El despacho del presidente gallego
sábado 01 de noviembre de 2008, 20:58h
Hace unos años asistí a una conversación informal en la que una amiga le relataba a otra el berenjenal de obras en el que se había metido por culpa de una puerta de salida al balcón que no ajustaba bien. Resulta que el carpintero al que llamó para repararla la convenció de que la única forma de garantizar totalmente que no le entrara aire y agua por aquel acceso era eliminarlo cerrando la terraza e incorporándola al salón. Y de ahí, no recuerdo muy bien cómo –aunque sí que todo tenía su explicación lógica-, la obrita se extendió a un cambio de conexiones eléctricas, que llevó al repintado de las paredes, lo que aconsejó la sustitución de la tarima en todo el piso y la colocación de falso techo, que derivó en la actualización de las tuberías de la calefacción, lo que implicó un cambio general de canalizaciones y acabó con la reforma integral de cocina y baños. O sea, que la amiga en cuestión pensó en arreglar una puerta y acabó reformando la casa entera.
Algo así es lo que debió pasar en la Presidencia de la Xunta cuando, nada más tomar posesión de la misma Emilio Pérez Touriño, se gastó dos millones de euros en reformar su despacho, incluyendo medio millón en muebles lo mismito que Sonsoles cuando llegó a la Moncloa, que hay qué ver cómo les va esto de la decoración y el diseño fashion a los del partido obrero. El tema ha salido a colación estos días en que, mientras presume de presupuestos anticrisis y de ser el paradigma de la gestión austera, el presidente del bipartito protagoniza noticias que, cual homenaje involuntario al añorado cine español de finales de los cincuenta y primeros de los sesenta, podrían agruparse bajo títulos como “El cochecito” y “El pisito”, buena ilustración de los 480.000 euros de vehículo oficial y el par de milloncejos de despacho, a mí es que tanta austeridad me desborda.
Pero los socialistas son tan dados a gastar el dinero de los demás como a dar explicaciones profundamente convincentes. Así que la Presidencia de la Xunta ha salido rápida y ágilmente al paso de tales informaciones explicando que la reforma en cuestión de las dependencias de San Caetano que, por cierto, el presidente apenas usa porque prefiere quedarse en casa, se tuvieron que realizar inevitablemente por un fallo en el sistema de distribución eléctrica. De manera que todo claro: igual que le ocurrió a aquella amiga con la puerta que no cerraba, aquí la cosa empezó por un enchufe estropeado y acabó con una factura de 332 millones de los que se contaban en pesetas, mobiliario incluido. Es bien sabido que, como dice la ministra de Fomento, las obras siempre se sabe cuándo empiezan pero nunca cuándo acaban.
Además de mostrarse convencidos de que tan seria explicación no iba a provocar la risa de nadie, al presidente y su equipo les ha parecido fatal que la oposición informe a la opinión pública sobre tal despilfarro, por lo que han dado una muestra más de su talante, su transparencia, su tolerancia y su todo y han reaccionado inmediatamente acusándola de desplegar una campaña de acoso y desprestigio contra Touriño, que es verdad que hay que informar pero tampoco hace falta contarlo todo al detalle.
Con tanto vivir bien y tanto lujo, han olvidado sus promesas de gestión transparente y de manejo eficiente de los recursos públicos. Se han deshecho de sus pancartas de rojerío progre y han instalado en los despachos remodelados y en los coches recién comprados al burgués que llevan dentro. Y han olvidado también que son los hechos, y no que se informe de ellos, los que les desprestigian.