Me aseguran que Pedro Sánchez está especialmente dolido por la descalificación personal que supuso...
Me aseguran que Pedro Sánchez está especialmente dolido por la descalificación personal que supuso el acto en el Ateneo con motivo de la presentación del último libro de Alfonso Guerra. La verdad es que fue una manifestación socialista de primera magnitud. Además de los dos grandes -Felipe González y Alfonso Guerra- allí estaban exministros, expresidentes del Congreso, prestigiosos líderes históricos. Y además varios destacados dirigentes del PSOE sanchista: Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha y Javier Lambán, entre otros.
Las manifestaciones de todos ellos fueron inequívocas. Incluso rotundas. El rechazo a la amnistía acordada por Pedro Sánchez con Carlos Puigdemont provocó ovaciones constantes. Javier Lambán elogió a González y a Guerra: “Convirtieron el partido en una maquinaria imparable y en un proyecto que ilusionó a los españoles y transformó España”. Tomás Gómez, exlíder socialista madrileño, expuso su rechazo a que “ahora el PSOE se abrace a quienes intentaron pegarme un tiro en la nuca”. Y Nicolás Redondo, expulsado del partido por discrepar de Sánchez, se cansó de cosechar adhesiones. Igual que Barrionuevo, Rodríguez Ibarra, Juan José Laborda, Barranco, Virgilio Zapatero, Corcuera y tantos otros.
Pero tras González y Guerra, que calificó la política sanchista de “estafa descomunal”, el hombre que suscitó el interés de todos fue Emiliano García-Page. El presidente de Castilla-La Mancha mantiene lealtad inconmovible al PSOE y, tal vez por eso, tanto él como sus ocho diputados se han manifestado abiertamente hostiles a las negociaciones con el prófugo y golpista Carlos Puigdemont. Rechazan de forma concluyente el pacto sobre una ley de amnistía que no pretende apaciguar Cataluña, sino sencillamente asegurar a favor de Sánchez los 14 escaños de los secesionistas catalanes.
Tanto Felipe González como Alfonso Guerra entraron en el fondo de la cuestión. La eventual ley de amnistía fragiliza la democracia y ofende y destroza la Transición y su gran éxito político de concordia y conciliación.