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Borrico

lunes 13 de mayo de 2024, 00:01h

Tres meses antes de morir Santo TOMASO DE AQUINO sufrió una conmoción súbita -«commotus»- que le transformó - « mira mutatione ». Dejó de dictar a su brigada de secretarios [como le he envidiado siempre] su último tratado sobre La Penitencia, de la tercera parte, de su sorprendente y brillante Summa. Explicó que ya no podía dictar una línea más y además añadió:

- «Todo lo que he escrito es paja».

Ramón Gómez de la Serna aseguró que (hace más o menos un siglo) vio un libro, que no compró, en la calle Carretas qu se titulaba « Alfalfa espiritual para los borregos de Cristo ».

Probablemente Tomaso tenía 60 años cuando se le cayó la pluma de la mano. Su propio burro que había transportado al Santo a su último domicilio del Monasterio de Fossanova, reaccionó a su muerte de forma tan rara que solo otro borrico hubiera podido explicármela. Rompió la soga que le ataba al pesebre con alfalfa, salió corriendo y cayó muerto al pie del ataúd que encerraba a Santo Tomaso .

¡Cuántas veces sin comparar lo incomparable he sentido esa desilusión. ¿También la compartió Kafka antes de morir? Esa melancolía se manifesta ¿como el efecto excitante de una droga? ¿Abre la puerta del reino de la lucidez?

¡Qué pena que un borrico no venga a acompañarme en mi último viaje!

Cuando nada «¿lo resuelve todo?».

Fernando Arrabal

Escritor, artista y cineasta

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