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DESDE ULTRAMAR

Para un 8 de marzo, una presidenta de México

Marcos Marín Amezcua
jueves 07 de marzo de 2024, 18:26h

El Día Internacional de la Mujer de 2024 es una ocasión propicia para recordarnos que el 2 de junio habrá elecciones presidenciales en México y dos mujeres son punteras para ganarlas. México tendrá una mujer presidenta. Sí, observa usted bien que escribo presidentA, dejando de lado el consabido debate sobre la idoneidad y corrección lingüística que se reclama para el vocablo, que, a mi juicio hace ya rato que cobró carta de naturalización con la letra “a” final y es de los casos donde no tengo el mínimo inconveniente en utilizarla, porque conlleva una fuerte carga reivindicativa y de visibilidad. De momento, el vocablo no genera nuevo debate en México, pero lo hará.

Otrosí, no menos cierto es que elegir una mujer para ese cargo, contando con la aceptación del suceso entre casi un 70 % de los mexicanos encuestados al efecto, es notable y digno de mencionarse. Esta vez hay un ambiente propicio para su encumbramiento y eso es muy positivo. En esa tesitura, no menos importante resulta ser el hito de que no tengan contrincante varón de temer. Una de las dos, la oficialista Claudia Sheinbaum o la opositora Xóchitl Gálvez será presidenta de México, justo en el bicentenario de la República, que nos recuerda que el infrecuente suceso es multifacético y el significado de tamaña hazaña, poliédrica, sin lugar a dudas.

Colocar, catapultar, a una mujer en la más alta esfera del poder público en México representa no solo un empoderamiento, sino poner el acento en el proceso que propicia que aquel surja y se consolide, más el necesario ingrediente de un plan de trabajo de obligada existencia para alcanzarlo y, sin duda, ánimo propio y ajeno de consolidar el proceso mismo de encumbramiento; y la ocasión, oportunidad dicen que no, pero también lo es, de posicionar la ejecución de obtener una presidenta pensando en el actuar de manera siempre distinta y mejorada en el ámbito público si es con mujeres al frente. Por eso, la mujer siempre contará con mi respaldo en su ascenso político a todo cargo que entrañe la toma de decisiones. Y sí, debemos diferenciar a cada una de las dos, también.

Que ser mujer no es lo único o no por serlo será mejor gobernante solo son variaciones y desviaciones de un mismo tema. Lo importante en estos momentos es que una mujer no sea obstruida en su acceso al poder público de gran calado, como lo es ganar la presidencia de México. Y es lo que se viene, es lo que toca que suceda. No detenernos más en impulsar una mujer gobernante ¡qué ya es hora! y ¡basta! de pretextos fatuos y rubicundos contra ellas, gobernando o para que gobiernen. Conseguir una mujer presidente sí importa y sí es trascendente, pues es destruir impedimentos mentales, sobre todo, de una sociedad que ha sido renuente a tenerla y materializar ese triunfo es muy valioso y digno de elogiarse. Es una gran noticia que una mujer sea presidenta de México.

Y al llegar el Día Internacional de la Mujer –que en México ha evolucionado la conmemoración de regalar rosas a ellas y felicitarlas por serlo a marchas reivindicativas, exigencias con actuantes procederes para garantizar derechos iguales y exigencias y desplegados, junto con una reconcientización de la enorme relación cotidiana entre sexos– este año las encuestas perfilan que se elegirá una mujer presidenta, sí o sí. Estoy cierto que México llega tarde a hacerlo, aun en el ámbito iberoamericano, pero hacerlo será de un impacto brutal en la región. Esperanza mucho que así sea. 2024 nos deja dos contrincantes mujeres que, respaldadas por partidos fuertes, llegarán con el favor del voto popular –los electores al centro, siempre– a la presidencia.

López Obrador se marcha por mandato legal –y no nos convertimos en Cuba como aseguraron sus detractores y deja el mayor índice de inversión extranjera pese a subir el salario mínimo y proponer un incremento de prestaciones, cosa contraria a lo afirmado por sus oponentes– y el panorama político reacciona favorablemente a posicionar a una mujer en su cargo. Es acertado, es bien recibido, un reto mayúsculo doble, por lo demás –por el panorama que enfrentarán, de suyo tan lleno de adversidades y desafíos, y particularmente por las marrullerías de los opositores a López– y adelantando una primavera candente con miras al 2 de junio, si no pasa nada extraordinario, veremos encumbrarse a una mujer en la primera magistratura, tomando posesión del cargo el 1 de octubre siguiente.

Dos mujeres políticamente fuertes evitan la salida facilona, la simulación para facilitar el triunfo a un varón. El único contendiente no pasa del 8 % de los votos y necea, pues el 70 % de los mexicanos desea tener una mujer al frente, sea quien sea que gane los comicios del 2 de junio.

Xóchitl Gálvez es el resultado de 6 años de insultar a López Obrador y seguidores, en vez de construir alternativa viable, responsable desde la oposición, entregándonos a los ciudadanos lo más impresentable, improvisado, vulgar e incapacitado para el cargo que pretende. Es muy grave, porque además de evidenciar a una oposición carente de la capacidad de proponer, la muestra incapaz de enmendar sus carencias y errores manifiestos. Todavía el viernes anterior, Gálvez nos invitaba a votar ¡el 2 de julio! Así. Uno solo puede alacranar las cejas y mirar para otro lado frente a una actora política tan inconsistente y, tristemente, lanzada a abanderar causas perdidas. ¿Cómo votar por ella siendo apoyada por el PRI más putrefacto y rancio? ¿Hay de otro?

Claudia Sheinbaum tiene el triple reto de ser continuidad rectificando desvíos o carencias, de convencernos de querer la superación de esas rectificaciones y de afrontar las consecuencias de ganar. Acartonada, tiene que proponer algo mejor y tangible que no solo sea construir un hipotético y etéreo “segundo piso a la Cuarta Transformación” trazada por su predecesor. Tampoco la tiene fácil.

Es un gran reto por delante para ellas y sí, como mujer posiblemente constatará que le cargan la mano, el triunfo de una mujer no necesariamente podría mejorar las condiciones de la mujer en un país donde mueren a diario entre 10 y 11 mujeres víctimas del crimen y la violencia vicaria y se la podría culpar de no revertir el dato, sin que solo dependiera de ella; y, desde luego, la que gane cargará con el estigma del machismo mexicano, sin embargo, justo por candidatear mujeres con amplias posibilidades de ganar, implicando romper atavismos, alcanzar al mundo que elige mujeres hace décadas e impulsar, visibilizándola, a la mujer mexicana, toda. Quien gane, encabezará a las Fuerzas Armadas y a la burocracia. Y será un hito en la configuración del Estado mexicano. Eso ya es un triunfo total, se mire por dónde se mire.

El 2 de junio los mexicanos nos encontraremos en las urnas a definir el futuro del país. Algo es certero y positivo: quedará en manos de una mujer, cosa que resulta ser inédita y, por lo tanto, sumamente esperanzador y regocijante. Para mí lo es. Nada me alegraría más y me daría más gusto que para usted, también.

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