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TRIBUNA

Zubiri

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
viernes 22 de septiembre de 2023, 20:14h

Muchos intelectuales españoles consideran a Zubiri como un gran filósofo. Pero fuera de España es desconocido. Ni siquiera figura su nombre entre los 138 autores mencionados en la “Philosophie der Gegenwart” dirigida por Nida-Rümelin (Ed. Kröner, Stuttgart 1991).

Por otra parte, basta hojear cualquier libro de Zubiri para comprobar que en sus páginas no aparece fórmula lógica alguna. Sencillamente, desconocía el cálculo formalizado, que está debajo del lenguaje ordinario y lo hace posible. Nos entendemos unos con otros en el idioma que sea, incluso por señas, gracias a que todos poseemos y manejamos los mismos operadores lógicos descubiertos por Frege y Peano.

A pesar de su ignorancia de la lógica moderna, Zubiri desarrolló un amplio sistema, que es muy difícil de saber en qué consiste exactamente. Tomemos por ejemplo su noción de inteligencia sentiente. En casi todos los sistemas filosóficos, y desde luego en la Escolástica en que formó Zubiri, se distingue entre sentir y entender.

Un gato huele una sardina y cuando la encuentra se la come. Cada vez que topa con una sardina la reconoce como tal y hace lo mismo. Cabe afirmar que siente la sardina, aunque no la entienda.

Y ahí acaba todo. En cambio, un ser humano va más allá. Percibe o siente la sardina igual que el gato. Los escolásticos llamaban simple aprehensión a esta intuición por los cinco sentidos. Pero hace algo más. Elabora en su mente el concepto de este pescado e inventa la palabra sardina. Sin necesidad de tener una sardina delante entiende lo que es una sardina. Y mediante el lenguaje consigue que otro ser humano tenga en su mente exactamente el mismo concepto. El que escucha sabe de qué le están hablando. Se pasa de la simple aprehensión de una sardina, que es igual en el hombre que en el gato, a la formación del concepto de sardina, que sólo un ente poseedor de los operadores lógicos puede llevar a cabo.

Los filósofos escolásticos acuñaron el término abstracción para explicar la formación del concepto. La intuición sensible percibe muchas manzanas. Y a partir de ellas la mente pensante concibe el concepto de manzana en cuanto ente individual.

Además hay una segunda abstracción. La misma intuición sensible humana percibe el color verde de una manzana, de una rana y de las hojas de los árboles. Nuevamente el entendimiento o inteligencia abstrae el concepto de verde como una propiedad común a varios individuos.

Tiene entonces en su mano todos los elementos para construir la frase gramatical esta manzana es verde. Todo esto se lo enseñaron a Zubiri en su preparación como sacerdote.

La lógica moderna ha confirmado la doctrina de los escolásticos. El afirmador negador, el primero de los operadores lógicos, lleva consigo la capacidad de hacer las dos abstracciones mencionadas, y de componer frases en que un predicado es afirmado o negado respecto de un sujeto. Entender, a continuación de sentir, es lo mismo que poder dar nombre a las cosas o de construir las palabras materiales del lenguaje. Y por tanto el poder de formar oraciones gramaticales sujeto-predicado. Los manuales de lógica suelen empezar por la llamada lógica sentencial.

Sin embargo Zubiri se aparta de todo lo anterior y afirma que sentir y entender son lo mismo. No hay dos actos, uno de sentir y otro de inteligir, sino un sólo acto para una misma cosa: la realidad estimulante (Xavier Zubiri, “Sobre el hombre”, Alianza Editorial 2007. Pág. 35). No hay dos facultades, una inteligencia y una sensibilidad, sino una sola facultad: inteligencia sentiente (Ibidem).

La manera más rápida de probar que Zubiri está equivocado es ofrecer ejemplos de inteligencia no sentiente.

Si yo compro un billete de lotería, veo el billete y el dinero que entrego cambio. Eso cae bajo mi intuición sensible. Pero lo que ésta no percibe son las dos posibilidades de que la lotería me toque o no me toque. No tienen volumen ni peso. No las siento. Sin embargo mi inteligencia las percibe perfectamente. Las entiende. Así pues, el poder-ser es un primer ejemplo de inteligencia no sentiente.

Y lo mismo ocurre con el deber-ser. La intuición sensible capta la conducta de una persona, ve lo que hace. Pero el valor de su acción tampoco es algo que pueda ser visto o tocado. Nuestra inteligencia lo capta por medio de una intuición axiológica, que percibe una realidad que escapa a lo sensible. La misma definición de valor como lo que debe ser, sea o no sea, ya está diciendo que se trata de algo entendido, pero no sentido. Lo sentido es sólo la ocasión externa de lo entendido. Aquí tenemos un segundo ejemplo de inteligencia no sentiente.

Digamos de paso que el dicho escolástico nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu es también falso. Es una afirmación más suave que la inteligencia sentiente de Zubiri. Pero es algo igualmente equivocado. Las intuiciones del poder ser y del deber-ser son exclusivamente intelectuales. Emergen sobre la percepción sensorial de unos hechos sensibles, pero van más allá de lo sentido. Si del poder-ser y el deber-ser pasamos al ser a secas, o sea, a los entes contingentes de nuestro mundo, desde luego la intuición sensible hace acto de presencia. Precede a la formación del concepto. El anterior dicho escolástico se hace cierto en este terreno. Ahora sentir y entender actúan en el mismo escenario. Concedamos a Zubiri que sentir y entender sean ahora actos simultáneos. O al menos, no hay manera de detectar la precedencia temporal del sentir respecto al entender. Pero de que dos cosas sucedan al mismo tiempo no se deduce que sean lo mismo.

La simple aprehensión es algo que ocurre en dos etapas, por así decir. En un primer momento surge en los cinco sentidos que compartimos con los animales superiores. Y en un segundo momento se completa en aquella parte de la psique humana que también compartimos con esos animales superiores. En todo caso, lo decisivo es tomar nota de que en esos dos momentos del sentir no intervienen para nada los operadores lógicos.

Por el contrario, en el entender los operadores lógicos son la explicación de todo. La abstracción de que hablan los escolásticos tiene lugar en el espíritu humano por encima de la psique que compartimos con los animales superiores. Esta psique ya ha cumplido su misión de suministrar el material para la abstracción. García Morente fue compañero de Zubiri en aquella brillante Facultad de Filosofía que en los años 30 fue alabada como Escuela de Madrid. Viene a cuento citar aquí su Hecho extraordinario. Nos ofrece un vívido testimonio de intuición puramente intelectual y al margen de toda intuición sensible. Y expuesto además por un filósofo profesional especialmente dotado para la introspección. El Hecho por mí vivido se caracteriza por una total ausencia de sensaciones. Dijérase una percepción por el alma sola, sin auxilio de cuerpo condicionante. Y si a la tal percepción por sola el alma no quiere dársele el nombre de percepción, llámesele como se quiera; en todo caso el hecho fue una percepción de presencia desprovista de toda condicionalidad corpórea (sensación). (Mauricio de Iriarte, “El Profesor García Morente, sacerdote”, Espasa Calpe 1951, Pág. 83).

Se ha dicho que la filosofía de Zubirí fue un intento de superar el subjetivismo que impera en la modernidad y el realismo insuficiente de la Escolástica. No podemos menos de aplaudir tan laudable empeño. Sólo que es prácticamente imposible comprender qué quería decir exactamente Zubiri con las palabras que se sacaba de la manga como suidad, o con la expresión tan insistentemente repetida de suyo. Pero sobre todo, su empresa filosófica estaba condenada al fracaso por el absurdo híbrido de sentir y entender. Eso va contra toda evidencia. El sentir es algo material. Pero el entender es inmaterial.

Por otra parte, el modo de expresarse de Zubiri es siempre confuso y enredado. Valga este botón de muestra. La sensibilidad se está enfrentando en la estimulación “estimulísticamente”, esto es, aprehendiendo lo estimulante y la estimulación como algo que no hace sino estimular. (O.c., Pág 33). ¿Qué exacto significado hemos de dar a este pintoresco vocablo recién nacido: estimulísticamente?

Sus conferencias en la Fundación Banco Urquijo fueron sin duda un gran éxito social. Muchas señoras de la mejor sociedad madrileña acudían a ellas. A la salida era frecuente el comentario: Hoy ha estado formidable. No he entendido una sola palabra de lo que ha dicho.

Ahora bien, si un pensador cree que tiene una verdad en su cabeza, hará todo lo posible para que se le entienda y esa verdad sea comprendida por los demás. Nunca se le ocurrirá enredar el lenguaje y hacerlo oscuro para que no se entienda. Por tanto, si alguien hace eso de manera sistemática, lo sensato y adecuado es sospechar que lo que tiene en la cabeza no es precisamente la verdad.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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