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TRIBUNA

El cohete

Juan José Vijuesca
miércoles 22 de mayo de 2024, 16:05h

De toda la vida la conquista del espacio ha sido un quebradero de cabeza. Salir de la Tierra e ir al más allá nos ha fustigado en interés desbordante. Recuerdo siendo niño como la pandilla de inquietos investigadores teníamos la certeza de conseguir hacer volar un cohete de fabricación casera. Un poco de papel de plata sacado de las cajetillas de tabaco, cuatro cerillas haciendo las veces de peana, además de propulsor, junto a una pastilla de clorato de potasio y una pizca de azufre eran los elementos para conseguir el milagro. La cosa resultó fallida, y como cualquier reto malogrado, nos esforzamos en un nuevo intento antes de que nuestros padres nos impusieran un serio arresto domiciliario.

El fallido experimento no creó un deterioro económico para nuestros bolsillos, apenas tocamos a 25 céntimos de peseta por barba. A pesar de todo aquella inversión nos hipotecó a medio plazo, pero todo fuera por colmar nuestras inquietudes astrofísicas. Debo decir que nuestra carrera espacial fue breve, tanto como el segundo intento que también resultó fallido. Lo que sucedió es que para la nueva oportunidad pecamos de osados al pretender enviar a un ser vivo para que estudiase la atmósfera. Una mosca en régimen de últimas voluntades fue la elegida. El cohete después de elevarse haciendo eses cayó envuelto en malos humos y peores consecuencias para la improvisada astronauta. Decir que dicha díptera recibió cristiana sepultura tras ser honrada con los correspondientes honores.

Eran los años cincuenta y España era la que era. Por aquél entonces ni había nacido Pedro Sánchez y los sueños de quienes jugábamos en la calle guardaban estrecha relación con el ingenio de ser felices, ora fabricando cohetes, ora descubriendo el más allá a través de personajes de ficción, aunque los conocimientos fuera de nuestros linderos mundanos estuvieran representados por los maestros, la enciclopedia escolar Álvarez, la figura del sereno, el repartidor de hielo, el cartero o el paragüero “lañaor” que tan pronto arreglaba las varillas del único paraguas que había en casa como igual restañaba las ‘heridas’ de algún puchero o cueceleches. Y todo ello sin Pedro Sánchez.

Y ahora don Pedro nos acaba de decir que este año la economía española no va como una moto, que ahora va como un cohete. Y a este mantra se han sumado varios de sus ministros. De manera irremediable me retrotrae al fallido invento de mi infancia, ya saben, el de enviar una mosca al espacio, mientras que la política que hace el señor Sánchez es a base de utilizar expresiones cargadas de grandilocuencia. Al menos nuestros juegos de infancia estaban representados por sueños cimeros más que por mentiras. Veamos. Esta semana ha tocado regalar humo a diestro y siniestro en un alarde de camuflaje y es que las elecciones europeas están a hoja de calendario, de manera que conviene tirar del fondo de armario para vestir la ocasión y camuflar la adversa situación reinante.

Ahora mismo lo único que está disparado en este país es el cohete de la pobreza. El 8,9 % de la población sufre “carencia material y social severa”. Estamos hablando de más de 4,2 millones de personas en dificultades. Parece no preocupar el mercado laboral en donde este gobierno se ha limitado a engordar de manera artificial las cifras a base de crear empleo público, mientras se adorna el paro con los indefinidos inactivos, los que no trabajan y tampoco cuentas como parados. Y la realidad es que España ostenta el humillante título de liderar el ranking del paro en la Unión Europea con una tasa del 11,7 %, sin olvidar que triplicamos la tasa de desempleo juvenil. La productividad anda en caída libre y cada vez más alejada de los países desarrollados. La inflación se come a las familias en un claro ejercicio de canibalismo existencial, en donde la cesta de la compra se ha convertido en un botiquín de primeros auxilios. Se consume a crédito más a que débito y el billete de 50 euros dura menos que Màxim Huerta como ministro. Pero qué más da. Lo importante es el cohete.

Nuestra pandilla al menos generó sueños reales. Intentamos despegar un cohete que para nuestra pequeña aventura espacial resultó dar muestras de histórico emprendimiento, cosa que don Pedro parece más entregado a la causa de subvencionar votos a rédito electoral, que es tanto como invertir en una mina de fideos o en una fábrica textil de cortinas de humo.

En fin, cosas del espacio sideral, que no de lo terrenal.

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