priistas corriendo el riesgo de mal contarlos con la amañada intención de extraviar a la opinión pública. Por ello, siempre es positivo darse a la tarea de rectificar planteamientos evitando mendacidades, mostrando los hechos verídicos para puntualizar imprecisiones que pudieran demeritar la verdad, de no hacerlo.
Por un lado, tenemos la partida de México del GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes). Por el otro, el debate olímpicamente oportunista opositor alrededor de los nuevos libros de texto para educación básica de carácter público, gubernamental, obligatorio y gratuito; y la casi prisión del dirigente nacional del PRI, Alito Moreno, que hace unas semanas estuvo a nada de descubrírsele propiedades atribuidas a su impresentable personita –siempre enlodando a su partido– vía testaferros, muestra del desfalco superlativo perpetrado al erario público de Campeche como desgobernador. Nada menos que 27 de ellas. Nada mal para quien dijo que hay que matar de hambre a los periodistas. Es el PRI de siempre. El putrefacto de marras.
Repasemos, también. GIEI. En septiembre de 2014, unos estudiantes de Ayotzinapa secuestraron autobuses dirigiéndose a la Ciudad de México al mitin anual que recuerda la bárbara matanza priista a manifestantes del 2 de octubre de 1968. Interceptados, fueron desaparecidos. No queda claro por quiénes ni son todos los señalados. Es un crimen de Estado que involucró autoridades cómplices. Los priistas torpes se apresuraron a cubrir al presidente priista y acusaron al alcalde expriista, ahora perredista, del partido de López Obrador. El procurador federal priista montó una “verdad histórica” exculpatoria de priistas. Hoy está preso. El secre de Defensa de entonces, Cienfuegos, encubridor de posibles involucrados castrenses, casi termina en la cárcel hace unos años señalado de nexos con el narco, negándose en su día, a que el gobierno priista federal permitiera las inspecciones a los cuarteles militares de aquella zona, buscando rastros –de cremados a torturados o asesinados– y el presidente priista Peña, rey de la torpeza, dijo a los padres de las víctimas un “ya supérenlo”. Con sombra de corrupción desbordada, hoy vive tan ricamente en España. Y lo de ricamente se sospecha que no solo tiene que ver con su vergonzante placidez.
Al GIEI conformado por extranjeros, el gobierno priista lo acorraló, utilizó a los medios afines para golpear su labor, para desacreditarla y generar una animadversión y si no la consiguió, siquiera se desestimaran sus conclusiones en tiempos de Peña, con tal de sostener a como diera lugar la “verdad histórica” salvadora del pellejo priista, del impresentable procurador priista encubridor. Al marcharse el GIEI, hipócritas priistas se conduelen ya que señala al gobierno actual y sirve eso a periodistas acallados con millones de pesos el sexenio pasado priista, nuevamente expuestos en listas, para que con descaro absoluto se conduelan no de sus propias tergiversaciones, medias verdades dichas en el pasado, lavándole la cara al PRI pretendiendo pasar por neutros y comedidos, sino del GIEI. Se callan que se admitió al GIEI por presiones internacionales, se sabían en la mira y se entiende por qué no les gustó jamás a los priistas: exhibió sus trapacerías, su opresión y su colusión. Las corruptelas encubridoras, que el tiempo se encargó de confirmar. No es óbice para fingir desde el priismo, abierto y encubierto, condolerse por su partida.
Por eso, cuando antes de marcharse, el GIEI ha vuelto a señalar trabas, a apuntar al Ejército, la falta de compromiso y deseo de qué se sanee el tema investigando la verdad, siquiera téngase tantita vergüenza de decirlo todo, no solo la versión que pueda favorecer al priismo mal lavándole la cara. Sí, esta vez el PRI no mató a estudiantes ni los desapareció per se, pero como desgobierno entorpeció las investigaciones y minimizó los hechos, pues afectaban la “pulcra” imagen del impresentable presidente priista Peña Nieto. Ya sabe, los priistas siempre tan preocupados más de la imagen, como si de ella tragara el pueblo de México. Por no decir la plebe, como retuiteó la hija de aquel. Hijo de tata, tatita. Dígase así prontito, por si a alguien aún no le queda claro la simulación priista de toda la vida y su putrefacción. De cualquier manera, vamos ya para 9 años y lo que pasó en Ayotzinapa aún ni queda claro... ni se olvida.
El segundo tema es más interesante. Partamos de que a los libros de texto obligatorio distribuidos por el Estado mexicano a la educación básica –rechazados por la derecha recalcitrante desde su nacimiento en 1961– el PRI desgobernando, apenas si los actualizó un par de veces en 40 años, una con el priista Ernesto Zedillo y que fue un desastre en Historia para no enfadar a los yanquis y tal, en su abyecta forma priista de concebir el mundo. Después, el PAN trajo la enciclomedia y tal, que el PRI abortó como todo lo panista en cuanto recuperó el poder en 2012. Para entonces, el impresentable priista Peña Nieto lanzó una “reforma educativa” más laboral que académica, golpeadora del magisterio disidente al PRI, ofreciendo libros con manos de seis dedos o secretarios priistas tan grises e inoperantes como Aurelio Nuño, que antes cargaba el portafolio a Peña, ignorante a cuál más, o Granados Roldán, ajenos al tema educativo, resaltándose su grisura. Antes, el PRI aportó a Limón Rojas y a otros incapacitados como el fraudulento Fausto Alzati, ostentándose como doctor sin ser siquiera licenciado. El PRI no ha ofrecido nada valioso. El PRI prostituyó la educación y ese es su legado al pueblo de México.
La mal llevada y denominada reforma educativa de Peña fue cancelada como primer acto de gobierno por López Obrador. Un acierto. A cambio, propuso la Nueva Escuela Mexicana, detenida en tribunales por sus adversarios, que ponía el acento en renovar un modelo educativo heredado que era egoísta, de neoliberalismo, implementado por el PRI y ahondado por el PAN –que les jode mucho que se les recuerde– que canceló humanidades, civismo, primaba el individualismo, la educación privada y claudicaba de los valores de soberanía e igualdad propugnados por la Revolución mexicana. Se requería y se requiere un modelo popular, incluyente, democrático, renovado, que respeta el artículo 3ro. constitucional, así mencione educación sexual, tolerancia, que hay gente binaria o parejas homosexuales, reflejando a la sociedad mexicana actual, en su conjunto. La ley no prohíbe el comunismo, pero lo enlistado ni lo es ni lo pretende como de manera burda y ridícula espetó un lector de noticias muy venido a menos, cacareando que se intenta incubar el virus comunista. Qué estupidez. Los nuevos libros de texto obedecen a un modelo renovador. Eso es lo que fastidia a los opositores, que perdieron los millonarios contratos de impresión, así que ladran errores e imprecisiones en los textos, encumbrándolos como la gran tragedia que justifique su oposición con fines nada relacionados con la calidad educativa que siempre han despreciado.
Lo razonable sería, primero, conocer los textos al completo y que aún no se reparten al cien. Que se distinguiera lo que no agrada: ¿sus omisiones o el modelo renovador que los soporta, distinto del vigente hasta 2018? ¿o la autoría? Los opositores han lanzado alarmantes muestras de fascismo: convocan a rechazarlos, sin facultades para ello. A arrancarles las hojas que no agraden. La reboruja resultante por desencuadernarlos es idéntica al desparpajo mental de quien lo propuso: el balbuceante dirigente de Acción Nacional, Marko Cortés, que delata que no coge un libro ni por error. Tanta gracejada suya es para enmarcarla. Simpatizantes de su partido han llamado a quemar los libros. Vaya derecha que nos cargamos en México. Y todo ¿por? por desconocer la mayoría de las personas al contenido de los textos definitivos, sus errores o los aciertos que tengan. Hay muchos más habladores que conocedores. Al final, dígase de los opositores: carecen de candidato presidencial y de propuesta. Solo mascullan regresar a lo derrotado en las urnas en 2018 por inoperante y corrupto. ¿Les importa la niñez? No. El negocio educativo, sí. Su alharaca no deja boquiabierto a nadie y el tema les paga mucho como bandera. Y quede claro: lo de menos son los libros de texto de la SEP.