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TRIBUNA

Ese de anoche

domingo 14 de enero de 2024, 19:52h

Es poco habitual que un libro contenga un prólogo y un epílogo —si bien uno tiene preferencia solamente por los epílogos, ya que no interfieren en el inicio de la lectura— que merezcan sus respectivos lugares, que uno prepare y rubrique el otro lo que se concibe como una renovada experiencia: el hecho de abrir unas páginas y recorrer lo que en ellas se cuenta. Si el contenido es poético, tanto o más particular resulta y lo positivo de su refuerzo. En uno y en otro, en las palabras de Juan Marqués e Ignacio Echevarría, está esa constatación de la alegría que ha venido contagiada por los versos de este poeta, por ungir de entusiasmos estos cuarenta años de vida y de su quehacer lírico.

Ese de anoche es la primera recopilación de la obra de Alejandro Simón Partal. Para la ocasión de la lectura de uno, también era la primera vez que me acercaba a su poesía, después de tanteos sueltos y aproximaciones que no terminaban de cuajar. Como no siempre sucede, el convencimiento de que tenía un libro de calidad entre manos venía sugestionado por su exterior, gracias a la edición esmerada —un acertado viraje es la inclusión de Partal en el catálogo, dentro de una colección que no se prodiga en la búsqueda del rigor literario, al menos hasta la fecha, todo sea dicho— y la ilustración de cubierta de Coco Dávez, hilada finamente con los detalles que nos encontraremos en los poemas. Me veo en la necesidad de nombrar cada persona que ha procurado su aportación a esta antología porque el buen resultado es más que evidente.

La preocupación lírica de Partal se ocupa de esa visibilidad lograda de las pequeñas virtudes. Se conoce que una apreciación superficial daría a entender que los poemas de Ese de anoche son los de alguien tendente a los himnos, a las odas de lo cotidiano. Pero la realidad que nos describe, por emocionante y capaz en sus posibilidades de asombro, transmite esa obligación de ser traducida a poemas porque es en su rutina donde halla la fecunda medida que logra la inspiración, el vuelo literario que reconoce como ‘milagro’ y el contento de saber que está a nuestro alcance, y así, sin acontecimiento, sin bagatelas ni distracciones desmesuradas, se distingue ese algo eterno que poseen las cosas. Puede ser una mata de tomates que crece airosa y su mordisco recordado a la mañana siguiente, como un paraíso concedido sin molestias de trato con la posteridad, sólo el disfrute de su instante. Puede ser la imagen de una playa cuya arena comienza a ser peinada, advenimiento de placeres futuros en la noche y gestos que, llevados por la hiperestesia, consiguen salvar el mundo. Puede ser la madre que corta el pelo a su hijo, y cada mechón que gana el suelo, deja un extraño silencio que trae seguridad en la manera de proteger un afecto. ‘Quién sabe si la de hoy no será la última vez.’

A título personal, uno ha visto su reflejo en una de las creaciones, y qué estupor produce que un poema nos devuelva nuestro retrato a través de los ojos y la voz que no hemos conocido y puede que no tengamos oportunidad de cruzarnos nunca. Dicen los versos de Chico en paro: ‘Un chico en paro/ está sentado en una terraza/ y piensa en el origen del árbol/ que le da sombra, y no en su futuro./ Quizá sea la poesía ese abandono de sí mismo,/ esa forma de saber del milagro de otros/ y esbozar, si acaso, como él hace, una sonrisa.’

Ese de anoche es, en definitiva, un libro magistral que consigue, gracias a la suma de sus cuarenta y tres poemas reunidos, discernir entre el tiempo que vence en nuestra memoria y el que es contemplado como nuestro, pletórico en sus desajustes y el acierto de los deseos.

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