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TRIBUNA

¿Tiene sentido la vida?

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
domingo 03 de marzo de 2024, 18:38h

Me refiero a la vida de cada individuo.

Sé que me meto en “camisa de once varas”, que el asunto me viene grande. ¿Y a quien no? Yo lo propongo, humildemente, como un tema, que nos concierne a todos, para debate en una reunión de amiguetes, que están tomando unas cañas. Como hacían los atenienses en el Ágora.

La palabra “sentido” tiene muchas acepciones. Me refiero, aquí, al de “Razón de ser, finalidad o justificación de algo”. Y convendreis conmigo, que solo el enunciado, de esta definición, produce vértigo.

¿Tiene sentido la vida de una hormiga? ¿De un elefante? ¿De un chimpancé? ¿De un neandertal? ¿De un homo sapiens? Quizá lo tenga en cualquier caso, o no lo tenga en ninguno; pero yo quiero referirme aquí, al ser que puede hacerse la pregunta. ¿Qué hago yo aquí? ¿Que voy a hacer con mi vida?

La inmensa mayoría de los individuos no se la hace o la hace tan confusamente, que no tiene efecto ninguno sobre ella. El ser humano, como los mamíferos superiores, nace en el seno de una familia y de una tribu, donde aprende las pautas a seguir para el adiestramiento en cuanto a supervivencia, provisión de alimentos, procreación y convivencia y dedica su vida a optimizar estas opciones.

Pero amigos, el ser humano nace con un don que no tienen los otros animales, con perdón. Puede elegir una actividad distinta o complementaria a ellas o dejar de ocuparse de alguna o de todas.

Y aquí llegamos a la que puede ser contestación a mi pregunta de ¿Tiene sentido la vida? Mi respuesta es: Tiene sentido si tú se lo das. Si sigues un camino original y distinto del patrón mayoritario y común.

Y puede haber opciones:

El señalado por la vocación, ese cruel dedazo, de no se sabe quien, que le hace entregar, dócilmente, toda su vida privada y a supeditarla y hasta a sustituirla por el seguimiento de una idea o la ejecución de una obra.

El que delega esa inquietante y absorbente preocupación de elegir caminos u opciones, en manos de una religión, una idea o un líder, dejándose sectarizar y llegando hasta la inmolación, total o parcial, de la propia personalidad.

El que se levanta, cada día y se entrega, dócilmente a la corriente vital, o el que intenta darle sentido mil veces, a lo largo de su existencia y sale derrotado otras mil.

Los muchísimos que buscan la fama, el prestigio social o la acumulación insaciable de dinero, en afán tan infructuoso, como el de los niños que, en la playa, pretenden llenar de agua un pocito de arena. No digamos los que buscan una satisfacción, a futuro, de la consecución de esos objetivos. Después de la muerte, me refiero.

En cualquier caso, los que se afanan en buscar un sentido a la vida, si no lo tiene, han hecho un pésimo negocio, pues es un trabajo ingente. Además, hay que contar con el ingrediente del azar que nos puede desviar, una y mil veces, del camino elegido.

He reflexionado mucho sobre este tema y tengo mi propia idea y contestación a esa pregunta, que ha ido afirmándose, en mi, a lo largo del tiempo. Yo creo que la vida solo tiene sentido si uno mismo se lo da, sacando lo mejor de

uno mismo en el hallazgo de un camino propio o en el seguimiento, a nuestra satisfacción, del que el azar, contra el que no se puede luchar, nos señale. Y soy consciente de que abro, aquí, un nuevo debate con lo de “mejor de uno mismo”, pero este lo dejo para otra ronda de cañas.

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