Hemos asistido, en los últimos días, al juego de las exigencias e indecisiones de Junts cuando estaba claro...
El pasado 6 de octubre publiqué en La Razón un artículo titulado Salvo en la amnistía, Puigdemont cederá en todo, en el que escribí: “Me lo dijo un amigo de Carlos Puigdemont, de cuyo nombre no debo acordarme: “En Madrid sois muchos los que pensáis que Pedro Sánchez, con tal de mantenerse en el poder, está dispuesto a aceptar todas las exigencias de Puigdemont. En Barcelona somos muchos los que sabemos que Carles, salvo en la amnistía, está dispuesto a ceder en todo. Quiere regresar a Cataluña y le espanta pasar por el calabozo, el juicio, la cárcel de nuevo y el indulto”.
Hemos asistido, en los últimos días, al juego de las exigencias e indecisiones de Junts cuando estaba claro que no se opondrían a que los decretos fueran aprobados con suficiente mayoría por los diputados, salvo la intervención de Podemos. Los problemas para Sánchez vendrán una vez aprobada la Ley de Amnistía y con el regreso en triunfo del prófugo golpista Carlos Puigdemont. A partir de ese momento, la actitud de Junts puede pasar de amenazadora a ejecutiva. Hasta entonces sólo los cinco diputados podemitas podrían provocar la derrota parlamentaria de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz Iscariote. No resultará fácil, en todo caso, para Podemos votar junto a PP y Vox para rechazar un decreto o un proyecto de ley. Otra cosa sería una moción de censura en la que el elegido fuera un juez independiente con un solo punto en su programa: convocar de forma inmediata elecciones generales.
Ante un pueblo español expectante y una opinión pública atónita. Pedro Sánchez y Carlos Puigdemont han instrumentado un juego destinado a alimentar los comentarios de los tertulianos audiovisuales y a la prórroga de una situación tan inestable que se agrietará tal vez cuando la Ley de Amnistía haya devuelto a Carlos Puigdemont a una Cataluña para él reconquistada.