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LAS TELEVISIONES PÚBLICAS NOS CUESTAN UN OJO DE LA CARA

jueves 18 de abril de 2024, 14:01h
Es así en toda España, tal vez con alguna aislada excepción. Y cuando el gasto se hace...

Es así en toda España, tal vez con alguna aislada excepción. Y cuando el gasto se hace abrumador, como en Valencia, se suprime el canal autonómico sin que nadie se haga responsable de la gestión demoledora. Me estoy refiriendo a algo que se conoce en toda la profesión. Los canales públicos de tv. se han convertido en una ruina. Sólo satisfacen el ego y la vanidad de los dirigentes de turno, que los aprovechan, además, para la colocación de parientes, amiguetes y paniaguados. La apoteosis del enchufe, en fin.

El caso de RTVE clama al cielo. Mantiene en plantilla a 6.537 personas, cuyos salarios cuestan a los españoles que pagan impuestos una cantidad que se aproxima a los 500 millones de euros. Mediaset abona por su nómina 90 millones. Atresmedia, 170. Las cifras son tozudas y le cantan las cuarenta al Gobierno de Pedro Sánchez. El último presupuesto de Mariano Rajoy en RTVE ascendió a 972 millones, una auténtica desmesura. Pedro Sánchez derrochó 1.193 millones el año pasado, 221 más que el líder popular.

Como los ingresos por publicidad se han eliminado o reducido drásticamente en RTVE, resulta que los gastos de la televisión pública nacional se pagan con los impuestos, casi confiscatorios, que gravan a los españoles. Y para colmo, el tsunami económico descargado por RTVE no se ve respaldado por unas cifras de audiencia compensatorias. Elena Sánchez ha hecho un formidable trabajo y ha recuperado parte del terreno perdido. Aun así, RTVE está lejos del primer puesto que a lo largo de muchos años ocupó.

No se trata de un caso aislado el de las televisiones. Allí donde se produce la gestión pública -sean hospitales, paradores o asociaciones culturales- el gasto se dispara y las contrataciones de personal se multiplican. La empresa pública se traga con voracidad cantidades ingentes de dinero, pero nadie se atreve a poner negro sobre blanco lo que cuesta a los españoles atender tanto despilfarro, que nace, por un lado, de una general incompetencia en la gestión y, por otro lado, de la triste realidad de unos partidos políticos convertidos en agencias de colocación para atender a los enchufados de la clase política, a sus familiares y amiguetes.