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TRIBUNA

29 de febrero

Marcos Marín Amezcua
jueves 29 de febrero de 2024, 19:54h
Pues hete aquí que una vez más llega el 29 de febrero. Es una fecha, para mí, la más peculiar, extraña, singularísima del calendario gregoriano; es una solución astronómica y, de rebote calendárica, que se coloca como la muestra más sofisticada de la capacidad del hombre para resolver, en pos de cuadrar la lógica y perfección, la presunta anomalía rotativa de la Tierra –Tierra esferoide, no plana, desde luego– girando alrededor del Sol, abordándola cuando se plasma es este amanecer agregado sin perder su cariz infrecuente.

La existencia del 29 de febrero no deja entonces de tener su aquel. No lo aburriré ni lo atosigaré explicando cómo gira la Tierra y qué provoca para que añadamos cada cuatro años al mes más corto esta jornada especial, conformando así un año bisiesto como el que transcurre. Por el contrario, a manera de contemplación, de reflexión dirigida a sopesar como nos pica la búsqueda de cuadratura y suerte de simetría que nos ha conducido a inventárnosla, seamos conscientes de que ahí está y se manifiesta en nuestros anuarios y agendas, a veces como un día remarcado, a veces como si fuera lo que no solo es, una jornada más. Es una jornada particularmente llamativa por su rareza, ya que entraña la artificialidad armónica a la que puede conducirnos nuestra civilización resolviendo desajustes y que me resulta la más heteróclita existente en nuestro calendario. No deja de serme una fecha compleja, estudiada, curiosa, ingeniosa, anómala si se quiere. El 29 de febrero es tan mundano en su artificio, tan único en su haber, nacido en su versión del 29 de febrero moderna con la adopción del calendario gregoriano, a su vez adoptado en 1582 a raíz de los conocimientos astronómicos aportados al papa Gregorio XIII por las observaciones astronómicas mexicas que le dieron a conocer, dice la tradición que describe su adopción corrigiendo, aparte, el desfase de 10 días acumulados hasta entonces por el calendario juliano.

Cuando en su proverbial generosidad El Imparcial de Madrid publique esta entrega, todavía será media tarde en esta América desde la cual le escribo semana a semana, coincidente con esta data tan excepcional y usted, amable lector en el Viejo Mundo, aún podría marcarla haciendo algo suficientemente extraordinario y significativo para recordarla, en espera de la siguiente oportunidad en que se presente de aquí a dentro de un cuatrienio exacto.

El santoral que entiendo solo aparece cada cuatro años correspondiente al 29 de febrero –y es endosado a otras fechas cuando no contamos con tal circunstancia– marca que es día de los santos Rufino, Dositeo, Emma y Antonieta. Y estas semanas previas he visto alrededor de pequeños reportajes y alusiones diversas a su inminente llegada, que se suman al listado San Agrícola de Nevers, San Andrés de Florencia, San Faustiniano de Bolonia, San Víctor, eremita, y el beato Roberto Druny. Pura celebridad que en mi vida había escuchando con inusitada atención. No se bien a bien cómo se resuelve celebrarlos, no si acaso invadiendo las fechas contiguas cuando carecemos del 29 de febrero.

No comparto el criterio extendido de celebrar el cumpleaños de los nacidos en tan específica y extraordinaria data, asaz espaciada, un día antes en años no bisiestos, pues semejante encabezamiento me hace suponer que lo más lógico sería celebrar el feliz acontecimiento una vez pasado, es decir, el 1 de marzo, y no antes de suceder, el 28 de febrero. Sin embargo, confirmo que el criterio más aceptado es proceder a festejar en la jornada previa, o sea, el 28 de febrero.

Luego viene enunciar a personajes nacidos en fecha tan infrecuente. Así, me entero rebuscando personalidades, que el jefe del gobierno español actual, el testereado Pedro Sánchez, nació un 29 de febrero, como Rossini o el celebérrimo arqueólogo mexicano Román Piña Chan que tanto aportó a la ciencia mexicana estudiando las raíces mesoamericanas.

Y al 29 de febrero los arcanos le conceden esa singularidad no compartida con ninguna otra jornada y nos recuerdan que en el año 1692 un 29 de febrero se dictaron las primeras órdenes de aprehensión en contra de mujeres acusadas por brujería, en la afamada Salem, en Massachusetts, Nueva Inglaterra. Y que desde 2008 se conmemora el Día Mundial de las Enfermedades Raras. Se cifran en 7 mil. Casi nada ¿eh?

Este año olímpico es bisiesto y figura el 29 de febrero subrayado, resaltándose en ocasiones en otro color o con firuletes –a veces, destacado en el almanaque– como recordatorio de la capacidad de observación de la Humanidad. Estímelo como un presente calendárico, una oportunidad más, sencilla y sin pretensiones, para hacer algo digno de su visita en loor de superación personal y en mor de ser más empáticos con nuestros congéneres, que nada nos cuesta y merecerá el esfuerzo de vivir tal jornada con un plus. Que sea una ocasión detonadora de nuevos proyectos a emprender y percutora de renovadas sensaciones a buscar, en aras de nuestra elevación personal dotando a tan fecha sin igual de una huella indeleble si lo deseamos. Es una oportunidad de órdago por su excepcionalidad. Congratulémonos en esta ocasión tan sugerente y provocadora, aprovechando para señalarla como lo única y señera que es.

Post scriptum: con una inversión multimillonaria abrió el Torneo Abierto de Tenis de Acapulco, clasificado entre los 25 más importantes del mundo. En otros años lo ha ganado Rafael Nadal. Sí se verifica reconstruyendo sus instalaciones inauguradas apenas unos años antes del terrible huracán Otis que, arrasándolas, destruyera Acapulco de punta a punta el pasado mes de octubre. La respuesta del público o los gestos loables de tenistas de talla mundial como Tsitsipas que anuncian millonarios donativos al puerto, engrandecen a ellos y a la edición misma. Enhorabuena por el querido puerto de Acapulco que apuesta a cuánto está a su alcance para resurgir.

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