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TOROS

Crónica taurina. Torres de la Alameda: una tarde cuesta arriba

Crónica taurina. Torres de la Alameda: una tarde cuesta arriba
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(Foto: EFE)
domingo 07 de abril de 2024, 10:47h
Actualizado el: 08 de abril de 2024, 09:16h

La plaza de Torres de la Alameda no tiene explicación. Un coso estrenado en 1990 desprovisto de callejón, rodeado por altos muros de cemento, pero sí con cuarenta burladeros también de cemento armado. Uno de los toros de Concha Sierra (2º), Bandolero de nombre con muy prometedora embestida y hechuras armónicas, se estrelló contra la pared y se quedó tieso.

Así las cosas, Manuel Dios le Guarde no tuvo la oportunidad de enfrentarse con su titular con la muleta en la mano. Salió Gitanito (Concha Sierra 2ºbis 9/19), muy astifino, se fue al caballo ejerciendo su libre albedrío sin esperar la puesta en suerte. Observador, complicó la vida a los banderilleros. Pero su genio iba acompañado por la debilidad, desgraciadamente, con lo cual la faena se redujo a las arrancadas y caídas del animal, acompañados siempre por el valor superlativo del diestro. Dios le Guarde se presentó en las cercanías del velamen, haciendo frente a las protestas del animal, insistiendo y alargando demasiado la obra. Pinchó y luego metió el estoque que asomaba por el costado contrario. Tempranito de Lora Sangrán (5º 2/20) salía como un señor: despacio, avistándolo todo. La verdad, fue ésta la característica de todos los ejemplares de esta ganadería: corpulentos, lentos y armados. Y mansos en distintos grados. El castaño regordio, andaba embistiendo con desgana. No le sentó bien el palo, pero los avivadores de Juan Carlos Rey hicieron cierto efecto para que se desperezase. Se desmonteró levantando al respetable de sus asientos. Manuel no pudo con la mansedumbre a pesar de su decisión: el animal gazapón, recortaba las embestidas, buscando el efecto sorpresa. El salmantino sorteó sus malicias y consiguió unos pases al natural. Unos alardes de valiente y otros naturales de trazo sorprendente dada la cualidad del enemigo. La estocada quedó corta y tendida suelta, el descabello más complicado al toro entero que no se descubría. Dos avisos.

Rubén Sanz fue muy esperado por el público. Un torero de vocación, pisó la plaza con una ilusión invencible. Brindó su primer toro a sus compañeros de clase, porque se lo tenía prometido. Cómo y por qué uno queda fuera de los circuitos taurinos es una cuestión todavía por responder. O, a lo mejor, es algo que nadie quiere responder. Y menos el mundo taurino. Gracias a la persistencia de Sanz, hemos visto dos faenas cuajadas de estilo. Con un sello personal inconfundible, a pesar de que pudiera notarse en algún que otro detalle falta de rodaje por los tentaderos y plazas. Malasombra (1º Lora Sangrán 12/19) le desarmó, Rubén se vengó ingeniando unos muletazos de temple y trazo impecable en los medios. El remate de la faena con unos pases redondos que hacían honra a este nombre: enroscaba al toro sin rectificar ni un paso. Un pinchazo y una media. Ovación. El trofeo llegó con el impetuoso Enyoado (4º Guadajira 10/19). La faena brindada a Víctor Hernández, fue una batalla: el toro protestón, no permitía enlazar los muletazos por ninguna mano. El torero se empeña en ensamlabrlos, todo impregnado con su estilo, y, finalmente, llegó esta serie al natural abrochada por un pase de pecho. Con gran estilo y sentido de medida cerró su obra con una estocada entera de buena colocación. Una oreja.

Víctor Hernández abrió la puerta grande. Pianista (3º Guadajira 10:19), un castaño enorme y de mucho velamen, anduvo celoso, repetidor, pero se caía al perseguir el engaño. Embestía con el alma, porque la fuerza no la tenía. Clavó la cornamenta y se dio una voltereta. Entró al quite por tafalleras, cerrado por una vistosa revolera y dio lugar al lucimiento de Marco Prieto que puso los dos pares en el mismo sitio. El animal quedó desganado: se amorcilló en las tablas, cuando, embistió con ahínco casi se llevó por delante al diestro, Hernández aguantó, se armó de nuevo. Esta lucha se resume en dos palabras: la seguridad y el aplomo de Víctor ante el malhumorado mansurrón. La estocada a lo grande. Madrugador (6º Lora Sangrán 12/19) no tenía mejor carácter. Un manso de libro, se fue a caballo varias veces por cobardía. Comenzó la faena aculado en tablas, mas Víctor Hernández no le da tregua y hace unas series íntegras al natural destilando arte de la mansedumbre. Mucho aguante a los parones del bicho y un desplante. Las bernardinas escalofriantes y la salida a hombros.

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