Hace años un catedrático de medicina me permitió que estuviera presente durante la autopsia de uno de sus prematuros. Al mismo tiempo en la mesa de mármol contigua otros dos médicos terminaban la autopsia de un anciano.
Una vez concluida esta segunda autopsia rellenaron los huecos que habían dejado las vísceras cortadas para la disección con hojas de periódicos arrugadas. En el vientre del anciano luego introdujeron el cadáver del prematuro.
Como el prematuro había vivido menos de 48 horas y no había sido bautizado los padres consideraron que no había nacido. Por ello se negaron a "cargar" con los gastos del sepelio. Gasto que el hospital se negó también a asumir.
En esa época la reacción paterna era común. Las propias autoridades sanitarias de entonces no hacían figurar en sus estadísticas estas defunciones. Alcanzanndo con ello el país unas cifras "increíbles" en las estadísticas de mortalidad infantil.
A mi amigo estas distinciones oficiales le avergonzaban cuando asistía a los congresos internacionales. Imaginaba la sopresa de un hombre de ciencia posterior (por ejemplo dentro de 3000 años) ante los restos del cadáver de un hombre con un feto en el vientre. Pensaría probablemente , si esta hipótesis se produce, que toda semilla del ser es cuesco de sueños