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TRIBUNA

Entre la soberbia y la mentira

Juan José Vijuesca
miércoles 13 de marzo de 2024, 20:16h

Cuando alguien en público se felicita a sí mismo, haciéndolo además con realce, o es un espíritu errante o un narcisista con aire irrazonable de superioridad. El señor Bolaños dio buena muestra de ello cuando se arrogó del ‘exitoso acuerdo’ sobre la ley de amnistía. “Estamos aprobando una ley que va a ser un referente mundial. Un hito histórico y quiero concluir felicitándome” Dicho y hecho. Se fundió en su propio jugo como pavo en Día de Acción de Gracias. Había nacido Bolaños “Superstar”

El frenesí del narciso hace que la persona se crea todopoderosa, enamorada de sí misma, quizás por una falta de cariño en su entorno o fuera de él. Una característica que les hace creer estar por encima de los demás considerando siempre tener la razón. Sienten tanta pasión por sí mismos que todo se les queda pequeño, nadie les puede enseñar o mostrar nada, pues ya “lo sabían”; es más, su apariencia es de seguridad, pero no hay nadie más inseguro que aquel que se cree poseedor de la verdad. En realidad, lo que les ocurre es que están llenos de soberbia, que como sabemos es la trampa del amor propio.

Llegados a este punto de la prédica entiendo necesario el abandonar la filosofía y centrar el artículo en aspectos más de primera necesidad. Diría que a diferencia de la Ley de amnistía, que solo sirve para favorecer a unos pocos en detrimento del resto, es decir, millones de personas que alimentamos el Estado de Derecho a sabiendas de que existe una Constitución por la que nos regimos, pues no cabe otra que acudir a la legalidad de nuestros actos, derechos y obligaciones como devotos del buen orden y el respeto. Virtudes estas cada vez peor vistas por esos pocos elementos nocivos que habitan en extramuros.

España está cada vez más necesitada de un gobierno dedicado a trabajar para todos y todas de una puñetera vez. Este país necesita un proyecto de futuro, término que puede parecer una palabra gruesa más no por ello exenta de retos firmes. Anclados en la mentira como dogma de fe lo único que nos hace avanzar es a golpe de decretos leyes, subvenciones o entelequias, que no son más que pastillas de caldo para dar sabor al guiso o al voto precocinado.

Pedro Sánchez se ha acomodado en sus diatribas de gama alta y no se aparta del dogma del embuste. Manera de gobernar para él y sus acólitos más serviles uncidos al poder omnívoro por esa jácara de cobrar del bolsillo ajeno para gozo de sus seguidores que aplauden todo tipo de bellaquería sin muestra de rubor o rechazo alguno. Más no crean que por ello enrojecen su cara como si de un sobrevenido sarpullido de rubeola habitara en ellos; nada de eso, no hay sonrojo y por no haber ni siquiera se guardan en disimulos cuando el pueblo les reprocha el dinero que malgastan o regalan a manos llenas o incluso cuando la corrupción irrumpe a destajo en quienes la avaricia casi nunca rompe el saco.

De don Pedro cualquier azar nos acerca a la soberbia que está considerada como uno de los pecados más graves. No en vano quien tiene soberbia tan solo está centrado en su propio ego, no da valor a las opiniones de los demás y se jacta de haber convertido el poder en su juego favorito. Más no finge cuando miente, sino que guarda la verdad como algo inservible en este nuevo orden de las cosas; así pues, quien es soberbio no suele admitir sus errores porque hacerlo le recuerda que no es tan perfecto como pensaba y ello le llevaría a tener que pedir perdón. Imposible en alguien convencido de no equivocarse jamás.

Y llegados a esta área de servicio uno toma resuello de lo expuesto, que no es otra cosa que una breve elegía sobre la soberbia y la mentira. Menos mal que Pedro Sánchez lo ha dejado muy claro: “la ley de la amnistía se basa en el diálogo y el perdón” Falso de todo punto. Siete votos le han servido para tasar el precio de la vergüenza tras una maniobra sencillamente deleznable. Yo que el papa Francisco estaría intranquilo sabiendo que don Pedro –no confundir con el apóstol- se ha convertido al pastoreo de almas usando la palabra y perdonando a los pecadores del proceso soberanista de Cataluña. ¡Próxima parada para don Pedro: “El Vaticano” Estación en curva, tenga cuidado al salir para no introducir el pie entre Falcon y andén!

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