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NERUDA

Carta abierta de Diego Gadir a Anson

lunes 25 de septiembre de 2023, 12:22h
Actualizado el: 27/09/2023 10:16h

Querido Luis María del alma,

Cuánto me ha gustado tu viejo artículo aquel sobre Pablo Neruda, traído ahora, en barca ensimismada de admiración, hasta las orillas de El Imparcial y del presente, a través de unas décadas que han desfigurado el mundo y la poesía hasta hacerlos irreconocibles, como suelen hacer las décadas.

Se te advierte a las claras una vocación redentora para con los clásicos que en sus días de afán bogaron a contracorriente en mares procelosos y siniestros, al margen de remos ideológicos. Como Neruda, ese manatí que llevaba un virgilio en la tripa; ese al-motamid coronado "con laureles del sur"... de América... del mundo, al que acorralaron los depredadores al acecho, esos que envidian las charcas del amor en cualquier latitud. Viéndolos venir, "el mar, la nave, el día se desterraron juntos", como cantó el mismo Pablo, en el Soneto XXIV, de aquellos cien poemas de madera que sólo se alzaron para Matilde Urrutia.

Todos los clásicos necesitan ser redimidos, con esa vocación amorosa de la que hablaba Rilke; necesitan la redención del amor reiniciado, reseteado, vuelto a empezar en estas eras ajenas, cuando el marxismo es, a estas alturas, un hueso de sepia -Eugenio Montale- remordido por los cangrejos del megainflacionismo.

En aquel artículo que publicaste en Abc y ahora reeditas -tal vez, ya te lo hubiese leído- se te adivina a las claras tu propia vocación poética, que es incapaz de permanecer receptiva de la vida sin más; que, muy al contrario, reviste de escalofríos lo que vive, donándolo en justa reflexión erizada. Así, haces del genio de la poesía universal madera de tu propia embarcación lírico-periodística, "madererías de amor"... Mar adentro siempre.

Admiras a las claras aquello que ya eres en ti mismo; con humilde veneración consagras los versos ajenos, que yo sé habrías sido capaz de tejer; tejedor tú curado en la academia de la madre de Orfeo, allá en el Parnaso, como si la cosa no te hiriese... Interiorizado el don desde la cuna.

Si tu periodismo es -parafraseando al enorme chileno- brillo de "platería, cristal o cañonazo", tu lírica es, también, madera de amor por la cultura y el arte.

Estás en los antípodas de aquel Guido del Duca, aquel con cuya alma se topó el Dante en el Purgatorio de su Divina Comedia, aquel que en vida ardía de envidia ante la dicha de los otros.

Neruda llegó para subvertir lo que siendo afán vanguardista, "poco humano", se había hecho neorromanticismo lírico. Federico García Lorca esperaba la llegada de su vendaval impuro con un ramo de gladiolos.

Aquí te dejo yo, amigo mío, esta carta perfumada.

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