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TRAS LAS ELECCIONES GALLEGAS

domingo 18 de febrero de 2024, 22:09h
Alberto Núñez Feijóo decidió echar un órdago sobre el tapete político de...

Alberto Núñez Feijóo decidió echar un órdago sobre el tapete político de España convocando en Galicia elecciones autonómicas anticipadas. Si hubiera perdido, los barones populares en Madrid habrían exigido su retirada de la presidencia nacional del partido. Pero a pesar de la frenética campaña de Yolanda Díaz Iscariote y de Pedro Sánchez, respaldada por sus alfiles mediáticos en periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales, el líder del PP ha salido de la pirueta gallega, con alguna lesión, pero victorioso. Eso significa que permanecerá al frente de la política liberal conservadora en España. Aparte de alzarse Rueda con la mayoría absoluta, el presidente del Partido Popular ha conseguido el descalabro del PSOE sanchista y el ridículo de Pedro Sánchez.

Robustecido por los resultados gallegos, Feijóo no debe adocenarse, sino aplicarse en viabilizar la única fórmula para hacer saltar a Sánchez de su poltrona monclovita: la moción de censura. Aceptar la permanencia del sanchismo en el poder durante tres años y medio más significaría dañar la estabilidad y la prosperidad de España, asumir la lesión de las libertades, así como el establecimiento de la desigualdad, y asistir a la consolidación de una fórmula de Frente Popular que utilizará todos los medios, incluso los antidemocráticos, para permanecer en el poder.

Alberto Núñez Feijóo necesita los cinco escaños del PNV para triunfar en una moción de censura. También saldría adelante, claro es, con los siete de Junts. Pero tanto unos como otros se muestran a los especialistas como especialmente complicados. Con los cuatro escaños de Podemos y el de Coalición Canaria sumaría Feijóo los 176 que necesita para desalojar a Sánchez de la silla curul de Moncloa. Está claro que Pablo Iglesias, político serio y coherente, jamás respaldará con sus votos a Feijóo. Eso significa que la moción de censura debería presentarse con un candidato a la presidencia del Gobierno, independiente. Por ejemplo, un juez de prestigio, tal vez un sindicalista como Nicolás Redondo Terreros, con un solo punto en el programa: inmediata convocatoria de elecciones generales.

Y a continuación, que sea el pueblo español quien decida en las urnas la opción política que considere más conveniente.