Lizcano volvió a nacer
viernes 31 de octubre de 2008, 21:29h
Simplemente dan ganas de llorar al ver el estado de salud con el que llegó a la libertad el ex-congresista Óscar Tulio Lizcano, luego de 8 años de cautiverio en las selvas colombianas. Da rabia saber que hay cientos de colombianos encadenados, martirizados y agonizando en los lugares más recónditos del país, y todo por una “ideología revolucionaria” que tiene de todo, menos ideología y revolución.
Al llegar, Lizcano pidió una “bandeja paisa”, plato representativo de su región, pero le dieron antibióticos, suero y mucha sangre. Decaído, aporreado, cansado, sin poder hablar el español bien, ya que sus captores no le permitían que hablara con nadie, solo con objetos que él organizaba como en un salón de clase, a los que les daba conferencias, el ex parlamentario revive las esperanzas de un país secuestrado. Su libreta con 20 poemas fue su mayor pérdida, ya que allí plasmó sus sentimientos, hechos poesía, por la mujer que ama, por doña Martha, quien por 3004 días esperó sin perder las ilusiones.
El año 2008, por ende, ha sido el año de la Libertad en Colombia. Luego del magnífico rescate de la “Operación Jaque”, las liberaciones de otros secuestrados con la mediación interesada y manipuladora de Hugo Chávez y Piedad Córdoba, el milagro de Emmanuel (hijo de Clara Rojas), la muerte de los terroristas Manuel Marulanda y Raúl Reyes, y las dos manifestaciones mundiales por la libertad, llevadas a cabo el 4 de febrero y el 20 de julio, Colombia ha despertado y ha vuelto a reconocer la palabra Libertad, perdida en nuestro vocablo por muchos años y recobrada gracias a una política de seguridad democrática, que poco a poco surge sus efectos.
El problema está cuando esa seguridad democrática canaliza sus esfuerzos solo por liberar las “vacas sagradas” de la política colombiana, o los llamados “canjeables”, quienes son 34 personas entre civiles y militares. Antes de la Operación Jaque y por aproximadamente 4 años se estuvo hablando del Intercambio Humanitario y de la cooperación de los países amigos, en los cuales figura España. Hubo todo un movimiento, no solo nacional sino internacional por la liberación de los secuestrados, pero por la vía del diálogo, la cual nunca funcionó. El presidente Uribe tenía una presión muy grande por parte de la comunidad internacional, especialmente Francia, de donde también es ciudadana Ingrid Betancourt (país al cual, según ella, le debe la vida). Un rescate militar era impensable, pero muy latente en la mentalidad de Uribe, quien antes de asumir el poder soñaba con adentrarse en la selva con todo el ejército y terminar con la plaga que nos ha carcomido por más de 40 años.
Se acabó la Operación Jaque. Ya la princesa colombiana está libre, Francia no presiona, murieron los dos principales cabecillas de las FARC, los tres gringos ya están sanos y salvos en el país del Tío Sam… misión cumplida! Por 114 días Colombia vuelve y cae en la indiferencia, hasta que aparece Óscar Tulio, desnutrido, con anemia y enfermedades parasitarias, pero con unas ganas tremendas de gritarle al mundo cuán bella es la libertad. Por una semana más, el ex – congresista será noticia, y luego, los colombianos caeremos nuevamente en el olvido, esperando que Uribe y su ministro estrella Juan Manuel Santos, planeen otro rescate. Así no es presidente Uribe! La lucha por los secuestrados en Colombia tiene que ser prioridad en su agenda diaria. No se puede desplazar a un segundo plano las vidas de más de 3000 compatriotas que se pudren en la selva.
Incursión militar o diálogo, lo que sea, pero hay que agilizar una lucha frontal que no tenga límites en el calendario. No se le puede seguir dando espacios a las FARC, por lo que el Intercambio Humanitario no es una salida al problema, es acrecentarlo. Las guerrillas pelean dictaduras, no democracias, por lo que las guerrillas de Colombia están descontextualizadas, y no pueden seguir siendo tratadas como en algunos países europeos donde creen que son Robin Hood, que le quita a los ricos para darle a los pobres.
No hablemos solo de “canjeables”, sino de una multitud de colombianos privados de su libertad, a quienes se les ha aplicado terrorismo y a quienes hay que quitarles las cadenas a como dé lugar. Revivamos el diálogo por los secuestrados, marchemos en multitudes por la vida y la libertad como se ha hecho un par de veces este año. Enhorabuena por Óscar Tulio Lizcano y su familia. Colombia entera está feliz por su liberación, pero sigue llorando y siendo la voz de los que están perdiendo la voz.