Un apuesto actor recita poemas; con los trémulos de Malraux. [No sabía yo que Malraux entre sus múltiples talentos también fuera poeta.]
El tono grandielocuente me causa vergüenza ajena. Cuando la verborrea arrastrando y estirando las palabras entre gigantescos hipos y pachorrudos arrebatos alcanza tal aguacero de lirismo, quisiera desaparecer bajo la mesa.
En la Odisea se dice que en el Olimpo el viento nos estremece y la lluvia nos moja . Sencillamente. También ellos debieron conocer los facundos de la recitación.
En el Níagara Falls los falsos funámbulos ¿no andan en la cuerda floja?
