El 'Maestro' se reivindicó ante el regreso de las dudas al jugador español. Sinner será el último desafío del serbio.
El pasado 16 de julio Carlos Alcaraz ganó su segundo título de 'Grand Slam'. Derrotó en la pista central de Wimbledon a Novak Djokovic en cinco sets. Fue, seguramente, la cima más alta de su ilustre carrera deportiva. Desde entonces le ha costado mucho al jugador español mantener la concentración y la confianza en su juego. Con el cuerpo acercándose a su límite biológico, le ha pasado factura real la voluntad de ser el número uno del mundo. Ir a ganar todos los partidos, todos los torneos, le ha desbordado.
Él mismo lo ha confesado. Y en su honestidad ha admitido también que ha tomado la decisión de olvidarse del cetro mundial. Juan Carlos Ferrero y el resto del cuerpo técnico le han recomendado que regrese a su esencia: jugar con libertad para disfrutar y hacer disfrutar. Mostrar su tenis al público. A partir de ahí ha trabajado con el fin de dejar atrás la discreta gira asiática y el fondo tocado en el Masters de París, cuando cayó en su debut frente a Roman Safiulin (el 45º del ranking ATP).
Llegó a estas Finales de la ATP a prueba. Necesitaba testar su reinicio mental y perdió a las primeras de cambio frente a Alexander Zverev. Sin embargo, las severas dudas que ha arrastrado en estos meses parecieron quedar atrás en las victorias ante Andrei Rublev y Daniil Medvedev. El doblete ruso le permitió llegar a las semifinales de este sábado y, sobre todo, le valió para recargarse de buenas sensaciones. Porque su talento sigue estando ahí. Sólo le falta revivir la frescura, fluidez y naturalidad de su juego.
Buena salida de Alcaraz 
De vuelta al Pala Alpitour turinés, esta noche subió la exigencia de los exámenes de nivel. Se le cruzó Djokovic, el único que le ha puesto en cuestión de verdad en 2023 -más allá de la pegajosa relación que mantiene con Jannik Sinner-. La madre de los desafíos en este tramo delicado de año. Y lo afrontó Alcaraz de inicio con valentía y centrado en el plan. Debía jugar agresivo, buscar la variedad de golpes que le caracteriza, y lo aplicó hasta el punto de rozar el 'break' en el primer turno de saque rival.
Se le escaparon dos bolas de rotura y en el segundo turno de saque del serbio volvió a apretar de lo lindo. Parecía que estaba de vuelta la versión consistente del juvenil, pero acabaría prevaleciendo la estrategia del ganador de 24 'Grand Slams'. Con astucia y oficio, Djokovic se limitó a aguantar el vendaval y a esperar su turno, sin moverse ni un ápice de su solidez en el fondo de la pista. No le hizo temblar ni el excelente rendimiento del servicio que fabricó el español, sobre todo con los primeros -completó cinco 'aces'-, y cuando escapó en el quinto juego despegó.
Con 3-2 a favor del balcánico, 'Nole' afiló su resto y comenzó su afamado control de los puntos, devolviendo todo lo que le llegaba con un plus de presión, velocidad y profundidad de golpeo. Ese martillo impenitente, semejante al efecto que ofrece el rebote de una pared, fue erosionando la convicción de 'Carlitos' poco a poco. Los errores por precipitación del murciano se multiplicaron y así cedió su saque en el octavo juego. El nacido en Belgrado no perdona las oportunidades que le aparecen y se apuntó el set con comodidad (6-3). Ya en el mando anímico y tenístico de la semifinal.
Regreso a las dudas
Sin aspavientos ni golpes brillantes, Djokovic avanzó y apocó a un Alcaraz que sufrió otra laguna grave de concentración. Ese mal se ha repetido demasiado en su mala racha de juegos y resultados previa a este torneo. Desprovisto de un ratio alto de 'winners', provocó los fallos del oponente español y por ahí se resolvió su victoria. Descentrado, a 'Carlitos' se le esfumaron las opciones con rapidez. De hecho, con 1-1 en la segunda manga perdió su saque en un juego largo que le hizo mucho daño. No le entraban al juvenil ni las voleas ni los reveses. Tampoco le corría la derecha en una de las pistas más rápida del circuito.

Con el bloqueo refrescado, Alcaraz se hundió en el marcador y en las sensaciones. Su palco le aconsejaba tranquilidad, pero no consiguió volver a enfocarse hasta que la cuesta estaba muy empinada. Salvó otra bola de 'break' en su siguiente turno de saque y emergió, entonces, el resplandor de su tenis. Puso a la tribuna en pie con tres puntos maravillosos que recuerdan su verdadero estatus. El problema reside, en la actualidad, en la regularidad. No es capaz de mantenerla y lo paga. Perdonó otro par de pelotas de rotura decisivas -completar un 'break' se ha convertido en su martirio particular-, cedió su saque de nuevo y se despidió con un 6-2 descriptivo.
Dejó para el recuerdo los excelsos intercambios que dieron paso al final del encuentro, en el sexto y en el penúltimo juego. Poco o suficiente alimento para la esperanza, según se mire. 'Carlitos' ofreció su lectura en sala de prensa: "Es muy, muy duro jugar contra él. Juega al mismo nivel durante todo el partido (...) Una vez más, ha demostrado porqué es el mejor jugador del mundo". "Estoy motivado porque quiero vencerle, quiero ser el mejor de la historia", prosiguió antes de reconocer que "este partido me ha ayudado mucho de cara a la pretemporada".
Y dejó esta reflexión: "Juan Carlos (Ferrero) me estaba diciendo que tengo que permanecer fuerte mentalmente, tengo que permanecer fuerte allí, pero no pude, no podía. Es algo que tengo que mejorar (...) Me dijo antes del partido que me concentrara en los primeros golpes. Aquí en este partido tuve 15 veces que tuve un error desde el primer tiro. Para mí fue difícil lidiar con eso". Son palabras de un tenista de 20 años. Mientras tanto, Djokovic jugará este domingo por ganar su séptimo entorchado de las Finales ATP, récord absoluto que dejaría atrás la marca de Roger Federer. Será su novena final en este prestigioso torneo.