Los datos revelados semanas atrás dicen que México fue visitado por 75 millones de personas en 2023, representado 42 millones los extranjeros. 13.7 % más turistas que en 2022. 21 millones 870 mil visitantes extranjeros arribaron por vía aérea, 6,2 % más que en 2022 y significan un 14 % de incremento en todo el sexenio ya próximo a concluir. Los países que más aportaron turistas recientemente, son Estados Unidos, Canadá y Colombia. Ergo, los golpes como el huracán OTIS no son una buena noticia para esa industria en su conjunto.
La reciente visita de los monarcas suecos, Carlos XVI Gustavo y su distinguida esposa, la reina Silvia, tanto a Ciudad de México como a Uxmal, la portentosa y mística ciudad maya ubicada en Yucatán –metrópoli llamada “La Tres veces edificada”– y que para mí es mucho más atractiva y recomendable, incluso, que Chichén Itzá, a su vez catalogada como una de las 7 maravillas del mundo moderno desde 2007, es un vivo reflejo de una creciente acreditación de un México turístico posicionado acertadamente en el gusto internacional como un destino competitivo para el turismo internacional.
Sabemos bien y es elogiable, que España no se ha bajado del podio entre los primeros lugares en captación de turistas internacionales desde los años noventa. Es un referente exitoso en el ramo. México no cerró fronteras durante el COVID-19 y aunque criticada la medida, este país que también vive del turismo se reposicionó luego de perder posiciones durante el sexenio priista anterior –como tantos otros retrocesos bajo el PRI antes de Peña Nieto y con Peña Nieto– recolocándose entre las potencias turísticas del orbe.
Su oferta es ampliamente reconocida, invita a visitarlo. Sí, hay temas no menores como la seguridad, tal y como recién me lo expresaba una apreciada amiga española de visita por estos pagos, con la cual si se resolviera, México explotaría mucho mejor su potencial en la materia turística. Y ¿dónde estamos parados en turismo, después de la pandemia? Se ha informado que el país captó por tal concepto 30, 809 millones de dólares en 2023 –una cifra histórica– creciendo 10 % en ese año y representando uno de cada 12 pesos del mexicano promedio.
La actividad turística en México significó el 8.5 % del PIB en 2022, beneficiándose de tal 119 ramas económicas y representando el 17 % del consumo interno. Según la OCDE, en México el turismo ya había crecido por arriba del promedio que representó en la economía mundial desde 2017 y considérese que ese 8.5 % que hoy abarca en la economía mexicana contrasta con el 4.1 a nivel mundial y pese a un desplome como la pandemia, México se posicionó como líder turístico en 2021.
Si durante la pademia alcanzó a ocupar el tercer sitio entre los países más visitados, sin olvidarnos de que tantos otros competidores sí cerraron, resulta que siguiendo esa inercia, en 2023 fue el país más visitado de América Latina y pasó de ocupar el lugar 17 que heredó del priiismo putrefacto, al noveno, compitiendo otra vez entre los diez destinos mundiales más visitados. Apúntese que pasó de la posición 40 a la 28 por gasto per capita de los turistas. En la más reciente edición de la siempre exitosa Fitur, el secretario de Turismo mexicano, Miguel Torruco, destacó que España es el quinto emisor de turistas hacia México.
Ahora bien, El Tren Maya posicionará a México, estimándose que sea un detonante del desarrollo para el sureste del país, país que es el sexto del mundo con más sitios declarados patrimonio cultural de la Humanidad –siendo el número uno de América en tal escala– y suma sus Pueblos Mágicos, que ya son 177, un programa de aliento a tales localidades que inspiró al similar en España y en Colombia, revalorando y acreditando sitios a cuyos encanto y conservacion se dota de recursos para apuntalarlos por la singularidad notibilísima que los distingue, afianzando su atractivo turístico, contribuyendo así a preservarlos en la preferencia de los visitantes.
Y todo esto merece contarse porque, tal y como sucede también en España, pareciera disociarse el exitoso rubro turístico de la compleja y trepidante realidad del día con día, con sus tractoradas, marchas, separatismos, tironeos entre políticos a favor o en contra del sanchismo en aquel lado del Charco o del crimen organizado, la ríspida lucha política, los migrantes camino a EE.UU. o los latigazos que propina la naturaleza destruyendo Acapulco en el caso mexicano.
El turismo es una lección acerca de que nuestros desmanes internos no lo amainan y convendría aplacarlos, reencausarlos, resolverlos, precisamente porque ambos países viven en gran dedida de su oferta turística y, por ende, de su imagen. Lo que se dice, es menester adecentar la casa, limpiarla, recomponerla, que tenemos visitas y estamos llamados a ofrecer lo mejor que tenemos, en tanto esta industria “sin chimeneas” (que no necesarimente no contaminante) merece aportar más, pero con planeación, con medida, con implicación ecológica, beneficiando a los más porque el sol sale para todos. Y sí, no me refiero a dar carpetazo, sino a ser conscientes de que nuestra algidez debe tener límites y capacidad resolutiva. Así de sencillo.
El esfuerzo por impulsar el Abierto de Tenis de Acapulco después de OTIS –exitoso en su derrama económica– como antes el de Los Cabos y que ya se viene el eclipse solar el 8 de abril, denominado pomposamente como el Gran Eclipse Mexicano, o ser sede del concurso Miss Universo en septiembre próximo, amén del Mundial de fútbol de 2026 –pese a perder la sede de los Juegos Panamericanos en provecho de Lima y que llegó a insinuar Monterrey– confirman el ingente esfuerzo por propulsar esta industria generosa que debemos de cuidar y nos recuerda su aporte, su trascendencia y su meritoria contribución al desarrollo nacional. Seamos generosos con el turista y valoremos su presencia en todo cuánto nos signifique valioso. Por ello, no caben tranzas, peligros o malos modos. No lo merecen ni nosotros, así como mucho menos México en su conjunto.