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TRIBUNA

A sangre y fuego

Juan José Vijuesca
miércoles 11 de octubre de 2023, 19:56h

El precio por ser persona de orden ya no guarda relación con el mercado de la razón. Unas veces se mata por oficio y otras por radical odio hacia cualquiera que esté ahí, justo ahí, sin otro mérito que el de estar vivo en el azar. Ninguna cábala más allá de la barbarie cuando ésta brinda con el placer de matar, secuestrar, torturar o violar ante el delirio de una turba bajo el desahogo de la sangre inocente.

Nuestra condición humana no nos sirve de salvoconducto para hacer valer ante nuestra propia especie el valor de la vida misma. Nada importa, porque cotizamos a coste cero cuando las balas se vuelven impersonales en su objetivo. Es la muerte caminando hacia el comercio de la consigna de unos poderes que se protegen entre oraciones y maldades. El resto lo pone el terror con su credo y su oficio. Como en tantas ocasiones la sinrazón golpea al débil, al inocente, a cualquiera que estando en el lugar de la calma se encuentra con el último hálito de su existencia.

Para este viaje (y para otros muchos) me sobran los políticos, las guerras, la hipocresía, la mentira, los canallas. Me sobran las progresías que callan. Las que se guardan en beneficio propio según quienes sean los ejecutores, porque aquí se mata de manera indiscriminada sin preguntar nada ni a nadie. Da igual hombres, mujeres, niños, ancianos que recién nacidos degollados. Da igual quien seas o el servicio que prestas a la sociedad. Es la muerte desenfrenada, ni izquierdas ni derechas, sin miramiento de clases ni diplomacias. Así es el terrorismo sin ir más lejos.

La irracional masacre terrorista contra Israel carece de todo fundamento. Injustificable acto criminal en donde la única herencia terrenal es el gozo y la franquicia por matar a cualquiera constatando una vez más el fracaso de la comunidad internacional para solucionar un conflicto enquistado. Duele por tanto, como integrante de una especie humana cada vez más fracasada, el contemplar el desdoro de ciertos semejantes que desde su privilegiada zona de confort jalean la masacre como una victoria. Son miembros desnaturalizados de entrañas ante el horror ajeno que bien pudiera ser el propio cuando al terrorismo le da por cambiar su punto de mira.

La cacería indiscriminada nos aproxima a lo fácil que es matar, violar y congeniar con los humeantes cadáveres de inocentes civiles cuya ventura les había reunido para hacer bailar sus ilusiones ante la vida. Y allí, en medio del desierto fue cuando el cielo se fusionó con el infierno y la condena de los bárbaros cambió la música instrumental por el fuego de las armas. El baile del festival Supernova se convirtió en una explosión estelar de cuerpos asesinados y rehenes al más puro estilo de lo tribal.

Es el terror que va y viene cruzando alambradas de espino en donde los destinos se convierten en souvenirs de los pueblos que lindan con el odio, la sinrazón y la mano que mece la muerte a precio de costo. No hay más. La democracia liberal de Israel es la de todos, todas y todes, por eso resulta vomitivo los silencios cómplices de algunos, algunas y algunes, quizás más ocupados en como destronar un Estado de Derecho garantista de una sociedad libre e igual, plural en razas y convicciones religiosas además de un referente en diversidad sexual. Es la libertad que glorifican los que teniéndola en el mundo libre y “progre” al mismo tiempo la desprecian si de Israel se trata. Es el sentido inverso del raciocinio tan típico en ciertas ideologías tan dadas al óxido de las dictaduras, pero sin renunciar a vivir de la gozosa mamandurria.

No hay cabida para quienes asesinan. "Nadie debe permanecer en silencio ante tanta crueldad", ha dicho Narges Mohammadi, la reciente Nobel de la Paz, mujer iraní que sorprende por su fuerza y su coraje y que como es sabido condenada a 10 años y ocho meses de prisión en Irán además de haber sido castigada con 154 latigazos por delitos relacionados con su actividad como defensora de los Derechos Humanos. Ejemplo de virtud para escuela y licenciatura en progresía de las de verdad.

Crueles tiempos son y malos vientos se avecinan cuando la sinrazón lo es a base de sangre y fuego.

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