Con su reconocida habilidad para el regate, Pedro Sánchez se ha anticipado a las críticas...
Con su reconocida habilidad para el regate, Pedro Sánchez se ha anticipado a las críticas que probablemente desencadenarán sus fotografías con el golpista Carlos Puigdemont, prófugo de la Justicia española. Necesita el líder socialista los siete escaños que controla el secesionista de derechas, para cualquier proyecto parlamentario, si bien preferiría esperar a la promulgación de la Ley de Amnistía, con el reconocimiento de que Carlos Puigdemont no cometió delito alguno cuando golpeó la Constitución y proclamó la independencia de Cataluña. Pedro Sánchez sabe que, si el líder secesionista se lo exige, no le quedará otro remedio que entrevistarse con él, dónde, cómo y cuándo decida el golpista catalán.
Por eso el líder del PSOE, genuflexo una vez más ante el rebenque separatista, se ha anticipado, anunciando que se entrevistará y fotografiará con Carlos Puigdemont, como si eso formara parte de la normalidad, como si fuera lógico que el presidente del Gobierno español viaje adonde el prófugo le ordene y se someta a una serie de fotografías, humillantes para él y vejatorias para la dignidad de España.
Pedro Sánchez trata de dar normalidad a las imágenes con el líder de la derecha catalana, tragándose todos los sapos que sean necesarios. Son muchos los que consideran admirable la capacidad del dirigente socialista para superar desdenes y humillaciones y para aceptar ser marioneta de un personajillo que se complace en manejarlo a su antojo y conveniencia. Y que carece de límites. Sabe que tiene a Sánchez en sus manos y lo maltrata con el mayor descaro y la más vejatoria displicencia. Es el gato que juega con el ratoncillo.
Difícil saber en qué derivará la actual situación. Para algunos, en una pronta moción de censura. Para otros, la legislatura se prolongará cuatro años con Pedro Sánchez haciendo equilibrios todos los días sobre la cuerda floja de la política incierta.