La confirmación de García Pulido con los toros de Alcurrucén inauguró el ciclo de San Isidro. Una gran entrada. La empresa puso el cartel de no hay billetes aunque hubo sectores por llenar. Una tarde de ganado manso, de distintos matices: algunos permitieron bastante lucimiento y otros se encerraron a la defensiva con pocas opciones. Los toros rehuían las varas y esperaban a los banderilleros. Sólo logró desmontarse João Ferreira y bregó sabiamente Curro Javier.
Afectuoso (1º 10/18) se dejó llevar por la mano contundente de García Pulido: dibujó las mejores con la diestra. Lo llevaba, bajando la mano, doblando la cintura, sin enmendarse. Alargó la obra y la cerró por bernardinas muy ceñidas al morlaco ya peligroso. Una estocada entera. Un aviso. El toro se desplaza de los medios para desplomarse a la vera de los chiqueros. La faena de Bandido (6° 10/19), un colorado mansote, no tuvo relieve y transcurrió entre el tedio y los tendidos ya con menos público.
Morante es un artista. Conformémonos con esto. Poco le quedaba a Rompe-Olas (2º 1/19) para ser devuelto a los chiqueros: Morante se aliviaba sin recato a la hora de matar. Un naufragio sin mar a la vista. Lástima porque fue su mejor faena de la tarde: frente a un enemigo descastado y desganado, Morante lo supo llevar por pases bellos, hinchados de temple y finura. Tamborilero (4° 1/20) no duró mucho: los olés acompañaron los trincherazos, se paró el toro y se acabó la faena. Un bajonazo. Una silba monumental.
Diego Urdiales es un experto. Sabe disimular las estocadas, aunque las hiciera aliviándose, superando al retirado El Juli. Esto sucedió con Amoroso (3° 1/19), pero con Chalino (5° 9/18) no hubo lugar para el disimulo: un golletazo en toda regla. En cuanto a las faenas, pues con su primero, Urdiales se esmeró desde la primera puesta en suerte. Amoroso perseguía el engaño, acudía. Las primeras series salían redondas. Sin embargo, Urdiales con cada serie se mostraba más y más distante alargando el brazo tanto derecho como el izquierdo. Aún así, el toro se asomó para buscarle los alamares. Una vuelta al ruedo por la voluntad del torero. Su segundo, Chalino no dio de sí. El diestro abrevió.