Ha dicho Aragonès que suspende la mesa de diálogo entre partidos al detectar ”maniobras cortoplacistas" que dificultarían el consenso en torno a una propuesta para celebrar un referéndum. “No habrá fecha si no hay contenidos", ha advertido. Anteriormente ya había pedido un informe sobre un "Acuerdo de Claridad" como en Canadá y organizar un referéndum de autodeterminación pactado con el Estado.
En principio cualquiera que lo viera dijera que claridad es lo contrario de oscuridad, nada más; pero eso no es tan fácil de decir en Canadá cuando se trata del refrendo popular de una propuesta gubernamental de secesión territorial.
En Canadá, vista la pregunta tan contextual (*) y el resultado tan ajustado (49,42% Si - 50,58% No) del referéndum de secesión de Quebec celebrado en 1995 y siguiendo la opinión del Tribunal Supremo, en la Cámara de los Comunes elaboraron la Loi donnant effet à l’exigence de clarté formulée par la Cour suprême du Canada dans son avis sur le renvoi sur la sécession du Québec; por simplificar Loi de Clarification.
La loi de clarification de la clarté prevé un extenso proceso de consulta variado y estructurado: primero, sobre la cuestión de la votación y luego respecto al resultado, con participación de diversos estamentos antes de llegar a una decisión final sobre si una escisión territorial está bien o mal, lo cual supone más un juicio moral que gramatical o de contabilidad.
Una sociedad mercantil, es cierto, se puede disolver; una asociación civil, es verdad, también, pero el estado por naturaleza ¿cómo se va a disolver? no es propio del ser. Enmendar un articulado constitucional es remedar la civilidad, no va más allá, pero sí se enmendase lo que afectase a su misma configuración e incluyese la secesión, eso no sería legislación sino autodestrucción.
La duda que surge ahora desde fuera, no obstante, vista la normativa canadiense reside más en la apreciación de su universalidad o dicho de otra manera su característica democrático garantista, algo que también necesita claridad. En cualquier caso y como cuestión previa a resolver antes de pleitear se nos vuelve a plantear que si al legislar un organismo y negar su propia entidad puede decir luego si el asunto a él encomendado está o no meridianamente claro cuando resulta que tú estas finiquitado.
La ley de aclaración para la claridad del referendo de secesión de Quebec de Canadá tiene un preámbulo donde dice que “la democracia es algo más que tomar decisiones por mayoría simple” y es verdad, pero añade además que “para generar la obligación de negociar la secesión se requeriría que existiese una mayoría clara y que habría de ser mediante una evaluación cualitativa cómo se determinase si existiese o no en unas circunstancias concretas”. No obstante, las leyes de la lógica, que son anteriores a las jurídicas, nos dicen que toda evaluación es cualitativa y toda circunstancia concreta. Además, según el preámbulo también, las negociaciones posteriores se habrían de regir por los principios (volvemos al inicio) del federalismo, la democracia, el constitucionalismo, el estado de derecho y la protección de las minorías.
A esos efectos conviene señalar que en el primer referéndum de secesión en Canadá de 1980 la larga cuestión consecuencial (**) a la que sometieron a los ciudadanos buscaba un mandato para la negociación con el gobierno federal y un ontológicamente imposible acuerdo de a la vez ser y no ser, allí denominado de souveraineté-association, previendo que en caso de victoria hubiera un segundo referendo, cosa que no sucedió.
En resumen, la traslación teórico-refrendaría-secesionista hasta Cataluña desde el Canadá requeriría claridad previamente y eso, como vemos, exige antes unos principios y una lógica elemental.
(*) ¿Acceptez-vous que le Québec devienne souverain, après avoir offert formellement au Canada un nouveau partenariat économique et politique, dans le cadre du projet de loi sur l'avenir du Québec et de l'entente signée le 12 juin 1995?
(**) Le gouvernement du Québec a fait connaître sa proposition d'en arriver, avec le reste du Canada, à une nouvelle entente fondée sur le principe de l'égalité des peuples; cette entente permettrait au Québec d'acquérir le pouvoir exclusif de faire ses lois, de percevoir ses impôts et d'établir ses relations extérieures, ce qui est la souveraineté et, en même temps, de maintenir avec le Canada une association économique comportant l'utilisation de la même monnaie; aucun changement de statut politique résultant de ces négociations ne sera réalisé sans l'accord de la population lors d'un autre référendum; en conséquence, ¿accordez-vous au gouvernement du Québec le mandat de négocier l'entente proposée entre le Québec et le Canada ?