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TRIBUNA

Sobre el ser humano II

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
miércoles 31 de enero de 2024, 19:40h

El capítulo XII del libro “Concepciones antropológicas de los protagonistas de la evolución neurocientífica” (Ed. Tirant humanidades 2023) trata sobre Benjamín Libet y su famoso experimento. Su autor es Francisco José Soler Ruiz, Profesor Titular en la Universidad de Sevilla.

El resultado del experimento de 1983 fue que la actividad de las neuronas en el cerebro del sujeto empezaba medio segundo antes de que éste tomara la decisión de mover su muñeca. El experimento se ha repetido después varias veces y por múltiples estudiosos del cerebro humano. El resultado fundamental siempre es el mismo. Antes de la decisión de mover un dedo, se detecta una previa actividad en la zona correspondiente de la corteza cerebral.

Inmediatamente los materialistas de todo tipo vieron el cielo abierto. Se había logrado nada menos que la prueba definitiva de que las llamadas decisiones voluntarias son el efecto de la causalidad física y previa de la actividad de las neuronas. Sin embargo, el propio Libet nunca fue de esta opinión.

Las apresuradas conclusiones materialistas son voluntaristas y nada racionales. Lo único que queda probado en el experimento es que hay una prioridad temporal de A sobre B. Pero concluir de ahí que A es causa física de B es un salto en el vacío. Según eso, el asesinato de Julio César habría causado la Segunda Guerra Mundial.

El Profesor Soler Ruiz describe las diversas propuestas teóricas de Libet para conciliar su experimento con la libertad humana. No quería caer en el materialismo. No es el caso de entrar en mayores detalles, pues lo que más sorprende en todas las discusiones de los neurocientíficos que intervienen en esta apasionada polémica es que no se menciona siquiera la cuestión lógica que tiene una incidencia directa en el tema. Nadie habla de la distinción entre condición necesaria pero no suficiente y condición suficiente pero no necesaria. Pues A puede estar en relación con B en una u otra de ambas situaciones. Y la diferencia es abismal.

Pongamos un ejemplo. Para que un coche ande, primero hay que cumplir dos condiciones necesarias pero no suficientes. Escritas con el negador. Del tipo si no......entonces no. O en latín, sine qua non. Todos estaremos de acuerdo en estas dos condiciones necesarias: que el coche tenga gasolina y que la batería funcione.

Supuesto que se hayan cumplido estas dos condiciones necesarias, la suficiencia viene después, cuando alguien gira la llave de contacto. Esta condición suficiente se formaliza con el afirmador. Es del tipo si sí... entonces sí. Es suficiente, pero no necesaria. Cualquier persona que tenga la llave de contacto puede hacerlo.

En resumen, que haya gasolina en el tanque y que la batería funcione son las dos condiciones necesarias. Girar la llave de contacto es la condición suficiente. El conjunto de las dos condiciones necesarias y la suficiente es la causa. El coche en marcha es el efecto.

La causalidad física se formaliza en lógica como una condición suficiente. Pero si se trata del cerebro humano, en vez de inferir sin más, como hacen los materialistas, que A es condición suficiente de B, supongamos que la actividad cerebral previa A en la zona adecuada fuese una condición necesaria pero no suficiente para la decisión de mover el dedo, que abreviamos por B. Escribamos con más precisión: si no “antes A”, entonces no “después B”. El experimento Libet sólo dice que hay una precedencia en el tiempo de A sobre B.

Pero en este punto topamos con una validez lógica, válida en todo mundo posible, como decía Leibniz. Si “antes A” es condición necesaria de “después B”, entonces “después B” es condición suficiente de “antes A”.

Se formaliza así: [(-A→ -B)] → [(B→ A)]

Si el coche no tiene gasolina, entonces no anda. Y de ahí se infiere que, si el coche anda, es que tiene gasolina. En el experimento Libet, si entendemos la actividad cerebral previa antes A como condición necesaria de después B, la libertad humana queda intacta, como veremos enseguida.

Cuando no intervienen condiciones necesarias, formalizamos inmediatamente la causalidad como condición suficiente. Estamos ante la familiar causalidad física. En la frase si llueve, el suelo se moja, entendemos que la lluvia es la causa física y la humedad del suelo es el efecto. Y nos parece obvio que el efecto siga en el tiempo a la causa. Primero la causa y luego el efecto.

Pero si intervienen condiciones necesarias, nos llevamos la enorme sorpresa de que la consecuencia (B→ A) de la validez antes mencionada dice que después B es anterior y antes A es posterior. Si mantenemos que la causalidad se formaliza como una condición suficiente, nos asombra que ahora la condicionalización suficiente, y por tanto la causalidad, vaya en dirección opuesta al tiempo.

En el ejemplo teníamos: si el coche anda después, entonces tenía antes gasolina. Nadie se extraña de que sea así. Pero volviendo al experimento Libet, hemos de admitir que, si decido después en el tiempo mover el dedo, por fuerza hubo antes en el tiempo una actividad neuronal en la zona correspondiente del cerebro. Eso es una condición suficiente y por tanto es también una causa. Topamos con una sorprendente causalidad retroactiva. No puede ser causa física, pues va en contra del tiempo. Pero según el experimento Libet, es tan real como si lo fuera.

Nos produce estupor que vaya en dirección contraria al tiempo. Pero lo esencial es que la causalidad se formaliza en lógica como una condición suficiente del tipo si sí, entonces sí. En ella el afirmador es fundamental y decisivo. En vez de concluir con los ilógicos materialistas que el experimento Libet prueba que no somos libres, concluiremos exactamente lo contrario. El experimento Libet prueba precisamente que somos libres. La última palabra la tengo yo, cuando decido mover el dedo. Y justo por eso hubo antes -y en el único tiempo que hay- una cierta actividad neuronal en la zona correspondiente de mi cerebro. La acción humana implica la presencia de condiciones necesarias y por tanto la aparición de esta inesperada causalidad retroactiva. La libertad humana queda a salvo, si la actividad previa en la corteza cerebral es vista de entrada como una condición necesaria en vez de una condición suficiente.

En resumen, la actividad neuronal es la condición necesaria. La decisión libre mover el dedo es la condición suficiente. El conjunto de la condición necesaria más la suficiente es la causa. El dedo movido de hecho es el efecto.

El tiempo entre la causa una vez completada y el efecto nos parece instantáneo. En cambio, el tiempo entre la actividad neuronal y la decisión libre fue detectado y medido por el cronómetro usado en el experimento.

Libet intentó salvar el libre albedrío modificando su primer experimento y dando al sujeto la oportunidad de cancelar su decisión de mover el dedo en el brevísimo tiempo disponible después de haberse detectado la previa actividad neuronal en su cerebro. Si hubiera sabido lógica, se hubiera evitado el trabajo de readaptar su primer experimento para salvar la libertad.

Todo lo anterior puede extenderse a toda conexión entre una decisión humana y su previa incidencia en la corteza cerebral. Los neurocientíficos debieran partir de la base de que toda actividad cerebral es condición necesaria de la correspondiente decisión humana consciente. En cambio, y de modo mostrenco, parten del errado prejuicio de que se trata de una condición suficiente.

El primero en identificar una condición sine qua non fue Paul Broca en el siglo XIX. Si algo falla en la llamada área de Broca, algo falla también en el lenguaje. El capítulo V del libro que comentamos, cuyo autor es Jesús de Garay, está dedicado a Wilder Penfield. Se hizo famoso por identificar otras muchas conexiones entre acciones específicas humanas y zonas igualmente específicas en la corteza cerebral. Pero todas estas conexiones son siempre condiciones necesarias y nunca suficientes.

Si vamos al fondo del asunto, daremos la razón a Platón. El hombre es un compuesto de cuerpo y espíritu. El cuerpo, incluido el cerebro, proporciona condiciones necesarias para que el espíritu actúe. La decisión libre del espíritu -el yo, la persona, la conciencia, el alma, la mente o como queramos decirlo- será siempre la condición suficiente que, asumiendo todas las previas condiciones necesarias, se constituye en causa de las acciones humanas conscientes consideradas como efectos. De ahí las nociones éticas y jurídicas de responsabilidad, imputabilidad, mérito y culpa.

Resumamos todo lo anterior como sigue.

Primer caso. Se trata de la causalidad física. Nos es familiar por ir en la dirección del tiempo. Prescindiendo de las condiciones necesarias, conexiona dos fenómenos de la materia inerte según la validez lógica E→ (C→ E), donde E es el efecto y C la presunta causa. Sólo considera condiciones suficientes.

Segundo caso. Las condiciones necesarias aportan la causalidad retroactiva, Luego entra en juego el complemento de la decisión libre como condición suficiente y sólo entonces se alcanza el efecto. El conjunto constituye la causalidad humana en nuestras acciones conscientes y en los artificios que fabricamos. Construir el super ordenador de la tan deseada inteligencia artificial, será siempre una acción humana consciente y libre. Y ese super-ordenador tendrá siempre una tecla de inicio.

Tercer caso. Estamos ante el instinto de plantas y animales, en que la conjunción de todas las condiciones necesarias se constituye por sí sola en causa o condición suficiente. No entra en juego el complemento de una condición suficiente externa, como en la acción humana voluntaria. Ocurre en la materia viva y en las acciones humanas inconscientes. Llamémosla causalidad instintiva.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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