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DESDE ULTRAMAR

Violación de la embajada mexicana en Ecuador

Marcos Marín Amezcua
jueves 11 de abril de 2024, 19:57h

El ultraje y la sorpresiva invasión perpetrada a la embajada de México en Ecuador, coloca al país sudamericano en el banquillo de los acusados por la simple y llana razón de haber violentado una regla elemental del Derecho Internacional como lo es la inviolabilidad de las sedes diplomáticas, con una agresión brutal documentada. Allanar la de México fue la peor y más torpe decisión –seré generoso con los términos– entre las posibles que tenía Ecuador frente a un diferendo, que iban de cercar la legación, pedir extradición, emplazar a México ante tribunales internacionales buscando la entrega de Jorge Glas y otras propias de inteligentes. Nunca fue opción la invasión artera, ilegal a la embajada mexicana. Ha sido importante consultar medios de ambos países, forjando criterio.

Ya se lo dijo López Obrador a Noboa: ni Pinochet se atrevió a tanto y podríamos añadir que el proceder encañonando al jefe de misión Roberto Canseco, solo es propio de los gorilatos que tristemente conocieron ellos y los países hermanos.

Lo acontecido que desembocó en el procedente rompimiento de relaciones diplomáticas decretado por México, ya condujo a Ecuador a comparecer ante la OEA y la Celac, la reprobación de Naciones Unidas, la Unión Europea o la timorata y tardía reacción yanqui y la no menos bragazas de Canadá señalando que hubo una “aparente” violación, más la demanda que interpondrá México a Ecuador ante la Corte Internacional de Justicia, por su actuar sentando un peligrosísimo precedente contra todos los países del mundo colocando a sus representaciones diplomáticas dondequiera en la mira de cualquier tarugo que se crea muy guapo para violarlas y se ponga creativo. Y la cauda de posibles sanciones que le acarreará a Ecuador esta agresión, la no-opción por la que optó.

La invasión de territorio mexicano como lo es de su sede diplomática en Ecuador, no tiene precedentes en la historia diplomática mexicana y ha permitido a Noboa decir que serán traidores a la patria los políticos ecuatorianos que insinúen que México declarará la guerra a Ecuador. Es una idiotez porque en México nadie lo sugiere. Otra cosa es que muchos consideremos un petimetre al mandatario de tal país. Su cobardía está anclada a la complicidad de poderosos para actuar así. Su inexperiencia afloró comprometiendo a su país de manera tan irresponsable.

La verdad es que en México poco qué decir de Ecuador. López Obrador dijo en su conferencia matinal que el año anterior, el asesinato del candidato Villavicencio derrumbó a la candidata puntera de izquierda precipitando el triunfo de Noboa. El comentario aludía no a un interés por Ecuador, sino a que en México cualquier suceso que pudiera aprovechar la prensa opositora podría tirar a su candidata, la izquierdista Sheinbaum, a su vez puntera en las presidenciales de México. A Noboa, frustrado por no tener a Glas –negándose a entregarlo, refugiado desde diciembre en la embajada– le sirvió de pretexto para alegar injerencismo con una visión muy corta usufructuándola con la mira en el referéndum del 21 de abril que, de ganarlo, le posibilitaría extender sus ambiciones presidenciales, tema, sí, interno de Ecuador. Está cantado que tal atrevimiento contó con el aval del Departamento de Estado yanqui, alter ego de su gobierno, aseguran opositores ecuatorianos. Relució gala de impericia y torpeza. Declaró persona non grata a la embajadora mexicana y hasta allí era lo procedente, incluso en los márgenes aceptados. El quid del asunto era el refugio que desde el 17 de diciembre tenía el exvicepresidente Jorge Glas en la embajada, desatendiendo procesos judiciales al tiempo que sus afines y el gobierno mexicano han considerado que obedecían a persecución política más que legal. La judicialización que se denuncia hacia la izquierda desde gobiernos de derecha en la región. De ello, ni pongo ni quito rey. Sin embargo, ya asilado el sujeto, sin salvoconducto del país territorial, pero con la potestad del asilante a definir si cabe y las razones para tal, reventó la cosa.

Y el fondo del asunto se proyecta sobre dos temas: a) El derecho de asilo político y b) La inviolabilidad de las sedes diplomáticas. Y sí, es inexplicable la tardanza de México a extenderle a Glas su calidad de asilado, obtenida antes de ser secuestrado y sustraído. Lo de la inviolabilidad del recinto diplomático queda en otro plano, con la historia ya conocida. Y es una lástima que Ecuador tenga que abandonar la casona situada en un predio exquisito en una zona exclusiva de Ciudad de México. Para que se haga de uno igual, se antoja imposible.

Las distintas declaraciones de los funcionarios ecuatorianos aduciendo defensa de su soberanía para justificar el allanamiento, acusando a México de violar las reglas y cortesías de la hospitalidad del anfitrión y en un calentón de boca espetando que las embajadas no pueden ser refugio de criminales – ¿incluimos así, por elemental reciprocidad diplomática al personal de su embajada en México, representando a un impresentable?– todo lo cual no salva la inaceptable violación del artículo 22 de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas, aduciendo torpemente que caben excepciones, una de ellas al ir tras un criminal. Curiosa postura cuando el pasado 2 de abril el embajador ecuatoriano ante el Consejo de Seguridad, José de la Gasca, condenó la agresión al consulado iraní en Siria, a arguyendo que no cabían excepciones: “El Ecuador condena toda violación que se realice contra misiones y representantes diplomáticas y consulares, así como aquellas en que se atenten contra la seguridad e integridad de las misiones y los representantes de las organizaciones internacionales intergubernamentales y a los funcionarios de dichas organizaciones; y rechaza estos actos de violencia, vengan de donde vengan”. Añadió: “nada justifica este tipo de ataques” y “(Ecuador) reafirma las obligaciones que todos los estados según el Derecho Internacional, tienen de respetar la inmunidad y la inviolabilidad de los locales diplomáticos y consulares”. Calificó el incidente como “grave” y llamó a que “los autores procesados sean llevados ente la Justicia”.

Palabrería, ya se ve, pues 3 días después, el diplomático quedó como un verdadero tonto y su presidente como criminal demostrando lo contrario a su dicho, buscando por todos los medios autoexculparse sin éxito, de tamaño crimen propio. Ecuador justificó en su caso su proceder reprensible contra México clamando excepciones a la inviolabilidad. Inaudito. En cuanto al tema del asilo político al que puede preceder ser refugiado –distinguiendo ambos conceptos, cual corresponde– cuyo eje son los derechos humanos, el Estado asilante no calificará la condición del peticionario, estudiando su procedencia, eso sí, y cupieren las precisiones al clavo ardiente al que se coge el gobierno ecuatoriano ante la ausencia vergonzosa de Noboa dando tan tardíamente la cara, por redes, dejando sola a la ministra Sommerfeld que, extraviada, terminó admitiendo que la orden de invasión se la dio Noboa y equivoca que dar asilo es entrometerse en asuntos internos. No callamos el escandaloso proceder de la mexico-ecuatoriana Mónica Palencia, ministra de Gobierno y encargada del Interior de Ecuador, que coordinó el ataque a la sede diplomática mexicana. En México se sanciona a mexicanos que atacan a México o suman a ello y confío en que sea acreedora a ejemplares.

Pues bien, amén de que la constitución mexicana impulsa el asilo en el derecho humanitario, igual condiciona la extradición desde suelo mexicano, negándola si hay persecución política, como innegablemente es el caso, muy aparte de los delitos cometidos por Glas. Y prevalece el asilo político, política tradicional de México. Un asilo que de someterse a apreciaciones de la legislación local, nulificaría la justa ayuda a exilios como el español republicano o los argentino y chileno setenteros, salvando tantas vidas, incluso de ecuatorianos que marcharon a México en el pasado. Si no prevaleciera y propendiera a ser altamente superior, perdería su razón de ser. ¿Qué tal debe revisarse como pide Ecuador? Sin duda y para casos futuros, de proceder revisarlo. Y para infortunio de Ecuador, la Convención de Caracas advierte que es el estado asilante el que calificara la calidad y circunstancias del asilado, puntualizando:

“Artículo III: No es lícito conceder asilo a personas que al tiempo de solicitarlo se encuentren inculpadas o procesadas en forma ante tribunales ordinarios competentes y por delitos comunes, o estén condenadas por tales delitos y por dichos tribunales, sin haber cumplido las penas respectivas, ni a los desertores de fuerzas de tierra, mar y aire, salvo que los hechos que motivan la solicitud de asilo, cualquiera que sea el caso, revistan claramente carácter político.


Las personas comprendidas en el inciso anterior que de hecho penetraren en un lugar adecuado para servir de asilo deberán ser invitadas a retirarse o, según el caso, entregadas al gobierno local, que no podrá Juzgarlas por delitos políticos anteriores al momento de la entrega.

Artículo IV:Corresponde al Estado asilante la calificación de la naturaleza del delito o de los motivos de la persecución.”

Sí, ahí estribo el meollo de la cuestión. A Ecuador se le va de las manos definir la viabilidad del asilo. Procedía negarle el salvoconducto, mas no invadir la legación, colocándose en un predicamento ante la comunicad internacional, desetimándose así sus argumentos de salvaguardar su soberanía. Eso lo perdió. Ecuador fue el marido golpeador que al serlo, perdió toda razón si es que la tenía. La soledad del abandono de todos al embajador ecuatoriano en la OEA, dijo mucho. Fue patética.

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