Con razón, Pedro Sánchez, está más preocupado del ya llamado “caso Gómez” que del caso Koldo. Pues se han desvelado los tejemanejes de su mujer, su evidente tráfico de influencias para favorecer subvenciones del Gobierno al empresario que se inventó una cátedra para ella, además de sus contactos con Air Europa para que la compañía aérea fuera rescatada, entre otras muchas maniobras que pueden calificarse, como poco, de turbias. Ante el escándalo que puede suponer la actuación de su mujer para el propio presidente del Gobierno, Moncloa maniobra a la desesperada para intentar desviar la atención. Y nada mejor que recurrir a la declaración de la renta del novio de Ayuso para que sus tertulianos y los voceros de turno busquen atacar, o al menos comparar, ambos casos para su cínica cortina de humo. Pues no es lo mismo que el Gobierno subvencione a las empresas avaladas por la mujer del presidente con un caso que, de ser ilegal, ocurrió cuando Ayuso ni siquiera conocía a su actual pareja.
También hay evidentes diferencias entre ambos casos. Pedro Sánchez calla, aunque se ha mostrado dispuesto a comparecer en la Comisión de Investigación del el Senado para intentar defender a su mujer. Una defensa que, a buen seguro, se centrará en atacar al PP en lugar de aclarar las andanzas de Begoña Gómez. Mientras, sus ministros, incapaces de aclarar el caso, hablan de “campaña miserable y bulos”. La presidenta de Madrid, sin embargo, ha dedicado buena parte de sus ruedas de Prensa a explicar con pelos y señales la actuación de su novio.
Como ya hemos exigido en esta sección, es imprescindible que Begoña Gómez comparezca en la Comisión de Investigación del Senado para explicar el motivo de sus cartas de recomendación. Ayuso, en cambio, se ha ofrecido para comparecer en la del Congreso, donde no sólo se defenderá. Atacará sin piedad al Gobierno por el caso Koldo y a Sánchez, por el Caso Begoña Gómez. Ni la izquierda ni los nostálgicos del centro pueden comparar ambos casos. Se trata de una trampa urdida desde Moncloa. Unos siguen dócilmente los argumentos trazados por la propaganda gubernamental. Los otros, son, como poco, unos ingenuos con ínfulas de ecuanimidad.